domingo, 20 de junio de 2010

La sacudida del alma. Capítulo Cuatro.


LA SACUDIDA DEL ALMA. A Cuchillada Limpia Productions S.L. 2010
Presupuesto destinado a la escena: 15 dólares con 45 céntimos.
Detalle destacable: Tuvimos que repetir la toma del contenedor dos veces porque el protagonista que escupe perdió el equilibrio y en vez del saco, fue él quien cayó de cabeza. Un puro desastre de hombre...


Capítulo 4

EL CALLEJÓN

             
13 de noviembre de 1975.
              
  Hora: 00:30 a.m.

                Una furgoneta destartalada, con carrocería roñosa y sin parachoques  delantero frenó de golpe en el callejón sin salida ubicado en la parte trasera del restaurante tailandés “Nicola Di Bari”. Dos individuos se escudaron en las penumbras del lugar para salvaguardar su identidad. Bajaron del vehículo y abrieron las puertas posteriores del mismo. Extrajeron un pesado y enorme saco de patatas. El más alto de los dos soltó un par de frases malsonantes, para acto seguido pedir perdón al cielo por su pecado verbal. Entre ambos llevaron el saco hasta el contenedor de basura. Se sirvieron de un frigorífico moribundo tumbado en el suelo al lado para encaramarse y con un esfuerzo titánico consiguieron empujar el saco lo necesario para que quedara bien introducido en el interior del contenedor. Se restregaron las manos sudorosas en los muslos de los pantalones.
                - Mira que rajarse esos dos traidores – dijo el individuo de menor estatura.
                - Son unos niños de teta. Rompen un jarrón y luego se limitan a lloriquear – el más alto volvió a blasfemar.
                Repentinamente, se dirigió con rapidez hacia la parte trasera de la furgoneta. En unos instantes retornó con una bolsa de plástico con cierre hermético. La lanzó hacia el fondo del contenedor.
                Suspiró aliviado, mirando a su compañero:
                - ¡Joder! Casi me olvido de los putos ojos.
                Seguidamente se metieron en la furgoneta de novena mano y abandonaron el callejón solitario, sin molestarse en que el tubo de escape petardease mala cosa.
(Continuará...)






No hay comentarios:

Publicar un comentario