miércoles, 6 de enero de 2010

Cansado de la vida

Bueno, este relato lo sitúo en cabecera por lo cansado que me he quedado en estas fechas navideñas. Si quieren saber lo que es estrés laboral, no hay nada como trabajar cara al público en un centro comercial. Un cliente que te pregunta por el pasillo de los garbanzos. Otro que ha visto a un tío raro en el parking subterráneo. Una damisela que se extraña que le tienes que embolsar al vacío su colonia de Cacharel, porque se vende también dentro del híper. Dos jovenzuelos que salen con dos MP4 sin enseñar el ticket de compra. En fin. Que decididamente, el título de este escrito hace honor a mi estado físico y mental. Que lo disfruten mientras me zampo una porción de roscón de Reyes para reponerme. Si gustan.


Estaba cansado de la vida.
Su mente le daba vueltas a lo innecesario de tanta rutina. Sus manos callosas estaban curtidas de tantos años de ejercer siempre lo mismo.
- Venga, Phil. ¿A qué esperas? - le llegó la voz de Dumond desde lo alto.
Oteó el oscuro horizonte. Hilachos de nubes tenues ocultaban el haz lechoso de la luna en cuarto creciente. El viento agitaba las hojas de las ramas de los olmos.
A medio metro de él se perfilaba la silueta encogida y tensa de su compañero.
Apartó su mirada y se concentró en la tierra apisonada. Sujetó con fuerza el mango de la pala.
- ¡Date prisa! Cava, por Dios. El guarda puede dar la ronda en cualquier momento - le urgió Dumond.
Dio unas cuantas paladas, echando la tierra sobre su espalda, profundizando en la tumba.
Profanadores de tumbas.
Esa era su profesión.
Aún en pleno año 2009.
Cuando cada vez la gente era por lo general incinerada o depositada en los nichos. Su futuro como saqueadores estaba cada vez más negro. Llevaba ejerciendo esa labor los últimos quince años. Fruto del desempleo. De la necesidad de superar el día a día de gastos y facturas en la dura época de la crisis actual. Afortunadamente estaba solo, sin mujer ni hijos, pero aún así, a sus 54 años estaba cerca de seguir los pasos de un vagabundo con su botella de vino barato.
Dumond le enfocó con el haz de la linterna.
- Ya oigo la madera. No sigas sacando tierra y vete abriendo la tapa - le ordenó.
Su compañero de fechorías era diez años más joven. Trabajaba de taquillero en el canódromo de Bristol, pero el salario era ínfimo. Precisaba de un pequeño sobresueldo. Como casi todos.
Separó con las manos el resto de tierra que cubría la madera del ataúd. Dumond le tendió el mazo y el punzón para separar la tapa. Lo hizo con la costumbre de siempre. Los clavos cedieron con facilidad hasta quedar la parte superior libre de ser separada.
- Perfecto, Phil. Siempre he dicho que vales para lo que sirves- comentó Dumond con sorna.
No le prestó la menor atención. Alzó la tapa…
Como siempre, dentro del ataúd se reencontraba consigo mismo.
Su figura postrada y adormecida para toda la eternidad.
- Venga, Phil. Róbate a ti mismo.
“Quítate la cadena de oro y el reloj de cuarzo - se rió Dumond.
Se volvió cara a él.
La silueta ya no pertenecía a su colega.
De nuevo lo mismo.
No había forma de abandonar ese círculo vicioso.
Desde que muriese semanas atrás, su espíritu no había abandonado del todo su cuerpo.
Había hecho cosas tan repudiables, que le quedaba mucho tiempo de penitencia.
Colocó la tapa sobre el féretro.
Cerró los ojos…


Al abrirlos de nuevo estaba ubicado al pie de la misma tumba de siempre.
En la lápida figuraba su nombre completo, con su fecha de nacimiento y defunción.
La presencia de su amigo quedaba a su espalda. La notaba.
- Toma la pala. Toca empezar a cavar, Phil.
Se volvió para cogerla por enésima vez.
Estaba cansado de la vida.
La misma rutina…

6 comentarios:

  1. Acabo de conocer tu blog.
    Muy interesante.
    Saludos
    Elisa, Argentina

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  2. Para serte sincero al entrar dije, "mmm, que aburrimiento", pero al ir por la mitad del relato fui comprendiendo que a veces somos como almas en pena trabajando nuestra propia rutina, robandonos a nosotros mismos ese tiempo que podriamos usarlo para estar con nosotros mismos. Gran relato

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  3. interesantsimo tu blog y aparte es un tema que me gusta un saludo amigo

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  4. Muchas gracias por tu visita pesadillesca, Elisa. Igualmente te mando un saludo desde la Pamplona de Hemingway.

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  5. Hola Oreja y lápiz. Te doy la bienvenida lóbrega como anfitrión demoníaco de Escritos de pesadilla. Ja ja. No, en serio. Agradezco tus visitas y tus críticas. Te mando un fuerte saludo, y nos seguiremos viendo por este rincón infernal.

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  6. Bueno, amigo Imanol. Entonces ya somos dos que nos pirra lo misterioso y terrorífico. Aunque para pesadilla, la crisis mundial que nos atosiga a todos.
    Te doy las gracias por tu visita y decirte que siempre que vengas, estás como en tu casa. Eso si, el mueble bar lo tengo candado, ja ja.
    Un saludo, compañero.

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