jueves, 31 de diciembre de 2009

Año nuevo

A escasos momentos de la entrada en un año nuevo, no todo es aparente ilusión y felicidad. Vidas anodinas. Biografías nefastas. Crueldad manifiesta. Falta de sentimientos y emociones. Por desgracia hay seres sumergidos en la rutina. Y acostumbrados a la violencia. Qué quereis que os diga. Dorothy Collins refleja el sentimiento ambiguo de la sociedad actual, donde la muerte ajena se nos sirve a través de los noticiarios, los documentales, el cine, los videojuegos. Ante hechos como el sucedido con Dorothy, la sociedad que la rodea responde anestesiada. Una persona más. Una persona menos. Y el mundo que sigue girando en torno a su mismo eje.


31 de diciembre
23: 30
Temperatura en el exterior: - 7ºC
Pronóstico del tiempo: Continuación de fuertes nevadas en las próximas 24 horas


Localidad: Point of Faith
Población: 57000 habitantes


Año nuevo, vida nueva.

Dorothy Collins tenía 55 años. Era una vagabunda solitaria y alcoholizada. También le pegaba al crack. Sus expectativas de longevidad eran ya muy cortas.
Confinada en el interior de un cajero bancario para resguardarse del frío, su mente estaba adormecida, sin interesarse por la llegada del nuevo año. Acurrucada debajo de una manta vieja y andrajosa, con su botella de coñac medio llena al alcance de su mano cuando le diera por darse la medio vuelta sobre su costado, Dorothy veía su pasado como una pesadilla.


martes, 29 de diciembre de 2009

Muñecos de nieve

Estamos en invierno. La nieve hace su acto de presencia, como debe ser. Es entonces cuando niños y adultos recurren a los juegos invernales. Las batallas a bolazo limpio. Patinar sobre el hielo. Y lo más encantador. Formar muñecos de nieve.
Aunque viendo el perfil de Natalia Tubbs, algo me da que no profesa simpatía hacia ellos...





Natalia Tubbs estaba dispuesta a efectuar su última visita puerta a puerta de la tarde noche. Eran las seis y media y la noche invernal se había adueñado del firmamento. Hacía tres grados bajo cero, y tras tres días seguidos de intensas nevadas, la climatología había moderado su inclemencia por unas horas. Todo estaba cubierto por nieve, y en ciertas zonas, como las aceras y el asfalto, los funcionarios municipales de la localidad habían esparcido sal para retrasar las heladas. También los vecinos habían colaborado de manera mancomunada retirando nieve y abriendo los caminos con el apoyo de las palas.
Natalia Tubbs era una veterana vendedora de enciclopedias a domicilio. Tenía cuarenta y cinco años, y llevaba ejerciendo de comercial desde que abandonase la universidad en su segundo año, es decir, a los veinte años. Tenía una facilidad de palabra y de convencimiento, que pronto se ganó cierta fama como una vendedora rentable y por tanto, cobraba buenas comisiones a fin de mes con las ventas alcanzadas. No paraba en todo el año en recorrer el estado de Nueva York de cabo a rabo. Su transporte, un Honda Civic de los 80, y su descanso, en moteles de carretera de Lunes a Sábado, con horario laboral continuado de nueve de la mañana a seis de la tarde, con los pertinentes descansos para el almuerzo y la comida.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Felices navidades

En primer lugar, desearos unas felices fiestas a mis seguidores de pesadillas.
A partir de ahora, mi deseo es encabezar cada nuevo relato con una pequeña entradilla estilo Stephen King, ja ja.
Esta misma tarde se me ha ocurrido este relato corto, más de intriga, que no de terror, pero ambientado en las fechas festivas en las cuales nos encontramos.
Evidentemente, para el principal protagonista, Nicholas, su celebración por su parte pende de un hilo.
Esperemos que consiga salir del atolladero en que anda metido y que igualmente pueda disfrutar de las navidades en paz y armonía...




Nicholas tenía un ojo negro, el labio superior partido y el resto del cuerpo hecho polvo por la cantidad de patadas que le propinaron. Estaba hecho un verdadero guiñapo. Para sostenerlo de pie delante del usurero al que le debía veinte mil dólares tuvo que valerse de la ayuda de los propios gregarios del villano.
- Vamos a ver, Nicholas - le habló aquella mala bestia, con el cigarro puro entre los labios al estilo gangster. - No pensarás que la paliza que te han dado mis esbirros va a satisfacer la enorme cantidad de dinero que me adeudas.
- Yo... Le juro que si usted me concede más tiempo. Tengo contactos... Si me dejara apostar de nuevo en el canódromo dos o tres noches seguidas...- susurró Nicholas con la lengua atrofiada. Escupió un diente suelto que pendía de las encías.
- Y una leche. El tiempo se te ha acabado.
- Se lo ruego. Tengo mujer y dos hijas pequeñas...
- Ya. Y encima hoy es la víspera de la nochebuena. El espíritu de la navidad impera en todo el mundo, bla, bla, bla.
- Yo.
- ¡Cállate, inútil! Si vuelves a mencionar una sola sílaba más, seré yo mismo quien te remate con un tiro en la sien.

domingo, 27 de diciembre de 2009

El usurpador de mentes

- Fuiste tú. Eres el asesino. El responsable de su muerte - me susurró una voz en el interior de mi cabeza.
Estaba paralizado. Quieto. De pie en la antesala de la entrada a aquel callejón angosto y estrecho sin salida final. Delante de mí estaba aquella persona. Vestía un amplio gabán marrón oscuro de aspecto pulcro y limpio. Parecía casi de estreno. La prenda le cubría hasta las pantorrillas de los pantalones. Sobre su cabeza, una especie de sombrero de ala ancha. Estaba lloviendo. Jarreando con fuerza. No me fijaba en los rasgos de su rostro. No podía fijarme en nada. Estaba inmóvil en cuerpo y espíritu. En palabra y pensamiento.
Aquella entidad me habló de nuevo.
- Sujeta esto. Lo necesitas para justificar tu participación en los hechos. Has matado a una muchacha. Le has abierto la garganta para verter su sangre. Una sangre que yo necesito. Y que me llevo. Ya no me verás más. Eso espero por tu bien. Ellos te juzgarán. Te culparán de mi hazaña. Y no te entenderán. Aborrecerán tu actitud. Te pudrirás en la cárcel por mí. Y eso en el mejor de los casos. Eres mi escudo. Otro tanto de cientos que tengo por el mundo. Gracias a la cantidad, mi existencia sigue vigente.
La figura se apartó de mi campo de visión.
Desapareció de mi vista.
La lluvia me cegaba.

martes, 22 de diciembre de 2009

El fin de una raza

La virtud de Lettisier residía en su capacidad de hacer germinar el fruto del odio entre los suyos. Era una raza agonizante. Sin esperanzas. Sin deseos casi de supervivencia. Desalentada. Decidida a extinguirse de este mundo. Un vasto mundo con muchas zonas aún inexploradas. Regiones donde el hombre estaba por adentrarse en sus corazones virginales. Del mismo modo que se desconocía la presencia de Lettisier y los suyos anidando en algunos de esos sitios remotos.

La ley del más fuerte

La choza tenía una esquina cubierta por el tejado. El resto estaba al descubierto. Afuera el viento azotaba con fuerza, haciendo balacearse los copos gruesos de la nieve en remolinos bruscos y repentinos.
La temperatura registrada era de siete bajo cero. Y bajando. Eran las diez de la noche del mes de diciembre. El día de la fecha no importaba.
Guntar estaba ensimismado en su navaja. Tenía una hoja bien afilada. Las manos protegidas por unos mitones de fitness. Cuando los adquirió en su momento para practicar spinning en un gimnasio, jamás se le ocurrió que iba a utilizarlas en aquellas condiciones.
Agazapado en el rincón más protegido de la vivienda abandonada estaba su compañero, Thomas. Estaba pasando un frío insufrible. Y el dolor del esguince en el tobillo izquierdo no remitía. Extendió la pierna en buen estado para darle un golpe en el codo a Guntar con el pie.
- Haz el favor de avivar el fuego. Está perdiendo fuerza - le dijo, con la capucha echada sobre la cabeza.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Relatos de las segundas oportunidades navideñas.

Un saludo a todos, mis queridos lectores de Escritos de Pesadilla.
Ya estamos en las cercanías de la Navidad. Y por tal motivo, procedo a poner en primer plano de mi blog los relatos más terroríficos e invernales acordes con esta época del año.
Espero que quienes no hayan llegado a conocerlos, se estremezcan por primera vez, y quienes en su momento los hayan leído, puedan volver a recrearse en ellos.
Os deseo unas felices fiestas, y una entrada de año nuevo...
del todo estremecedora.

Encerrado

La voz se le repetía día tras día. Inundada de odio y de resentimiento. Machacona. Cruel. Incesante.
- Sucia criatura.
Los pasos se fueron volviendo menos hábiles con el discurrir del tiempo. De los días. Los meses. Los años. Siempre terminaban arrastrándose ante la puerta cerrada bajo llave.
- Aquí te traigo tu asquerosa cena. No te mereces mejor cosa, criatura sucia y miserable.
Una llave giraba en la tija de la cerradura. La puerta quedaba abierta el mínimo tiempo necesario para que algo fuese depositado sobre el escalón superior, el primero visto desde la parte de arriba. El último atisbado entre penumbras constantes desde abajo. La hoja de la puerta quedaba encajada en el marco y la llave volvía a dejarle encerrado hasta nueva orden. Los pasos reanudaron su arrastre lento y cansino, alejándose poco a poco del otro lado de la puerta.
- Que te aproveche, desgraciado. Ojala que de una vez te atragantes hasta morir. Así descansaré en paz de una vez...

jueves, 17 de diciembre de 2009

No liberes mi alma (vida perdida)

Gotas persistentes y funestas en una noche lóbrega y oscura. Sería un genial comienzo para una novela barata de pesadilla de pulp fiction. Pero para Bernie Lavarez aquello era relativo: le importaba un comino la repercusión mediática del inicio. Lo que le afectaba era que aquel comienzo narrativo implicaba actualmente a su vida. Parte de su destino discurría por aquella carretera rural casi sin asfaltar. Flanqueado por arboledas interminables y de copas altas y tupidas, cubriendo la distancia hasta su nuevo punto de destino en su todoterreno Jumper. Las luces de niebla hacían renacer la VIDA delante del morro de su vehículo.
Bernie tenía sintonizada en la radio una emisora local que no hacía más que emitir música de los cincuenta. Antiguallas como la vida misma de esa región miserable y deprimida, donde la mera presencia de un forastero era considerada aún un peligro proveniente de otro mundo lejano. La Guerra de los Mundos. H.G. Wells, narrado bajo la voz persuasiva y convincente de Orson Wells. Demonio de sitio para ir a vender seguros de vida, de vivienda y de tierras a los lugareños.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Espíritus inmundos (1ª trama)

Kevin Stacey era feliz. Tenía una esposa estupenda y dos hijos maravillosos. Eran la típica familia de clase media americana. Vivían en una barriada donde había de todo, gente obrera, marginada y familias que casi siempre pasaban apuros a finales de mes, que ya era toda una hazaña tal como estaba el país, con el paro en lo alto de la cumbre gracias a los dos mandatos del peor presidente de toda la historia. Kevin y su familia estaban entre los que pasaban apuros para llegar a final de mes, pero aún así su satisfacción era plena. Vivían en un piso de la quinta planta de un edificio de alquiler que pertenecía a un supervisor de origen alemán que tenía en propiedad otras tres edificaciones más a lo largo del barrio. El alquiler era asumible por los dos sueldos que entraban en el hogar. Kevin era vigilante armado de un banco, y su mujer Kelly trabajaba a tiempo parcial de cajera en un supermercado local. Los niños estudiaban en una escuela pública, y de vez en cuando contrataban los servicios de una canguro para pasar los dos un rato junto a solas en el cine o en un restaurante que fuera asumible para su economía de gastos mensuales. Y una vez al año, pues Kevin no podía permitirse unas vacaciones normales, disfrutaban de una semana de asueto en visitas a parques nacionales o de acampada en tienda de campaña con los vecinos del segundo, un matrimonio sin hijos y con el cual guardaban una gran amistad.
Así era Kevin. Así era su familia.

Espíritus inmundos (2ª trama)

- Está dentro - se lo indicó con un gesto de la mano libre. La otra empuñaba una beretta con un silenciador acoplado a su cañón.
- Vale. Entramos a saco y nos lo cargamos - susurró su compañero.
Ambos llevaban protección ligera en los codos y chaleco antibalas kevlar. Uno de los dos se situó frente a la puerta de madera de entrada a la habitación número 23 del motel de carretera “Teodoro´s”. No tendrían testigos que les molestara. Eran pasadas las tres de la madrugada, el resto del motel estaba vacío tras la comprobación pertinente en el registro de la recepción y el dueño estaba criando malvas detrás del mostrador con dos balas en el pecho. Ni siquiera se presentaron ante él. Simplemente entraron por el vestíbulo y se lo cargaron. Lo mismo que iban a hacer ahora con ese desgraciado que le debía veinte de los grandes a su jefe.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Caso resuelto (frío extremo)

15 de diciembre de 2009.
A escasos días de la llegada del invierno, una ola de frío polar convirtió a la minúscula población de Bristick en adoradores pertinaces del consumo desmesurado de electricidad para mantener sus hogares cómodos y la mar de templados.
Duck Mock, el sheriff del pueblo, no era ningún lince en la materia detectivesca. Su propio nombre le traía de cabeza desde que recibió su propio bautizo en la iglesia de los Redentores Moribundos. Literalmente, que te tildaran de ser un "pato" del que todo el mundo pudiera mofarse, era para ponerse de los nervios*. Afortunadamente, los traumas de la infancia quedaron atrás justo en el momento de hacerse con el cargo de la autoridad máxima y única de Bristick. Y aún así, a espaldas de su figura, los ciudadanos de tan noble localidad tendían a menospreciar su labor. A fin de cuentas, era un sitio habitado por ochocientos treinta y cinco almas. Nunca sucedía nada reseñable. Ni jamás iba a acontecer semejante trance.
O así se deseaba, habiendo en cuenta la nulidad del sheriff para siquiera echar al achispado leñador Bob Wyzenski del bar de Larrigan cuando aquel llevaba tres consumiciones seguidas y sin intención de pagarlas.
Así de tranquila y anodina era Bristick con su patético sheriff.
Hasta la llegada de la ola de frío.

martes, 8 de diciembre de 2009

Y se tiró un farol...


I


Nada más verle, Richie se lo señaló con un dedo, gritando de forma alborozada:
- Ese de allí... ¡Ese es DOUG!
Douglas se hizo el loco, gastando una gracia irreverente a un grupo de amigas pertenecientes a un curso inferior al suyo.
- ¡Ehh...! DOUG. ¡Doug! ¡Ven aquí, viejo perro! - masculló Don Salabrio, haciéndole señas.
Doug se fijó en la pareja que iba adherida al novato de turno. Se dejó querer, y un par de minutos después se dejó caer por ahí, arrastrando los pies. Doug era un muchacho casi barbilampiño, de estatura normalita pero repleta de cachas descollantes y de músculos bien labrados. En otras palabras, era un bloque de granito esculpido en el gimnasio de la universidad a base de sentadas de pesas, bicicleta fija, simulador de "jogging" y fármacos dopantes.
Sus ojazos de buey en celo se posaron en la figura retraída del “freshman”1. Lo miró de forma velada. Daba pena. Demasiado prolongado y escuálido como el sarmiento. Hasta se le apreciaba el hueso filtrado a través de la piel como si esta fuese simplemente un impermeable de quita y pon, y lo que hubiera debajo careciese de toda masa muscular. Patético.

domingo, 6 de diciembre de 2009

El rostro de la guerra

... llevaba una eternidad insomne. Apenas gozaba de la vitalidad precisa para mantener la pesadez de la mirada fija en la vigilancia del inactivo frente secesionista; apostado de rodillas en la zanja más saliente de la térrea trinchera, con los prismáticos de visión nocturna prendidos, ocasión tras ocasión, contra las cuencas de las órbitas ojerosas. Los zapadores urdieron la línea desigual de parapeto a lo largo de media milla, justo al amparo zaguero de una minúscula colina devastada por la utilización a mansalva del fuego cruzado de artillería de corto alcance - las prestaciones logísticas no eran muchas -, en plena eclosión reconquistadora por parte de las huestes nacionalistas. En su vertiente norte quedaba emplazado el enclave de Verezda, un simple punto insignificante de vida agropecuaria, compuesto por ocho granjas, unas cuantas tierras cercadas, un recinto de pastizales que hubiera dado grato gusto ver de día unas semanas en retrospectiva, y unas áreas dispersas de cultivo en barbecho.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

En aras de la locura

Localidad: Spring Hill
Estado...: Nueva Jersey
Fecha... ¿acaso importaba?



Donald Rice permutó de canal al comprobar con desazón como la CBS difundía un documental insufrible relacionado con el viaje de placer que realizaba el Primer Ministro británico por la costa Este del país. El televisor de marca alemana "Schoden", obediente cual can cobrador de pura raza, trastocó su pantalla, ofreciendo a continuación un partido de béisbol perteneciente a una de las ligas menores, retransmitido por un canal que carecía de logotipo sobre impresionado en una de las esquinas. Don frunció el ceño en un gesto característico de su repertorio de televidente adicto, aprobándolo. Se rebulló en las blanduras de su sofá de ante. Antes de que pudiera adquirir la postura más cómoda tuvo que levantarse apresuradamente al cerciorarse que el nivel del volumen no respondía proporcionándole el orgasmo de decibelios adecuado para el momento y el carácter del evento que presenciaba. Para saciar esa sed de kilohercios giró por completo el botón del volumen, alzando el sonido hasta que no pudiera dar más de si.

Soliloquio fantasmagórico

..."buenas noches",

osado y trasnochador lector, de insomne tránsito nocturno por la médula espinal emblemática de la recurrida ensoñación onírica que habría de procurarle a usted el oportuno y merecido descanso funcional a la red operativa de interconexiones neuronales, víctimas directas del infatigable desenfreno intelectual al cual son dedicadas por mor de su tangible y voluminoso cerebro de mosquito... Su pasaje en Aerolíneas Pesadillas, un valium.