viernes, 12 de junio de 2009

Un robot dulce y cariñoso

El científico loco estaba orgulloso de su nueva creación. Llamó con prisas a su ayudante, un muchacho sin estudios y bastante zopenco.
- Solete, llama a la prensa. Tenemos que presentar esta obra maestra lo antes posible ante el gran público - le urgió.
- Como diga, profesor.
- Dígales que la rueda de prensa será en el pabellón deportivo de la universidad.
- Así se hará, profesor.
La hora escogida fue las cinco de la tarde. Desde el estrado del pabellón deportivo y ante tres periodistas locales, el eminente científico hizo las galas de presentar a su nueva obra.
- Señores. Ante ustedes el robot que solucionará los males del planeta. Les presento a X-300, en honor de los héroes de la batalla de las Termópilas.
Desde detrás de un biombo dispuesto en el escenario surgió una figura metalizada con forma de humanoide de casi tres metros de altura.
- X-300, te presento a una parte de la civilización humana - le dijo el profesor a su criatura robótica.
- Yo querer humanos...- dijo el robot con voz meliflua.
- Ohhh...- exclamaron los tres reporteros impresionados por la bondad del robot.
El robot alzó un dedo índice del tamaño de un espárrago de los gordos. Les hizo guardar silencio.
- No dejarme terminar la frase.
“Yo querer humanos... exterminados.
Y dicho y hecho, fulminó a los tres periodistas con el láser emitido desde los ojos. Los tres infelices quedaron hecho papilla.
El profesor se volvió cara al robot.
- Muy mal hecho, X-300. Eso tienes que reservarlo cuando te presente al presidente del gobierno. Tiene que ser una sorpresa.
- Lo siento, papá - se disculpó el engendro metalizado - Es que me lo pedía el cuerpo.

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