jueves, 30 de abril de 2009

La ventana abierta

Rodolfo era escritor de terror. Tenía cincuenta años y era soltero. Como había tenido un cierto éxito en la venta de sus escritos, vivía en una casa solitaria en pleno campo, alejado de todo contacto con la civilización más cercana. Su medio de comunicación con el mundo que le rodeaba era el ordenador e Internet. De ese modo publicaba sus obras y mantenía contactos con gente amante de la literatura más tenebrosa.

martes, 28 de abril de 2009

Vegetación viva


Todo salió mal desde el principio. Ninguno de los tres habíamos practicado el rafting más que en momentos ocasionales de ocio durante las vacaciones veraniegas y siempre bajo la supervisión de un monitor. Estábamos correctamente equipados para el descenso por los rápidos de Sherring. Éramos jóvenes, osados, impetuosos y no reconocíamos el riesgo con relación a un peligro que fuera serio más allá de ciertas magulladuras corporales. El deporte extremo conllevaba ciertos hábitos peliagudos que se suponían podían superarse con cierta pericia y pizca de suerte eterna. Por algo se preveía que cada cual disponía de un ángel de la guarda.
Nuestra inconsciencia nos jugó una mala pasada.

lunes, 27 de abril de 2009

El enanito de jardín

Vincent acudió a la caseta del vigilante del vertedero. Cargaba con un bulto considerable introducido en un saco de arpillera.
- ¿Qué demonios has encontrado que sea de tu interés esta vez? - se interesó Cassius enfocándole con la linterna.
- Es una figura de jardín. Y está entera.
Lo depositó en el suelo y le quitó de encima la tela del saco.
- Joder, qué feo - exclamó el vigilante.
Era un enano deforme. Su rostro era terrible. Como si hubiera sido de cera y por la cercanía a una fuente de calor estuvieran fuera de sitio los rasgos faciales. Un ojo caía un centímetro del otro. La nariz estaba retorcida y aplanada. La boca colgaba de medio lado. Y de las dos orejas, le faltaba una.

domingo, 26 de abril de 2009

El escritor de la muerte

Escribo arte. Utilizo las tecnologías modernas. Mi ordenador.
Ensamblo párrafos, creando literatura. Versiones macabras, perladas de escenas sangrientas y de todas clases de pesadillas capacitadas de sembrar intranquilidad en quien se digne a leer mis creaciones...

lunes, 13 de abril de 2009

Juguemos a las canicas

Lucas no quería saber nada de jugar con aquel niño de aspecto tan raro.
- Nada. Que no juego con él - se negó con firmeza.
Antonio trataba de convencerle.
- Venga. Es un pringado. Le ganaremos todas las canicas.
- Yo solo te acompaño. Tú si quieres retarle, hazlo.
Antonio palpó la bolsita donde guardaba sus bolitas de vidrio. Fue decidido a hablar con el nuevo compañero de clase.
- Hola. Soy Antonio. Y este es Lucas, “el cagado”.
- Muy gracioso, San Antonio - le dijo Lucas.
El niño tenía una abundante mata de pelo color albino. Era bastante esquelético y tenía los ojos hundidos en las cuencas. Los miró con desgana.