domingo, 26 de abril de 2009

El escritor de la muerte

Escribo arte. Utilizo las tecnologías modernas. Mi ordenador.
Ensamblo párrafos, creando literatura. Versiones macabras, perladas de escenas sangrientas y de todas clases de pesadillas capacitadas de sembrar intranquilidad en quien se digne a leer mis creaciones...
Sentado frente a la pantalla. Los dedos tecleando con el frenesí de quien interpreta una obra de Mozart al piano. Dedicado en cuerpo y alma al dolor de la gestación. Vivo casi desaseado. Apenas salgo para comprar los alimentos necesarios para el día a día. Estoy recluido con mis personajes. Unos seres desalmados. Insensibles. Monstruosos. Deleznables.
Tecleo con música de fondo. Siempre los mismos temas. Canciones reiterativas, machaconas, propias de un DJ de discoteca. Me enardece. Consigo fuerzas desde donde casi no las tengo para seguir escribiendo dieciséis horas diarias. Reposo unas pocas horas. Las necesarias. Hasta que mi musa me despierta. Tengo las persianas medio echadas. Dispongo de un teclado donde diferencio cada letra y cada signo reflejados bajo un halo de luz emisor fosforescente. Concibo mis blasfemias entre penumbras.
Escribo arte.
Un tipo de literatura que no gozará de los parabienes del público lector.
Mi musa me susurra cosas al oído.
Me pide más sufrimiento en el destino de los personajes. Mayores calamidades que les afecten. Que incremente su dolor.
Me vuelvo con la frente sudorosa.
- ¡No puedo más! ¡Me exiges demasiado! - grito, desesperado.
Me sonríe con falsedad.
El olor a azufre se expande por la habitación.
De repente me recoge en un abrazo, tapándome el rostro con su capa.
Fue un simple segundo.
Cuando me descubrió, vi las llamas. Escuché los llantos. Me desasosegué con los gemidos.
- Si quieres retrasar tu destino, escribe. Elabora la muerte de los demás - me dijo el demonio.
Instantes después estaba desplegando con ardor creciente los pensamientos más innobles por la pantalla de mi ordenador. Escribía los nombres de las personas. Describía la manera en que moriría cada una de ellas.
Era mi misión.
Crear arte.

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