jueves, 31 de diciembre de 2009

Año nuevo

A escasos momentos de la entrada en un año nuevo, no todo es aparente ilusión y felicidad. Vidas anodinas. Biografías nefastas. Crueldad manifiesta. Falta de sentimientos y emociones. Por desgracia hay seres sumergidos en la rutina. Y acostumbrados a la violencia. Qué quereis que os diga. Dorothy Collins refleja el sentimiento ambiguo de la sociedad actual, donde la muerte ajena se nos sirve a través de los noticiarios, los documentales, el cine, los videojuegos. Ante hechos como el sucedido con Dorothy, la sociedad que la rodea responde anestesiada. Una persona más. Una persona menos. Y el mundo que sigue girando en torno a su mismo eje.


31 de diciembre
23: 30
Temperatura en el exterior: - 7ºC
Pronóstico del tiempo: Continuación de fuertes nevadas en las próximas 24 horas


Localidad: Point of Faith
Población: 57000 habitantes


Año nuevo, vida nueva.

Dorothy Collins tenía 55 años. Era una vagabunda solitaria y alcoholizada. También le pegaba al crack. Sus expectativas de longevidad eran ya muy cortas.
Confinada en el interior de un cajero bancario para resguardarse del frío, su mente estaba adormecida, sin interesarse por la llegada del nuevo año. Acurrucada debajo de una manta vieja y andrajosa, con su botella de coñac medio llena al alcance de su mano cuando le diera por darse la medio vuelta sobre su costado, Dorothy veía su pasado como una pesadilla.


Adicta a las drogas desde los catorce años. Sus padres fueron unos alcohólicos contumaces. Jamás se preocuparon por su educación ni por sus andanzas. Que frecuentara malas compañías desde niña les iba al pairo. A los diecisiete años empezó a prostituirse para financiarse la dosis diaria de cocaína. Su juventud discurrió demasiado deprisa. Con veintiséis años aparentaba los cuarenta. Desde aquella edad, la cuesta abajo. Llegaría el crack y su vida como vagabunda.
Su presente. Un vivir 24 horas y luego 24 horas más y así hasta que le llegara el futuro.
Su destino.
La muerte.
En esta ocasión, la dama de la guadaña rondaba muy cerca de ella.
Eran tres pandilleros menores de edad. El menor de quince años y los otros dos, quienes eran hermanos gemelos, de 17. Estaban ya borrachos. La noche era infernal, y no había nadie por las calles nevadas del barrio. Sólo estaban ellos tres. Hijos de familias desestructuradas, en cuyos hogares no se les echaba en falta. Uno de los dos hermanos fue el primero en fijarse en la figura tumbada de la anciana.
- Mirad. Una puñetera pobretona - les dijo a los otros dos.
Se acercaron a la cristalera. A pesar de la luz interna del foco cenital del habitáculo, la mujer estaba completamente dormida.
- Qué asco. Si tengo que sacar pasta, ¿cómo voy a hacerlo con esa tipa ahí metida? - continuó el macarra.
Su hermano estaba más ebrio. Rió como un tonto.
- Vamos a matarla. La sacamos y la dejamos tirada en la nieve. Nadie va a echarla de menos.
- Ya.
El mocoso de quince años miraba arrobado a la actitud chulesca de los dos hermanos.
- Vamos a buscar algún palo- dijo uno de los gemelos.
Se adelantaron hasta alcanzar el callejón cercano.
Entraron y rebuscaron por la basura.
Al final dieron con una barra de hierro.
Sus sonrisas quedaron reflejadas entre penumbras como la sonrisa del gato invisible de Alicia en el país de las maravillas.




31 de diciembre
23: 55
Temperatura en el exterior: - 8ºC
Pronóstico del tiempo: continuación de fuertes nevadas y heladas en las próximas 24 horas.



Un agente local de Point of Faith estaba recorriendo las calles en su coche patrulla, cuando vio una figura tendida en la nieve, casi al borde de la acera cercana al cajero automático del banco.
Detuvo el vehículo y se bajó del mismo.
- Frío del carajo - musitó, contrariado por tener que comprobar aquel cuerpo tendido boca abajo.
Nada más acercarse pudo apreciar que era una mujer de edad madura. Era una vagabunda.
Estaba muerta.
Con la cabeza reventada a la altura de la nuca. Había sangre congelada sobre la nieve, y una variedad de pisadas entre la zona donde estaba tendida y el acceso al interior del cajero automático.
- Menudo final de año - se maldijo el agente.
Tendría que redactar un informe.
Papeleo en plena medianoche.
El reloj cercano de la parroquia de San José Obrero marcaba casi las doce.
Alumbró el cráneo de la fallecida.
- Maldita sea.
Fue al coche para informar del suceso por la emisora.
Era un comienzo de año nuevo cojonudo.
En su fuero interno estaba por investigar lo mínimo.
La víctima era una persona sin hogar.
Nadie la iba a echar de menos.
Haría los trámites lo más rápidamente posible para así terminar su turno, irse a su casa y celebrar el primer día del nuevo año en la cama, durmiendo como un bendito.




1 de enero
01:00 de la madrugada
Pronóstico del tiempo: Nevadas persistentes y heladas fuertes en las siguientes 24 horas


El cadáver de Dorothy Collins fue levantado de la escena del crimen bajo la supervisión del Inspector de homicidios local y el médico forense.
El clima era sumamente desapacible y la hora no invitaba a dilatar el proceso más allá de lo necesario.
Cuando el cuerpo de la mujer fue depositado en la parte trasera de la ambulancia, los allí presentes se despidieron con gestos de mano y deseándose un buen inicio de año.

2 comentarios:

  1. juer que mala leche, ni siquiera investigaron.
    Besos
    Nela

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  2. Eso mismo, Nela. Una falta de humanidad vergonzosa. Y encima más preocupados por su propia rutina familiar, cuando por algo eran agentes de la ley.
    Un fuerte abrazo, compi.

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