jueves, 31 de diciembre de 2009

Año nuevo

A escasos momentos de la entrada en un año nuevo, no todo es aparente ilusión y felicidad. Vidas anodinas. Biografías nefastas. Crueldad manifiesta. Falta de sentimientos y emociones. Por desgracia hay seres sumergidos en la rutina. Y acostumbrados a la violencia. Qué quereis que os diga. Dorothy Collins refleja el sentimiento ambiguo de la sociedad actual, donde la muerte ajena se nos sirve a través de los noticiarios, los documentales, el cine, los videojuegos. Ante hechos como el sucedido con Dorothy, la sociedad que la rodea responde anestesiada. Una persona más. Una persona menos. Y el mundo que sigue girando en torno a su mismo eje.


31 de diciembre
23: 30
Temperatura en el exterior: - 7ºC
Pronóstico del tiempo: Continuación de fuertes nevadas en las próximas 24 horas


Localidad: Point of Faith
Población: 57000 habitantes


Año nuevo, vida nueva.

Dorothy Collins tenía 55 años. Era una vagabunda solitaria y alcoholizada. También le pegaba al crack. Sus expectativas de longevidad eran ya muy cortas.
Confinada en el interior de un cajero bancario para resguardarse del frío, su mente estaba adormecida, sin interesarse por la llegada del nuevo año. Acurrucada debajo de una manta vieja y andrajosa, con su botella de coñac medio llena al alcance de su mano cuando le diera por darse la medio vuelta sobre su costado, Dorothy veía su pasado como una pesadilla.


martes, 29 de diciembre de 2009

Muñecos de nieve

Estamos en invierno. La nieve hace su acto de presencia, como debe ser. Es entonces cuando niños y adultos recurren a los juegos invernales. Las batallas a bolazo limpio. Patinar sobre el hielo. Y lo más encantador. Formar muñecos de nieve.
Aunque viendo el perfil de Natalia Tubbs, algo me da que no profesa simpatía hacia ellos...





Natalia Tubbs estaba dispuesta a efectuar su última visita puerta a puerta de la tarde noche. Eran las seis y media y la noche invernal se había adueñado del firmamento. Hacía tres grados bajo cero, y tras tres días seguidos de intensas nevadas, la climatología había moderado su inclemencia por unas horas. Todo estaba cubierto por nieve, y en ciertas zonas, como las aceras y el asfalto, los funcionarios municipales de la localidad habían esparcido sal para retrasar las heladas. También los vecinos habían colaborado de manera mancomunada retirando nieve y abriendo los caminos con el apoyo de las palas.
Natalia Tubbs era una veterana vendedora de enciclopedias a domicilio. Tenía cuarenta y cinco años, y llevaba ejerciendo de comercial desde que abandonase la universidad en su segundo año, es decir, a los veinte años. Tenía una facilidad de palabra y de convencimiento, que pronto se ganó cierta fama como una vendedora rentable y por tanto, cobraba buenas comisiones a fin de mes con las ventas alcanzadas. No paraba en todo el año en recorrer el estado de Nueva York de cabo a rabo. Su transporte, un Honda Civic de los 80, y su descanso, en moteles de carretera de Lunes a Sábado, con horario laboral continuado de nueve de la mañana a seis de la tarde, con los pertinentes descansos para el almuerzo y la comida.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Felices navidades

En primer lugar, desearos unas felices fiestas a mis seguidores de pesadillas.
A partir de ahora, mi deseo es encabezar cada nuevo relato con una pequeña entradilla estilo Stephen King, ja ja.
Esta misma tarde se me ha ocurrido este relato corto, más de intriga, que no de terror, pero ambientado en las fechas festivas en las cuales nos encontramos.
Evidentemente, para el principal protagonista, Nicholas, su celebración por su parte pende de un hilo.
Esperemos que consiga salir del atolladero en que anda metido y que igualmente pueda disfrutar de las navidades en paz y armonía...




Nicholas tenía un ojo negro, el labio superior partido y el resto del cuerpo hecho polvo por la cantidad de patadas que le propinaron. Estaba hecho un verdadero guiñapo. Para sostenerlo de pie delante del usurero al que le debía veinte mil dólares tuvo que valerse de la ayuda de los propios gregarios del villano.
- Vamos a ver, Nicholas - le habló aquella mala bestia, con el cigarro puro entre los labios al estilo gangster. - No pensarás que la paliza que te han dado mis esbirros va a satisfacer la enorme cantidad de dinero que me adeudas.
- Yo... Le juro que si usted me concede más tiempo. Tengo contactos... Si me dejara apostar de nuevo en el canódromo dos o tres noches seguidas...- susurró Nicholas con la lengua atrofiada. Escupió un diente suelto que pendía de las encías.
- Y una leche. El tiempo se te ha acabado.
- Se lo ruego. Tengo mujer y dos hijas pequeñas...
- Ya. Y encima hoy es la víspera de la nochebuena. El espíritu de la navidad impera en todo el mundo, bla, bla, bla.
- Yo.
- ¡Cállate, inútil! Si vuelves a mencionar una sola sílaba más, seré yo mismo quien te remate con un tiro en la sien.

domingo, 27 de diciembre de 2009

El usurpador de mentes

- Fuiste tú. Eres el asesino. El responsable de su muerte - me susurró una voz en el interior de mi cabeza.
Estaba paralizado. Quieto. De pie en la antesala de la entrada a aquel callejón angosto y estrecho sin salida final. Delante de mí estaba aquella persona. Vestía un amplio gabán marrón oscuro de aspecto pulcro y limpio. Parecía casi de estreno. La prenda le cubría hasta las pantorrillas de los pantalones. Sobre su cabeza, una especie de sombrero de ala ancha. Estaba lloviendo. Jarreando con fuerza. No me fijaba en los rasgos de su rostro. No podía fijarme en nada. Estaba inmóvil en cuerpo y espíritu. En palabra y pensamiento.
Aquella entidad me habló de nuevo.
- Sujeta esto. Lo necesitas para justificar tu participación en los hechos. Has matado a una muchacha. Le has abierto la garganta para verter su sangre. Una sangre que yo necesito. Y que me llevo. Ya no me verás más. Eso espero por tu bien. Ellos te juzgarán. Te culparán de mi hazaña. Y no te entenderán. Aborrecerán tu actitud. Te pudrirás en la cárcel por mí. Y eso en el mejor de los casos. Eres mi escudo. Otro tanto de cientos que tengo por el mundo. Gracias a la cantidad, mi existencia sigue vigente.
La figura se apartó de mi campo de visión.
Desapareció de mi vista.
La lluvia me cegaba.

martes, 22 de diciembre de 2009

El fin de una raza

La virtud de Lettisier residía en su capacidad de hacer germinar el fruto del odio entre los suyos. Era una raza agonizante. Sin esperanzas. Sin deseos casi de supervivencia. Desalentada. Decidida a extinguirse de este mundo. Un vasto mundo con muchas zonas aún inexploradas. Regiones donde el hombre estaba por adentrarse en sus corazones virginales. Del mismo modo que se desconocía la presencia de Lettisier y los suyos anidando en algunos de esos sitios remotos.

La ley del más fuerte

La choza tenía una esquina cubierta por el tejado. El resto estaba al descubierto. Afuera el viento azotaba con fuerza, haciendo balacearse los copos gruesos de la nieve en remolinos bruscos y repentinos.
La temperatura registrada era de siete bajo cero. Y bajando. Eran las diez de la noche del mes de diciembre. El día de la fecha no importaba.
Guntar estaba ensimismado en su navaja. Tenía una hoja bien afilada. Las manos protegidas por unos mitones de fitness. Cuando los adquirió en su momento para practicar spinning en un gimnasio, jamás se le ocurrió que iba a utilizarlas en aquellas condiciones.
Agazapado en el rincón más protegido de la vivienda abandonada estaba su compañero, Thomas. Estaba pasando un frío insufrible. Y el dolor del esguince en el tobillo izquierdo no remitía. Extendió la pierna en buen estado para darle un golpe en el codo a Guntar con el pie.
- Haz el favor de avivar el fuego. Está perdiendo fuerza - le dijo, con la capucha echada sobre la cabeza.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Relatos de las segundas oportunidades navideñas.

Un saludo a todos, mis queridos lectores de Escritos de Pesadilla.
Ya estamos en las cercanías de la Navidad. Y por tal motivo, procedo a poner en primer plano de mi blog los relatos más terroríficos e invernales acordes con esta época del año.
Espero que quienes no hayan llegado a conocerlos, se estremezcan por primera vez, y quienes en su momento los hayan leído, puedan volver a recrearse en ellos.
Os deseo unas felices fiestas, y una entrada de año nuevo...
del todo estremecedora.

Encerrado

La voz se le repetía día tras día. Inundada de odio y de resentimiento. Machacona. Cruel. Incesante.
- Sucia criatura.
Los pasos se fueron volviendo menos hábiles con el discurrir del tiempo. De los días. Los meses. Los años. Siempre terminaban arrastrándose ante la puerta cerrada bajo llave.
- Aquí te traigo tu asquerosa cena. No te mereces mejor cosa, criatura sucia y miserable.
Una llave giraba en la tija de la cerradura. La puerta quedaba abierta el mínimo tiempo necesario para que algo fuese depositado sobre el escalón superior, el primero visto desde la parte de arriba. El último atisbado entre penumbras constantes desde abajo. La hoja de la puerta quedaba encajada en el marco y la llave volvía a dejarle encerrado hasta nueva orden. Los pasos reanudaron su arrastre lento y cansino, alejándose poco a poco del otro lado de la puerta.
- Que te aproveche, desgraciado. Ojala que de una vez te atragantes hasta morir. Así descansaré en paz de una vez...

jueves, 17 de diciembre de 2009

No liberes mi alma (vida perdida)

Gotas persistentes y funestas en una noche lóbrega y oscura. Sería un genial comienzo para una novela barata de pesadilla de pulp fiction. Pero para Bernie Lavarez aquello era relativo: le importaba un comino la repercusión mediática del inicio. Lo que le afectaba era que aquel comienzo narrativo implicaba actualmente a su vida. Parte de su destino discurría por aquella carretera rural casi sin asfaltar. Flanqueado por arboledas interminables y de copas altas y tupidas, cubriendo la distancia hasta su nuevo punto de destino en su todoterreno Jumper. Las luces de niebla hacían renacer la VIDA delante del morro de su vehículo.
Bernie tenía sintonizada en la radio una emisora local que no hacía más que emitir música de los cincuenta. Antiguallas como la vida misma de esa región miserable y deprimida, donde la mera presencia de un forastero era considerada aún un peligro proveniente de otro mundo lejano. La Guerra de los Mundos. H.G. Wells, narrado bajo la voz persuasiva y convincente de Orson Wells. Demonio de sitio para ir a vender seguros de vida, de vivienda y de tierras a los lugareños.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Espíritus inmundos (1ª trama)

Kevin Stacey era feliz. Tenía una esposa estupenda y dos hijos maravillosos. Eran la típica familia de clase media americana. Vivían en una barriada donde había de todo, gente obrera, marginada y familias que casi siempre pasaban apuros a finales de mes, que ya era toda una hazaña tal como estaba el país, con el paro en lo alto de la cumbre gracias a los dos mandatos del peor presidente de toda la historia. Kevin y su familia estaban entre los que pasaban apuros para llegar a final de mes, pero aún así su satisfacción era plena. Vivían en un piso de la quinta planta de un edificio de alquiler que pertenecía a un supervisor de origen alemán que tenía en propiedad otras tres edificaciones más a lo largo del barrio. El alquiler era asumible por los dos sueldos que entraban en el hogar. Kevin era vigilante armado de un banco, y su mujer Kelly trabajaba a tiempo parcial de cajera en un supermercado local. Los niños estudiaban en una escuela pública, y de vez en cuando contrataban los servicios de una canguro para pasar los dos un rato junto a solas en el cine o en un restaurante que fuera asumible para su economía de gastos mensuales. Y una vez al año, pues Kevin no podía permitirse unas vacaciones normales, disfrutaban de una semana de asueto en visitas a parques nacionales o de acampada en tienda de campaña con los vecinos del segundo, un matrimonio sin hijos y con el cual guardaban una gran amistad.
Así era Kevin. Así era su familia.

Espíritus inmundos (2ª trama)

- Está dentro - se lo indicó con un gesto de la mano libre. La otra empuñaba una beretta con un silenciador acoplado a su cañón.
- Vale. Entramos a saco y nos lo cargamos - susurró su compañero.
Ambos llevaban protección ligera en los codos y chaleco antibalas kevlar. Uno de los dos se situó frente a la puerta de madera de entrada a la habitación número 23 del motel de carretera “Teodoro´s”. No tendrían testigos que les molestara. Eran pasadas las tres de la madrugada, el resto del motel estaba vacío tras la comprobación pertinente en el registro de la recepción y el dueño estaba criando malvas detrás del mostrador con dos balas en el pecho. Ni siquiera se presentaron ante él. Simplemente entraron por el vestíbulo y se lo cargaron. Lo mismo que iban a hacer ahora con ese desgraciado que le debía veinte de los grandes a su jefe.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Caso resuelto (frío extremo)

15 de diciembre de 2009.
A escasos días de la llegada del invierno, una ola de frío polar convirtió a la minúscula población de Bristick en adoradores pertinaces del consumo desmesurado de electricidad para mantener sus hogares cómodos y la mar de templados.
Duck Mock, el sheriff del pueblo, no era ningún lince en la materia detectivesca. Su propio nombre le traía de cabeza desde que recibió su propio bautizo en la iglesia de los Redentores Moribundos. Literalmente, que te tildaran de ser un "pato" del que todo el mundo pudiera mofarse, era para ponerse de los nervios*. Afortunadamente, los traumas de la infancia quedaron atrás justo en el momento de hacerse con el cargo de la autoridad máxima y única de Bristick. Y aún así, a espaldas de su figura, los ciudadanos de tan noble localidad tendían a menospreciar su labor. A fin de cuentas, era un sitio habitado por ochocientos treinta y cinco almas. Nunca sucedía nada reseñable. Ni jamás iba a acontecer semejante trance.
O así se deseaba, habiendo en cuenta la nulidad del sheriff para siquiera echar al achispado leñador Bob Wyzenski del bar de Larrigan cuando aquel llevaba tres consumiciones seguidas y sin intención de pagarlas.
Así de tranquila y anodina era Bristick con su patético sheriff.
Hasta la llegada de la ola de frío.

martes, 8 de diciembre de 2009

Y se tiró un farol...


I


Nada más verle, Richie se lo señaló con un dedo, gritando de forma alborozada:
- Ese de allí... ¡Ese es DOUG!
Douglas se hizo el loco, gastando una gracia irreverente a un grupo de amigas pertenecientes a un curso inferior al suyo.
- ¡Ehh...! DOUG. ¡Doug! ¡Ven aquí, viejo perro! - masculló Don Salabrio, haciéndole señas.
Doug se fijó en la pareja que iba adherida al novato de turno. Se dejó querer, y un par de minutos después se dejó caer por ahí, arrastrando los pies. Doug era un muchacho casi barbilampiño, de estatura normalita pero repleta de cachas descollantes y de músculos bien labrados. En otras palabras, era un bloque de granito esculpido en el gimnasio de la universidad a base de sentadas de pesas, bicicleta fija, simulador de "jogging" y fármacos dopantes.
Sus ojazos de buey en celo se posaron en la figura retraída del “freshman”1. Lo miró de forma velada. Daba pena. Demasiado prolongado y escuálido como el sarmiento. Hasta se le apreciaba el hueso filtrado a través de la piel como si esta fuese simplemente un impermeable de quita y pon, y lo que hubiera debajo careciese de toda masa muscular. Patético.

domingo, 6 de diciembre de 2009

El rostro de la guerra

... llevaba una eternidad insomne. Apenas gozaba de la vitalidad precisa para mantener la pesadez de la mirada fija en la vigilancia del inactivo frente secesionista; apostado de rodillas en la zanja más saliente de la térrea trinchera, con los prismáticos de visión nocturna prendidos, ocasión tras ocasión, contra las cuencas de las órbitas ojerosas. Los zapadores urdieron la línea desigual de parapeto a lo largo de media milla, justo al amparo zaguero de una minúscula colina devastada por la utilización a mansalva del fuego cruzado de artillería de corto alcance - las prestaciones logísticas no eran muchas -, en plena eclosión reconquistadora por parte de las huestes nacionalistas. En su vertiente norte quedaba emplazado el enclave de Verezda, un simple punto insignificante de vida agropecuaria, compuesto por ocho granjas, unas cuantas tierras cercadas, un recinto de pastizales que hubiera dado grato gusto ver de día unas semanas en retrospectiva, y unas áreas dispersas de cultivo en barbecho.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

En aras de la locura

Localidad: Spring Hill
Estado...: Nueva Jersey
Fecha... ¿acaso importaba?



Donald Rice permutó de canal al comprobar con desazón como la CBS difundía un documental insufrible relacionado con el viaje de placer que realizaba el Primer Ministro británico por la costa Este del país. El televisor de marca alemana "Schoden", obediente cual can cobrador de pura raza, trastocó su pantalla, ofreciendo a continuación un partido de béisbol perteneciente a una de las ligas menores, retransmitido por un canal que carecía de logotipo sobre impresionado en una de las esquinas. Don frunció el ceño en un gesto característico de su repertorio de televidente adicto, aprobándolo. Se rebulló en las blanduras de su sofá de ante. Antes de que pudiera adquirir la postura más cómoda tuvo que levantarse apresuradamente al cerciorarse que el nivel del volumen no respondía proporcionándole el orgasmo de decibelios adecuado para el momento y el carácter del evento que presenciaba. Para saciar esa sed de kilohercios giró por completo el botón del volumen, alzando el sonido hasta que no pudiera dar más de si.

Soliloquio fantasmagórico

..."buenas noches",

osado y trasnochador lector, de insomne tránsito nocturno por la médula espinal emblemática de la recurrida ensoñación onírica que habría de procurarle a usted el oportuno y merecido descanso funcional a la red operativa de interconexiones neuronales, víctimas directas del infatigable desenfreno intelectual al cual son dedicadas por mor de su tangible y voluminoso cerebro de mosquito... Su pasaje en Aerolíneas Pesadillas, un valium.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El extravío de Rufo Ventosino

Capítulo 1. EL RESPALDO FAMILIAR.

...la inconsistencia de su tierna razón se enrevesó al igual que el hilacho de un zurcido desmañado en los cuatro orificios de uno de los botones de su abrigo de invierno. A pesar de que apreciase el apoyo incondicional afectivo y moral que su madre le dispensaba, tomándole con firmeza de la mano derecha mientras recorrían uno de los pasillos correspondientes a la sección docente de la escuela primaria, el muchacho estaba capacitado sensorialmente para entrever a CAMALEÓN en todas partes y en las posturas más inverosímiles posibles:
- encaramado en lo alto de las taquillas
- saciando su sed insaciable de la boca del grifillo de un dispensador de agua
- apoyado de espaldas contra una de las paredes en plan matón, mascando chicle y formando infinidad de globitos sanguinolentos, que relucían al ámbito de la luz racial de los tubos fluorescentes del techo
- y ante todo, custodiando cada una de las entradas a los váteres...

viernes, 27 de noviembre de 2009

La presencia

Mishimara miraba fijamente al enorme baúl de hierro ubicado en el centro del cuarto. Estaba sellado a cal y canto, asegurado para tal efecto con un candado.
Por las juntas de la tapa con el resto del conjunto rezumaba cierto líquido grumoso rojizo. Algunos hilillos se iban desplazando por los costados del baúl, sin alcanzar aún el límite de contacto con el suelo de hormigón.
Mishimara no permanecía distraído. No podía.
La tentación podía surgir en cualquier instante.
Aquel objeto podría servirle de protección momentánea.
Aún así...

jueves, 26 de noviembre de 2009

Calipso actualizada

Se hallaba Federico enfrascado en la ardua y nada gratificante labor de marcado del hierro familiar en las exiguas caderas de las vaquillas y becerros cuando surgió el imprevisto de la estremecedora petición de ayuda por parte de la hermana, aún en fechas de cumplir la mayoría de edad. La chiquilla se abalanzó de pecho sobre la cerca, oprimiendo la madera rústica y maltratada del listón superior con tanto exceso, que más de una de sus uñas quedó mellada.
Esa mañana, de infausta remembranza para ellos dos, nació con el atributo canicular del sofocante estío. Apenas cabía respirar con suficiencia si acaso se realizaba un esfuerzo físico de lo más generoso, tal como era haberse recorrido una media milla larga de distancia desde la casona colonial donde residían con su padre hasta el recinto acotado donde se guardaba el ganado. El camino recorrido era pedegroso, más propio de transitarlo montado a caballo o en carreta, que a pie y a ritmo de caminata lo más apremiante posible, razón por la cual la azarosa presencia física de Fidelita estuviese rociadita del sudor por la trotina, con las vestiduras camperas destempladas y moteadas de círculos de acuosa transpiración axilar y pectoral.

jueves, 12 de noviembre de 2009

La excesiva atención del sr. Stern dispensada a la tv

El sonido altisonante emergente del "Black Trinitron" invadía los sesenta metros cuadrados de los que constaba el sólido y asentado apartamento arrendado por los Sterns.
Randolph Stern, un hombre de aptitudes solemnemente deportivas, aún a pesar de la acumulación perenne de carnes superfluas replegadas gustosamente en torno del dilatado vientre, hallábase hundido en el mullido butacón de piel de saco sintético con una escudilla plateada atiborrada de pepitas chocolateadas "M&M´s" sobre el regazo notorio además de dos respetables botellones de tres cuartos de litro de cerveza translúcida "Lite" jalonando las zapatillas afelpadas albergadoras de sus pies enormes y deformes por el uso inadecuado y continuado de calzado deportivo de treinta dólares.
El señor Stern estaba ataviado de forma del todo informal permaneciendo en paños menores, con una camiseta sonrosada de algodón y de poliéster en una proporción textil del 67 y del 33 por ciento respectivamente, calzoncillos estilo "bóxer" (plenamente famosos desde que Mike Tyson cometiera ese desliz con la Miss América Negra), y calcetines de lana de reciente vigencia en la liga menor de béisbol de la zona Norte de Manhattan, en su caso correspondientes al equipo local de los Drifters de Newport, equipo regido bajo su dirección técnica a mediados de los años setenta.
Ensimismado bajo la influencia hipnótica de la pantalla parpadeante de su aparato de televisión, el señor Stern no estaba para otra cosa que para asistir desde la distancia del hogar al devenir victorioso de los "Yankees". El equipo neoyorquino estaba venciendo y convenciendo en la cuarta entrada por el global de cinco carreras a una a los "Braves" de Atlanta.
- Seguid así, hijitos...- les respaldaba con su recia voz, sorbiendo una gélida cascada de cerveza directamente del gollete.
Las voces de los comentaristas del evento deportivo elevados a la quinta potencia.

"- HOY LOS HIJOS DEPORTIVOS DE TED TURNER PARECEN ESTAR DE LUTO RIGUROSO. LES FALLAN LAS FUERZAS A LA HORA DE IMPRIMIR A LA PELOTA LA DIRECCIÓN ADECUADA."


"- EN EFECTO, TOM. SE LES NOTA AGARROTADOS. ES LO QUE YO DENOMINO COMO "EL CANSANCIO DE LOS BÍCEPS"; ES UNA SENSACIÓN DESAGRADABLE, QUE TE HACE SENTIRTE IMPOTENTE, COMO SI TE HUBIERAS PASADO LA MAÑANA ENTERA CARGANDO Y DESCARGANDO EL MOBILIARIO DE UNA FLOTA ENTERA DE CAMIONES DE MUDANZA. NO ESTAN MENTALMENTE EN EL PARTIDO, Y AUNQUE AÚN RESTEN LAS ENTRADAS SUFICIENTES COMO PARA INTENTAR ARREGLAR ESTE TERRIBLE DESAGUISADO, NO SE ATISBA LA REACCIÓN QUE TODO EQUIPO DE TENDENCIA GANADORA HA DE TENER PARA PODER SACAR UN ENCUENTRO DE TAL ENVERGADURA HACIA DELANTE, EN BENEFICIO DE SUS INTERESES."

Enfrascado como estaba el señor Stern, no percibía el trajinar de su esposa en la cocina.
- Randolph... Te tengo dicho que no apagues los cigarros en la taza del café. Tendrías que extremar de una vez tus dichosos modales en la mesa - le llegó la voz ajetreada de la señora Stern.
El señor Stern se arrascó las zonas nobles, retorciendo ligeramente el pescuezo en dirección a la jamba de la cocina.
- ¿Qué has dicho, Marge? No te he entendido ni papa.
- Los cigarros. Que no los apagues en la taza del café.
El partido iba in crescendo en interés. El señor Stern aumentó ligeramente más el volumen del televisor.

"- LA CURVA ADQUIRIDA POR LA PELOTA LE HA INSINUADO A ROBERTO LARRAÍNZAR QUE QUEDARÍA A MEDIA ALTURA, PERO COMO SE APRECIA EN LA REPETICIÓN A CÁMARA ULTRA LENTA, LA PELOTA LE HA LLEGADO CASI MUERTA, FLOTANTE, Y PARA CUANDO SE HABÍA SITUADO DE FORMA ADECUADA PARA EFECTUAR EL GOLPE, YA HABÍA BATEADO A DESTIEMPO..."


"- ESTÁS EN LO CIERTO, TOM. BOBBY LARRAÍNZAR HA ESTADO MUY CÁNDIDO EN LOS TRES LANZAMIENTOS. AQUÍ SE HA VISTO LA EXCESIVA JUVENTUD DEL BATEADOR. HA PECADO DE PARDILLO. Y LO MALO ES QUE SI NO SE CENTRA Y CONTROLA SUS NERVIOS, LE PRECONIZO UN FUTURO NADA HALAGÜEÑO EN LAS LIGAS MAYORES. Y SERÍA UNA LÁSTIMA QUE UN JUGADOR DE TANTA PROYECCIÓN QUEDASE EN NADA."


- ¿Me oyes, Randolph?
- Sí, Marge...
"Ya apagaré los malditos cigarros puros en otra parte...
- ¡Randolph! NI SE TE OCURRA.
- Marge, estoy viendo el partido...
- Los ceniceros fueron concebidos para una determinada misión, y por si se te ha olvidado, ésta consiste en sofocar los insidiosos cigarros que te fumas a la hora de cenar. Y todavía ni has sido capaz de estrenar ni uno de los tres que te compré en la tienda de Tania Berkinson.
- Marge. Disculpa, pero es que estoy viviendo el partido de béisbol MÁS IMPORTANTE de la temporada regular... No te puedo escuchar. El sonido ambiental del estadio es tan endemoniadamente fuerte, atronador, SALVAJE.
Hizo subir el volumen del aparato una porrada de decibelios más.

"- ¡FANTÁSTICO! EL "HIT" DE RIVAS ACABA DE MANDAR LA PELOTA AL ESPACIO EXTERIOR. A PARTIR DE ESTA FECHA SE PUEDE AFIRMAR QUE LA TIERRA DISPONE DE UN SEGUNDO SATÉLITE: EL SATÉLITE "FREDDY RIVAS"."

- ¡AH-JA-AH! - bramó el buen hombre, desbordante de adrenalina vikinga.
- No hay quien te haga cambiar ninguno de tus malos hábitos, Randolph Stern - farfulló la señora Stern, desabrida.
El partido continuó, y Marge terminó de fregar la vajilla apilada dentro de un barreño metálico.
Entonces se reprodujo el sonido frenético del timbre de la puerta.
El señor Stern fue incapaz de oírlo, pero sí en cambio la señora Stern.
- Ya abro yo. Ya abro yo... COMO SIEMPRE - masculló con voz agria la mujer, dirigiéndose por el recibidor hacia la puerta principal.
El señor Stern vibró con un "home-run" de los "Yankees", haciendo estremecerse el piso de tarima flotante del suelo al rebullirse descontroladamente entre los brazos desgastados del butacón.
Las ondas expansivas del seísmo artificial hicieron de vibrar al resto del mobiliario de la sala.
- Vales tu peso en oro de ley, Ricky Álvarez... Vaya si lo vales.
La señora Stern gruñó al oír el estrépito procedente de la sala (muy pronto la propia naturaleza delegará las funciones de la Falla de San Andrés en mi propio marido), y sin mayor dilación, abrió la puerta, olvidándose de haber mirado previamente por la mirilla de seguridad.
Por el hueco dejado por la puerta media abierta - apenas una ranura de treinta centímetros - se deslizó hacia el interior del apartamento una ráfaga de aire cortante y acto seguido una cabeza encapuchada se interpuso entre el quicio y la hoja de la puerta,
Los ojos ovalados con un iris azul púrpura se situaron a la altura de los ojos de la señora Stern, y el aliento fétido del fumador compulsivo del hombre la envolvió como si fuese una nube de humo.
La boca recortada en la lana del pasamontañas negro mostró la fila superior de la dentadura, y sorbiendo las encías, la punta de la lengua color salmón.
Nada más apreciar esa cabeza camuflada de negro, quiso gritar.
- Silencio, vieja puta...- graznó el asaltante.
La figura enorme y robusta se coló impunemente por la ranura reseñada.
La señora Stern estaba muda por la impresión.
Tensando una cuerda adherente de nylon, se echó encima de la frágil señora; se la hizo ceñir alrededor del cuello, aplastándola con su cuerpo contra la pared, cerrando la puerta de una patada.
- Muere, puerca... MUERE.
Anudó la cuerda por detrás de la nuca de la mujer mayor y apretó de lo lindo.
Concentrado en su quehacer.
Decidido en sustraer la débil vitalidad de ese rostro comprimido por la desazón y el ahogo.
La vista de la señora Stern se perdía en el techo.
Sus brazos cayeron a ambos lados de sus costados.
El encapuchado apretó de firme, rayando en el sadismo.
El hálito de la mujer se resecó en el aire.
Escuchó un crujido óseo, y dejó de estrangularla con la cuerda.
La señora Stern se desplomó quedamente sobre el suelo como un enorme fardo de avena depositado sobre un lecho de paja, con el rostro amoratado y sin vida.
El encapuchado la miró, impasible, ligeramente más apaciguado una vez eliminado uno de los estorbos de la vivienda.
Entonces le llegó la voz ronca de un hombre.
Un compendio de vocablos medio difuminados al vadear el riachuelo de los sonidos altisonantes que balbuceaba un televisor de importación tailandesa:
- Marge, tráeme otra bolsita de "M&M´s".
"Que se me han acabado los "suministros".


El señor Stern advirtió la llegada silenciosa de Marge con la bolsita de chocolatinas. Extendió de manera amorosa la mano derecha, sin apartar la vista de la pantalla.
La bolsita de "M&M´s" le fue entregada y la estrujó entre los dedos. La rasgó a continuación, y sin más preámbulos, vertió su contenido en la escudilla.
- Gracias, Marge. Ya puedes retirarte y seguir con lo tuyo.
- ¿Qué tal van tus existencias de cervezas? - se interesó Marge con voz relamida.
El sonido ambiental del estadio era estruendoso a más no poder.
- ¿Las cervezas? Muy bien. Aún me queda una botella.
- ¿Qué tal van los "Yankees"?
- Pero si nunca te ha gustado el béisbol...
Para cuando el señor Stern había reparado en la siseante voz masculina, la cuerda ya estaba enrollada de la forma más conveniente alrededor de su enorme papada.
El enmascarado apretó con ganas de devorar vidas ajenas.
- agggg...
El señor Stern se quiso incorporar, y de hecho pataleó al principio. La escudilla con las chocolatinas derrapó desde su regazo al suelo, y las dos botellas de cerveza se desparramaron sobre la alfombra oriental, con la botella llena vertiendo todo su contenido.
- Estese tranquilito, amigo...- le susurró el enmascarado al oído.
La resistencia pertinaz del señor Stern fue decreciendo muy a su pesar, así como su rostro opulento fue adquiriendo unos tonos oscuros similares al azul de la visera de los "Yankees".
- Quedan dos entradas, y los "Yankees" ya vencen por doce carreras a tres - le informó el intruso al señor Stern.
"Es virtualmente imposible que pierdan el partido.
"Imposible, le digo...
"Es tan improbable que pierdan, como que usted siga con expectativas de vida de aquí en adelante. Y si en lo deportivo soy un mero aficionado, en lo segundo puedo afirmarle (sin miedo a equivocarme), que soy un experto en la materia.


"¿Me oye, señor?
"me oye...
"señor...

lunes, 9 de noviembre de 2009

La elección correcta

Era un pequeño polígono industrial que llevaba cerrado desde hacía diez años. En un período de crisis económico a nivel nacional, la mayoría de las empresas decidieron cerrar, y las pocas que resultaban rentables, por el abandono y la lejanía del lugar, decidieron trasladarse a otros núcleos industriales de mayor relieve. Así que cuando el enigmático señor Torre me citó a la una de la madrugada en las inmediaciones de la entrada de una de las naves más pequeñas y peor conservadas del polígono, una extraña sensación de desconfianza me fue acompañando durante todo el trayecto en taxi hasta la llegada definitiva a aquel lugar alejado y abandonado. Nada más pagar al chófer de origen iraní y bajarme del vehículo, vi la alargada limusina del señor Torre. La iluminación del polígono era inexistente, con todas las feas farolas evidentemente apagadas por el nulo uso del conjunto de naves y fábricas allí aún cimentadas hasta la fecha futura de su derribo, y con la simpleza del halo de los focos del taxi y el propio de la luna llena pude apreciar el brillo de su carrocería negra. Todos los cristales de las ventanillas eran ahumados, donde quien estuviera dentro podría observarme sin pudor a la vez que impedía que yo hiciera lo propio llevado por la curiosidad.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Una música demasiado alta


Eran pasadas las once de la noche. Cris Bolton acababa de llegar del fin de su turno como conductor de la línea 19 del metro. Estaba cansado y con ganas de meterse en la cama. Se preparó una frugal y tardía cena con un sándwich de crema de cacahuete, un batido de vainilla y una porción de tarta de arándanos. Justo cuando terminó de cenar, se dispuso a lavar los escasos platos antes de ponerse el pijama. En ese instante notó las pisadas de alguien que subía el tramo de escaleras de la quinta planta donde él residía. Curioso como era por naturaleza, se acercó a la mirilla de la puerta de entrada para averiguar quién podía estar recorriendo las escaleras a esas horas de la noche. No tardó en ver pasar deprisa por delante del cristal la figura de un melenudo de unos treinta años, flaco y desarreglado con muchas pintas de ser un drogadicto dispuesto a comprar su dosis diaria. Terminó de recorrer el rellano para seguir subiendo por el siguiente tramo de escaleras.

martes, 20 de octubre de 2009

Sleepy, el Zombi

Sleepy tenía una sensación de hambre algo extraña. Nunca se había imaginado que al morir uno pudiera seguir teniendo ganas de comer. No vio el túnel con la luz al fondo. Según le dijo una voz muy temperamental, le correspondía el purgatorio antes de poder llegar a recorrerlo en su totalidad. Así que allí estaba, en medio de las tumbas del cementerio del pueblo. Las tablas de la tapa de su ataúd cedieron relativamente ante el impulso de las uñas largas de sus manos, y tras un rato de escarbar en la tierra que le cubría, pudo salir al exterior y contemplar el camposanto bajo el halo lúgubre de la luna en cuarto creciente, con el cielo despejado de nubes y perlado de estrellas lejanas.

viernes, 16 de octubre de 2009

Menuda picadura de mosquito

Fue terrible. Estaba sentado en el parque con la espalda apoyada contra la corteza del tronco de un roble, dispuesto a darle un mordisco a su emparedado de salami, cuando un molesto mosquito de abdomen alargado y alas finas se aposentó en su brazo derecho. Antes de que tuviera tiempo de poder reaccionar, la trompa del insecto perforó su piel con la suficiente rapidez como para succionarle su ración diaria de sangre humana.
Tom soltó un grito de mala uva. Espantó al mosquito con la otra mano, dejando escapar el sándwich sobre las briznas de hierba del suelo. Demonio. Le había dado un buen picotazo. A los pocos segundos le picaba tanto que no tuvo más remedio que aliviarse rascándose la zona afectada con las uñas.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Despedida de soltero a lo bestia

El suceso devastador y grotesco duró menos de tres minutos.
Elevemos las oraciones al Cielo por la corta duración del mismo.
El caso era que Antoine Collete iba a casarse dentro de quince días con su querida y coquetona Susanne Omelette, y como era preceptivo en estos casos, los amigos del muchacho decidieron organizarle una despedida de soltero a lo grande. La fiesta fue un exitazo. Comieron como fieras y bebieron como orangutanes sedientos. La hecatombe llegó cuando, ebrios a más no poder, condujeron a Antoine al zoológico municipal.

lunes, 12 de octubre de 2009

Nunca pases por debajo de una escalera

Code Dumars era un hombre de cuarenta años sumamente delgado y enclenque. Era conocido en el East Side de Manchuria City como don Espagueti. O Mister Fideo. En ocasiones como Esqueleto Andante. Vamos, que el señor era tan famosillo casi al mismo nivel del alcalde. Y Code comía de manera sana sus verduritas, su pescado y su carne, amén de pasta italiana, pero no había modo de que midiendo metro setenta pudiera pesar más de cuarenta y dos kilos.
Hasta que un día se le antojó cruzar por debajo de una escalera.

miércoles, 7 de octubre de 2009

El videojuego

Prefería la escopeta para disparar de cerca, aunque la beretta era mucho más cómoda de llevar.
Avanzaba por un pasillo sin fin. A oscuras. Continuar por las ramificaciones de aquella institución escolar abandonada requería el uso de la visión nocturna. El silencio era insano. Los pasos de sus botas militares eran lo único que quedaba registrado en su sensor de movimiento.
De repente, sin saber cómo, una de aquellas criaturas diabólicas emergió de una pared.

Un artista muy querido

Esto que les cuento es una sencilla anécdota que me sucedió cuando fui a reservar una habitación en un hotel de una ciudad muy cosmopolita. Me hallaba ante el mostrador de recepción facilitando mis datos al empleado de la misma, cuando hube de interrumpirme al vislumbrar una continua llegada de damas de muy buen ver cercanas a la treintena de edad.
- Perdone mi distracción, muchacho. La presencia de estas damas es muy perturbadora - me disculpé ante el recepcionista.
Desde luego que lo era. Con lo bellas que eran todas ellas, al mismo tiempo les caracterizaba un único fallo; todas eran tuertas de un ojo porque portaban un parche muy hermoso, ora en el ojo izquierdo, ora en el ojo derecho.

jueves, 1 de octubre de 2009

Almas en pena

Ferrero y Tobías estaban ocultos debajo del puente ferroviario. Estaban ateridos de frío. Hacía dos grados bajo cero y la noche anterior había caído una nevada copiosa. Sus vestimentas eran andrajosas y demasiadas livianas como para poder soportar las temperaturas gélidas de esa mañana invernal.
- Este frío criminal va a matarnos, Tobías - lloriqueaba Ferrero golpeándose los costados con los brazos para entrar de algún modo en calor.
- Necesitamos algo que nos caliente - murmuró su compañero con los ojos entrecerrados. Salió de debajo del puente y hundiéndose en la nieve, se fue alejando en la distancia. Ferrero permaneció en el refugio, echándose entre cajas de cartones para aislarse en la medida que fuese posible del frío. Estaba sumamente debilitado por la falta de alimento. No podía acompañar a Tobías. Sería más un estorbo que una ayuda. Y así fue cerrando los párpados hasta quedarse medio dormido.

martes, 29 de septiembre de 2009

El juego de los tres vasos

La mesa era de tablas de madera rústica sin barniz de ningún tipo que adecentara mínimamente su superficie. Sobre la mesa estaban los tres vasos de cerámica. En frente de ellos, el garbanzo.
Pujalte estaba sentado en contra de su voluntad sobre un taburete de patas cortas sumamente incómodo. A su lado estaba uno de los sicarios apuntándole con el cañón de una pistola semiautomática.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Guerra de Sangre

Peter Wicks estaba dando su paseo nocturno de las diez de la noche antes de regresar a casa para dormir. Ya había cenado en un local de comida rápida justo después de haber finalizado su turno de tarde de doce horas como guarda en un edificio en ruinas. Le encantaba estirar las piernas después de haber comido. Lo hacía de forma parsimoniosa, pues al ser un solterón de cuarenta y cinco años nadie aguardaba su regreso a casa para reprocharle su tardanza. Hacía un poco de frío y soplaba un viento del norte molesto. Oteó el cielo, vislumbrando unas cuantas nubes apelmazadas entre si que pronosticaban la cercanía de la lluvia. Así que en un determinado momento aceleró el ritmo impuesto a sus piernas. No llevaba puesto ningún impermeable ni tampoco disponía de un paraguas. No era cosa de arriesgar a mojarse más de lo necesario.

domingo, 30 de agosto de 2009

Héroe efímero

Estacionó el coche a una manzana de la casa residencial de tejado de teja de pizarra y de una sola planta baja con el correspondiente sótano. Abrió la tapa de la guantera y recogió la beretta con silenciador incorporado. Hacía calor. Pleno mes de agosto. Las moscas se colaban por la ventanilla bajada del conductor. Aún así se colocó el chaleco antibalas de kevlar. Encima del mismo la chaqueta del traje que en su número de talla no concordaba con la del pantalón. Era un número superior. Más amplitud para disimular el uso de la prenda defensiva. Respiró hondo, levantó el cristal de la ventanilla, salió del vehículo y cerró la puerta sin colocar el seguro ni insertar la llave en la cerradura. Dio la vuelta y se aseguró que el resto de las puertas estaban abiertas. Las necesitaba así. Cabía la posibilidad de que las cosas no salieran tan fáciles como pudiera preverse en principio.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Katia

En uno de los meandros del río había una pequeña isla de arena blanquecina. El caudal solía ser muy escaso, por tanto se podía llegar hasta ella simplemente andando con el uso de unas botas de trekking. Dejó el coche aparcado y realizó el recorrido estimado en veinte minutos hasta llegar al lugar indicado. En la isleta no había nada. Era como una duna pero muy compacta, y como era una zona donde la erosión del viento no causaba grandes estragos y la propia corriente del río era muy suave, los contornos de la isla apenas variaba con el paso de los meses.
Ubicó su figura justo en el centro. Allí era donde se notaba la presencia. Era muy poderosa. Influía en su capacidad de concentración. Cerró con fuerza los párpados de los ojos y dejó caer sendos brazos al lado de los costados. Los relajó. No quería sentirlos.

viernes, 14 de agosto de 2009

Reglas rotas

Se supone que siempre se impone la tregua en un camposanto. El odio acérrimo entre dos familias rivales puede llegar a ser ilimitado en cualquier rincón de la ciudad. La vendetta continua ocupa su sitio en franjas horarias indeterminadas. Pero un cementerio es inviolable. Y más cuando el motivo del mismo era el trágico fallecimiento de uno de los miembros más jóvenes del clan. Se llamaba Marcelo. Tenía diez años.

lunes, 29 de junio de 2009

La inocencia de una piñata

Aquella gente me quería mucho. Demasiado, diría yo. Nada más adoptarme, me dieron de comer multitud de dulces sin parar. Me encantaban los caramelos, las piruletas, las gominolas, los chicles, los pastelitos y la fruta escarchada, pero llegó un momento en que no pude comer más. Estaba atiborrada. La panza resaltaba cosa mala. Había engordado un montón en un tiempo récord. En fin, con la digestión y una buena siesta, me imaginé que todo bajaría.
Estaba equivocado. Las mismas personas que me cebaron a base de bien, ahora me querían maltratar.

viernes, 12 de junio de 2009

Un robot dulce y cariñoso

El científico loco estaba orgulloso de su nueva creación. Llamó con prisas a su ayudante, un muchacho sin estudios y bastante zopenco.
- Solete, llama a la prensa. Tenemos que presentar esta obra maestra lo antes posible ante el gran público - le urgió.
- Como diga, profesor.
- Dígales que la rueda de prensa será en el pabellón deportivo de la universidad.
- Así se hará, profesor.
La hora escogida fue las cinco de la tarde. Desde el estrado del pabellón deportivo y ante tres periodistas locales, el eminente científico hizo las galas de presentar a su nueva obra.

jueves, 4 de junio de 2009

Volver a ser primera portada de un periódico

Era época de crisis. La situación laboral afectaba a buena parte de la población. Los salarios se congelaron. Los expedientes de regulación de empleo estaban a la orden del día. Ya no se contrataba de manera indefinida a nadie. Como mucho por meses. La incertidumbre rondaba los pensamientos de muchos, tornándose en preocupaciones que luego quedaban reflejados en el rendimiento posterior dentro del trabajo. Las propias empresas exigían cada vez más dedicación y esfuerzo personal, con el aliciente que si no se era lo suficientemente rentable, la puerta estaba abierta y al otro lado aguardaban en fila un número indeterminado de futuros candidatos a la usurpación del puesto laboral.

viernes, 29 de mayo de 2009

Petición de aumento de sueldo

Andrew Bullock era un necio y un inútil, pero que intentaran tomarle el pelo era otra cosa.
Enzo Giraldi tenía las oficinas centrales en una barriada de los suburbios metropolitanos de Chicago. Andrew estacionó su Buick destartalado justo al lado de la entrada, atropellando a dos hombres bien vestidos y con semblante impávido flanqueando las falsas columnas decorativas.

¿El suicidio de un limpia cristales americano?

No debió ocurrir de la manera en que todo sucedió. Patrick Wicks era limpia cristales de un rascacielos enorme de cincuenta plantas. Con su andamio móvil se manejaba con la gracilidad de un rinoceronte en una tienda de televisores de pantalla de plasma. Era muy torpe, desmañado, bruto y enérgico sobremanera. Por eso trabajaba siempre solo. No había ni un sólo compañero que quisiera compartir andamio con él al lado. Resumiendo, era un peligro público.

viernes, 1 de mayo de 2009

Los leprosos de Chernobil

El puente era metálico y estaba en un estado muy herrumbroso. Debajo del mismo el río Pripiat desplazaba sus aguas contaminadas hacia el sur. Los soldados, revestidos de trajes protectores contra el nivel extremo de radiación estaban afanándose en la colocación de explosivos blandos a la entrada del puente.
- ¡Deprisa! ¡Deprisa! ¡Les oigo venir! - urgió el encargado al mando del grupo.
Entre espesas nieblas llegaban aullidos y sonidos guturales, sin ningún tipo de traducción posible que los hiciera pasar por algún tipo de vocabulario humano.

Recuerdos del pasado

- Hijo mío. Te añoro tanto.
- Ya lo se, mamá.
- Espero que te estés alimentando bien.
- Procuro hacerlo.
- Ya sabes. La juventud no os cuidáis nada. Demasiada comida basura. Aperitivos salados. Bebidas gasificadas.
- Ya suelo comer ensaladas. Y la comida preparada no está nada mal. En dos minutos ya la tienes cocinada en el microondas.
- Pero no es lo mismo, Patrick. No lo compares con una buena comida casera.
- Ya. En eso te doy la razón.

jueves, 30 de abril de 2009

La ventana abierta

Rodolfo era escritor de terror. Tenía cincuenta años y era soltero. Como había tenido un cierto éxito en la venta de sus escritos, vivía en una casa solitaria en pleno campo, alejado de todo contacto con la civilización más cercana. Su medio de comunicación con el mundo que le rodeaba era el ordenador e Internet. De ese modo publicaba sus obras y mantenía contactos con gente amante de la literatura más tenebrosa.

martes, 28 de abril de 2009

Vegetación viva


Todo salió mal desde el principio. Ninguno de los tres habíamos practicado el rafting más que en momentos ocasionales de ocio durante las vacaciones veraniegas y siempre bajo la supervisión de un monitor. Estábamos correctamente equipados para el descenso por los rápidos de Sherring. Éramos jóvenes, osados, impetuosos y no reconocíamos el riesgo con relación a un peligro que fuera serio más allá de ciertas magulladuras corporales. El deporte extremo conllevaba ciertos hábitos peliagudos que se suponían podían superarse con cierta pericia y pizca de suerte eterna. Por algo se preveía que cada cual disponía de un ángel de la guarda.
Nuestra inconsciencia nos jugó una mala pasada.

lunes, 27 de abril de 2009

El enanito de jardín

Vincent acudió a la caseta del vigilante del vertedero. Cargaba con un bulto considerable introducido en un saco de arpillera.
- ¿Qué demonios has encontrado que sea de tu interés esta vez? - se interesó Cassius enfocándole con la linterna.
- Es una figura de jardín. Y está entera.
Lo depositó en el suelo y le quitó de encima la tela del saco.
- Joder, qué feo - exclamó el vigilante.
Era un enano deforme. Su rostro era terrible. Como si hubiera sido de cera y por la cercanía a una fuente de calor estuvieran fuera de sitio los rasgos faciales. Un ojo caía un centímetro del otro. La nariz estaba retorcida y aplanada. La boca colgaba de medio lado. Y de las dos orejas, le faltaba una.

domingo, 26 de abril de 2009

El escritor de la muerte

Escribo arte. Utilizo las tecnologías modernas. Mi ordenador.
Ensamblo párrafos, creando literatura. Versiones macabras, perladas de escenas sangrientas y de todas clases de pesadillas capacitadas de sembrar intranquilidad en quien se digne a leer mis creaciones...

lunes, 13 de abril de 2009

Juguemos a las canicas

Lucas no quería saber nada de jugar con aquel niño de aspecto tan raro.
- Nada. Que no juego con él - se negó con firmeza.
Antonio trataba de convencerle.
- Venga. Es un pringado. Le ganaremos todas las canicas.
- Yo solo te acompaño. Tú si quieres retarle, hazlo.
Antonio palpó la bolsita donde guardaba sus bolitas de vidrio. Fue decidido a hablar con el nuevo compañero de clase.
- Hola. Soy Antonio. Y este es Lucas, “el cagado”.
- Muy gracioso, San Antonio - le dijo Lucas.
El niño tenía una abundante mata de pelo color albino. Era bastante esquelético y tenía los ojos hundidos en las cuencas. Los miró con desgana.

jueves, 5 de marzo de 2009

Fuerza letal (Dios bendiga América)

Bueno. Este es un relato antiguo, al que le antepongo una entrada explicativa. FUERZA LETAL ha sido publicado, aparte de en mi blog, en varias webs de relatos. En todas ha recibido buenas críticas, y han comprendido que es la visión que debe de tener un asesino en masa para llevar hacia adelante su macabra gesta. Es un relato crudo y bastante duro, no apto para estómagos sensibles. En una web de cuentos de terror, para mí sorpresa, muchos lectores se pensaron que eran las ideas del autor del relato. Y se me insultó gravemente sin que lograran distinguir que simplemente es un relato de ficción. Evidentemente repudio las tropelías de estos engendros que matan por matar. Repito, simplemente es un relato, donde intento ponerme en el preludio de la mente asesina instantes antes de incurrir en su acto de violencia indiscriminada.


sábado, 7 de febrero de 2009

Incidente en el hipermercado



Incidente en el hipermercado
(Entrevistas del reportero a diversos testigos
de cara al telediario de las tres de la tarde)



LA AMIGA

- Usted conocía a la cajera.
- Si. Era amiga mía aparte de ser compañera de trabajo.
(gimoteo)
(sorbido de mocos)

- ¿Cómo se llamaba la chica?
- Helena del Valle, con h de hospital. Dios mío. Si solo tenía 21 años recién cumplidos el pasado mes de octubre.
- ¿Se encontraba bien? ¿No se le notaba rara últimamente?
- No...
Se corta la entrevista. La muchacha no puede continuar hablando a la cámara.

(Escena eliminada en la fase de postproducción del reportaje)

miércoles, 28 de enero de 2009

Tendencias aletargadas


Soy un chico solitario,
solitario y triste,
estoy completamente solo
sin nada que hacer.
Tengo de todo
cuanto puedas imaginar
pero todo lo que necesito
es alguien a quien poder amar.
Alguien
alguien
alguien
envíamelo
por favor.
Te haré feliz.
Espera y verás.
Rezaré con tanta devoción
al cielo
que terminaré encontrando
alguien a quien amar.


"Lonely Boy", de Paul Anka.



1.

La cosa fue tirada de fácil. Tanto como pelar y comerse un plátano a medio madurar a la sombra de un chiringuito playero. La verdad era que en el intervalo previo al encuentro más crucial dentro de mis primeros escarceos allende la frontera de lo legal, las horas (larguísimas horas lectivas) se tornaron tortuosas y cargadas de una tensión de reminiscencias cuasi hitchockianas. Mi mano derecha no se asociaba en absoluto con la izquierda en el momento cumbre de tomar los apuntes, me pasé durante la celebración de las clases previas al evento masticando chicle sin azúcar con la notoriedad de un condenado crío piojoso cultivando toda suerte de figuras geométricas infladas de aliento gingival y no paraba de movilizar los pies debajo del pupitre adiestrándolos para una guerra sin sentido en el feudo dictatorial del desgraciadillo de Saddam Hussein por su tonta invasión de Kuwait. Los compañeros de clase no sabían a ciencia cierta el tipo de campo magnético que ejercía sus fuerzas destilando una cargada crispación añadida sobre mi bien asimilado ego, más propio de un broker defenestrado de Wall Street por haber aconsejado una inversión de IBM en piensos de cerdo de la granja del tío Moweer. Si hasta el viejo bastardo anclado en los entremeses del período neolítico, y por ende reencarnado en su séptima vida a modo de fama póstuma en una anatomía patética y alicaída que se suponía era el profesor de Lingüística Latina, concitó su detestable atención hacia un servidor como si yo fuera un extravagante papagayo en vías de extinción.
- ¿Se encuentra usted bien, señor Lester? - se interesó con asepsia.
- Si, como Jordan en figuras dobles contra los Celtics.
- ¿Está seguro de que no desea...?
- Claro - corté por lo sano.

lunes, 5 de enero de 2009

El Escritor surgido de las catacumbas de mi casa.


Hola. Soy un escritor amateur que le encanta escribir historias de terror y ciencia ficción. Espero que alguno de mis relatos concite vuestra atención.