martes, 5 de enero de 2010

Agua contaminada

En estos inicios de año nuevo, tengo pensado intercalar entre mis relatos de nuevo cuño, alguno de los que tengo semiolvidados ya en el fondo de Escritos de pesadilla. En este caso, se trata de un mini relato de ciencia ficción que da que pensar sobre los efectos de la radiación. Como dice el refrán, de este agua no beberé, será mejor llevarlo a cabo en el caso de estas charcas de agua estancada, y no me vale la excusa de los que se pierden en los desiertos y se mueren de sed.




Era un simple charco oscuro arraigado en el asfalto del parking. Su diámetro sería de metro y medio. Agua estancada producto de infinitas gotas de lluvia caídas en los últimos días. Pasaban las horas y el charco continuaba existiendo. El cielo gris quedaba reflejado en su superficie pulida y brillante, reflejando las nubes tormentosas. De noche, la palidez de la luna reflejaba su silueta en el espejo acuoso. De día algún que otro mosquito se acercaba a su superficie. Alargaba su trompa y se ponía a beber. Y a su vez el charco bebía del mosquito. Y el insecto desaparecía para siempre. Volvía a pasar la tarde y al anochecer una nueva tromba de agua se encargaba de amamantar el contenido del charco, haciéndolo aumentar en tamaño hasta el alcance de los dos metros de diámetro. Al día siguiente un pajarillo curioso se acercó para paliar su sed. Brincando sobre sus dos patitas frágiles, se arrimó al borde de la charca y se dispuso a beber de la misma. La intención con respecto al pajarillo por parte del charco fue recíproca y del pajarillo no se supo más.
El resto del día se tornó lluvioso y el charco se agrandó veinte centímetros más. Pasada la medianoche el ulular del viento creaba ondulaciones sobre la superficie del charco. Y al poco un perro vagabundo se aproximó a su lado. Olfateó su contenido, dudando antes de extender su lengua sedienta para beber a lametazos un poco de agua. El charco contempló a su nuevo visitante con variopintos reflejos derivados de una lejana farola que aún funcionaba en el parking. Un triste gañido se propagó por el aire, seguido de un chapoteo. Diez segundos de tenaz lucha, y el charco se apoderó del cuerpo del animal. Surgió un borboteo en toda su superficie conforme el can desaparecía para siempre disuelto entre el conjunto de millones de gotas de lluvia contaminada allí reunidas en un sólo cuerpo líquido. Ahora la charca medía tres metros de diámetro. Y cada vez que llovía, era medio centímetro más profunda. Al día siguiente...


Era una especie de manguera de titanio, resistente al grado de corrosión de la charca infectada. Uno de los limpiadores puso en marcha el compresor. Otro se acercó al charco y depositó la boca de la manguera hacia el centro del mismo. Poco a poco fue succionando el líquido elemento hasta resecar la charca por completo. Tras terminar, se volvió a su compañero y le hizo la señal de que apagara el motor de la máquina de succión. Recogió la manguera y se acercó al vehículo, un camión cisterna de tamaño medio, con la carrocería comida por la radiación existente en la zona. Ambos limpiadores vestían un traje de protección, con botas, guantes y un llamativo casco. A pesar de las medidas de seguridad, los dos hombres estaban ya seriamente afectados por la radiación. Su respiración era cavernosa y sus andares muy cansinos. Se subieron a la cabina del camión y lo pusieron en marcha, abandonando el parking. Aquel había sido el último charco existente en las inmediaciones de lo que en sus mejores tiempos había sido un concurrido centro comercial, y aún les quedaban incontables más en los suburbios de Pripiat, en la zona de exclusión de Chernobil. Una región para no vivir. Donde la radiación cambiaba los roles de la naturaleza, creando un lienzo de locura sin par.

8 comentarios:

  1. Bonito relato. Muy orginal. Enhorabuena. Saludos.

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  2. Nuevamente te doy las gracias, compañero.

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  3. Además de original, el relato es inquietante. Además creo que has fulminado mis infantiles ganas de meterme por los charcos. :-D
    Salu2

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  4. Nada, Markos, si vas equipado con un traje de buzo de esos pesados de comienzos del siglo pasado, seguro que no te pasará nada. Eso si, si ves que el charco aún así tiene hambre, le das un bocadillo de salchichón de bellota y tan pancho que se nos queda. Un saludo.

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  5. La verdad me ha gustado, sabes como sorprender al lector. Lo de los limpiadores no me lo esperaba, me esperaba una especie de pulpo alien jajaja. Un abrazo guaraní

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  6. De nuevo, gracias Oreja y lápiz.
    Bueno, lo del pulpo gigante ya estuvo bastante explotado en las pelis "B" de los años cuarenta del siglo pasado.
    Ahora hay que improvisar e ir a lo grande.
    ¿Qué tal si fuera un diplodocus clonizado y reconvertido en carnívoro, atropellando las calles de la ciudad? Ah, no, tampoco, que en la película Monstruoso pasaba algo parecido.
    Un fuerte saludo navarrico y nos vemos.

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  7. Llegué de casualidad a este relato, y te digo que me gustó. Felicidades. Es original y atrapante, con misterio y un toque sobrenatural que te inducen a seguir la historia.
    Lo compartiré con gente. Sigue con lo tuyo ;)

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    1. Muchas gracias Mauro por la visita, la lectura y el comentario. Me ha encantado que te haya gustado el relato. Y que quieras darlo a conocer en la red. Recibe un fuerte abrazo y esperamos más visitas tuyas a Escritos. Siempre con la puerta abierta para intentar asustarte un pelín. ;)

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