viernes, 4 de junio de 2010

El rival (The opponent)


1.

“Lemon” Harley paseaba cansinamente por los suburbios de la ciudad. Eran las once y media de la noche del mes de noviembre. El frío era molesto. La humedad del ambiente, desagradable. La tristeza de la urbe, desalentadora. Y el motivo de su presencia por las calles abandonadas de transeúntes, su razón de ser.

“Lemon” era un hombre de cuarenta y cinco años. Su estatura era normal y no tenía sobrepeso. En su juventud se había cuidado, haciendo ejercicio y no dándole a la botella. Ahora fumaba en exceso. Casi tres paquetes diarios. Tosía a todas horas y escupía flemas viscosas y enfermizas como si fuera un tubo de escape de un coche de tercera mano.

Su apodo era debido a su carácter huraño y seco. No se relacionaba con nadie fuera del trabajo. Jamás tuvo novia, ni le había apetecido soñar con compartir su vida con otra persona. Vivía solo en un apartamento de una única habitación, con baño y cocina que hacía las veces de comedor. Cuarenta metros cuadrados de estancia rancia y envejecida por los casi cien años de existencia del inmueble. El casero era un polaco que le cobraba un alquiler de cuatrocientos dólares mensuales. Casi la mitad de los ingresos de su raquítico sueldo de taquillero del metro.

Aquella noche había tenido turno de dos a diez de la noche. Tras salir del mismo, había cenado en un restaurante chino. Repitió tres veces el aguardiente en modo de detalle final que ofrecía el camarero a los comensales al concluir la cena, antes de emprender el largo camino andando a casa. Tardaba casi tres cuartos de hora, y llegaría cerca de la medianoche. Le daba igual, no había quien le estuviera esperando…


2.

De una manera coloquial, la inmortalidad de Louis Armstrong fluía compartiendo voz y trompeta, canalizando su versión del tango El Choclo por el radiocasete del furgón. “Kiss of Fire”. Era su tema preferido antes de abordar al siguiente candidato. Le hacía extremar las precauciones pero al mismo tiempo le imbuía de un valor audaz a la hora de abordar las calles solitarias en busca de lo que se necesitaba.

El combate tendría lugar a las tres de la madrugada. No le quedaba mucho tiempo. En un principio, se decantaba por las callejuelas, los ojos de los puentes, las entradas a las estaciones del metro, los habitáculos interiores de los cajeros automáticos donde se refugiaban los vagabundos, pero tampoco dejaba pasar la ocasión si se le presentaba en forma de una figura que se le ocurriera salir a pasear por los rincones más recónditos, alejada de toda presencia testimonial que impidiera la facilidad de su captura…

Los acordes de aquella endemoniada trompeta… Dios… Estaba en trance.

De repente, vio una silueta encaminándose por la acera de la calle por donde transitaba su furgón. Era un varón de edad mediana. Aparentemente ebrio. Dirigió en un escorzo el vehículo hacia el bordillo, conduciendo con la mano izquierda, mientras la derecha recogía del asiento del lado el táser de impulsos eléctricos…

*****
A “Lemon”, la irrupción del furgón le pareció una escena cinematográfica de una película de Freddy Krueger, entre brumas y la caída de la lluvia fina. Se tuvo que apartar un metro del borde de la acera, creyendo que iba a ser atropellado, aferrándose con fuerza a la farola.
- ¡Gilipollas! ¿Está tonto o qué? – imprecó al conductor.
Quien estuviera dentro se trasladó con rapidez de un asiento delantero al otro, bajando la ventanilla.
“Lemon” Harley vio una mano apuntándole con una extraña arma.
- Qué…
Sintió una punzada de tremendo dolor al ser electrocutado por los impulsos del proyectil engarzado en su cuerpo, transmitiendo la descarga que le hizo desplomarse de manera súbita sobre el suelo…

3.

Una habitación de paredes compuestas por planchas metalizadas, de diez metros cuadrados. Desnuda de elementos decorativos. Adornada en cada esquina superior por cámaras de circuito cerrado. También había otra cenital, en el centro del techo. Y hacia la mitad de la pared del fondo, un reloj digital de grandes dimensiones, cuyo color de fondo era negro y los números blancos.

“Lemon” Harley fue conducido al interior de la estancia en contra de su voluntad, forzado por dos hombres vestidos de negro y con capuchas que simplemente mostraban los ojos y los labios a través de los orificios de las mismas.
- Entre sin resistirse – le dijo uno de ellos, que fue quien le había disparado con el táser.
- ¿Qué quieren? ¡Déjenme en paz! – replicó, visiblemente enfadado.
- Guarda tu mala leche para el combate – le avisó el otro hombre embozado.
- ¿Cómo?
“Lemon” fue encerrado en la habitación, abandonado a su suerte…


*****
- ¿Te costó mucho dar con la pieza?
- Bueno, estuve dudando entre un pobre desgraciado o por algo mejor. Este se me presentó y ya está.
" Coño. Espero que esta vez paguen más que la última vez.
- Ya sabes. Depende del tiempo que tarde en morir…

4.

Era un combate transmitido en directo a una serie de personas que estaban dispuestos a realizar importantes apuestas por el resultado final del mismo. Seres enfermizos y pudientes, que se divertían de esa manera, recibiendo las imágenes en sus ordenadores, teléfonos móviles, consolas con conexión a la red…

Las reglas eran simples.
Un exterminador.
Un contrincante.
Un cronómetro.
Determinar el tiempo exacto que duraría el combate.
Y todo ello porque el triunfador era claro.


5.

“Lemon” Harley vio la puerta abrirse. Lo pilló de espaldas a ella mientras contemplaba una de las cámaras ubicadas en las esquinas del fondo. Al volverse vio al guerrero.
Una bestia de casi metro noventa, cien kilos de peso, con musculatura creada a base de anabolizantes. Llevaba un chaleco de cuero gris oscuro tachonado con púas de acero, protección en los codos y rodillas y un casco de fútbol americano en la cabeza.
En sus manos portaba un garrote con clavos.
“Lemon” empezó a verlo todo con claridad. No iba a salir con vida de aquel lugar…


*****

El cronómetro se puso en marcha…
El combate fue desigual, como cabía esperarse.
Los dígitos se detuvieron en una cifra:
03:15:75
En esta ocasión no hubo acertantes por unas escasas centésimas.

*****

Cuando entraron para llevarse el cuerpo, su compañero le preguntó por la melodía que estaba tarareando entre dientes.
- Es un tango, tío. “Kiss of Fire”. No veas cómo lo interpretaba Louis Armstrong…



4 comentarios:

  1. Pobre Lemon, al menos su cadver fue arrastrado a ritmo de tango.
    Besos
    Nela

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  2. Buenas!!!

    Pásate por mi rinconcito, algo agradable te espera!!!!

    te dejo el enlace:

    http://luna-unpoquitoparatodos.blogspot.com/2010/05/gracias.html


    un beso

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  3. ESo es, Nela. Su muerte fue cruel, pero la salida del escenario por todo lo grande, ja ja.
    Un besote de koala medio adormilado, jeje. :)

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  4. Hola, Luna. ¡Muchas gracias por el premiazo! En cuanto pueda, correspondo. Un fuerte abrazo, compañera. :)

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