jueves, 24 de junio de 2010

La sacudida del alma. Capítulo Diez.

LA SACUDIDA DEL ALMA. A Cuchillada Limpia Productions S.L. 2010
Presupuesto destinado a la escena: 80 dólares.
Detalle destacable: A falta de médico que quisiera actuar sin ver ni medio centavo ingresado en la cuenta bancaria, y de hospital que nos cediera sus instalaciones para las escenas necesarias, recurrimos a un sacamuelas, un tal Elías Sinheart y a un escenario alternativo. La actuación de Elías fue de lo más memorable. Podría pasar por un cirujano afamado tan sólo con el don de su elocuencia. En cuanto al lugar elegido como hospital... Los pasillos y cuartos de estar de la funeraria "Muertecito No Se Está Tan Mal". Con estas dos gestiones, conseguimos salvar el presupuesto nuevamente. Como siempre, la escena se rodó en una única toma.




Capítulo 10.


SECRETO PROFESIONAL


                Fecha: 18 de diciembre de 1975
                Hora: 07:15 a.m.

                El comisario Riners aguardaba con cierta impaciencia la salida del doctor Moonsefe de la habitación número dos ubicada en el ala de aislamiento de la casa hospital de Marrow.  Después de pasar toda la madrugada en vela, Riners estaba deseando intercambiar opiniones con el médico para así irse por fin a la cama. Sobre las siete y pico de la mañana, la puerta que comunicaba con la sala de aislamiento fue abierta, saliendo a través de ella el doctor acompañado de una  esbelta enfermera quien lo abandonó a requerimiento de Moonsefe. El policía prácticamente se abalanzó como si fuera un defensa de fútbol americano para un perfecto placaje sobre el cuerpo debilucho de Moonsefe.
                - Bien, doctor. Estoy cansado. No me tengo ya en pie. Así que seré directo. ¿Qué es lo que tiene Carnago Limb? – el comisario sacó tabaco para mascar.
                - Verá,  agente, es demasiado pronto para aventurar cualquier hipótesis de la clase de enfermedad que aflige al señor Limb. Quedan por realizarle diversos análisis.
                - No será algo contagioso, ¿eh?
                - ¿Por qué piensa eso?
                - Hombre. Seamos francos. A una persona que se le caiga la piel a cachos así como así, no sé. A mí me da que lo que tenga tiene que ser una infección de lo más peligrosa.
                - No tiene de qué preocuparse, comisario. Ahora váyase a casa a recuperarse de la noche en vela, que todo está bajo control – el doctor llamó a una segunda enfermera jovenzuela rubia de uniforme ceñidísimo y cuerpo escultural de quitarse el hipo. – Jenny, acompaña al comisario Riners hasta la salida.
                “Nos tenemos que despedir por ahora, comisario. Estoy terriblemente ocupado.
                - Le comprendo, doctor – Riners desvió la mirada lujuriosa hacia las espectaculares piernas torneadas de la enfermera. Se tuvo que sacudir la cabeza con la mano para abandonar su ilusión irrealizable y la sonrió de oreja a oreja, mostrando los tres dientes que le quedaban en el maxilar superior: - Bien Jenny, obedece al médico y acompáñame hasta la salida, pero a ritmo muy lento, que cuanto más tardemos en llegar hasta ella, mejor.
                Jenny se rió de la ocurrencia, agarrando del brazo al comisario.
                El doctor Moonsefe los vio perderse por el pasillo. Retornó la vista hacia su cuaderno de notas. En la hoja superior en el campo del nombre del paciente venía reflejado el de Carnago Limb. En el apartado destinado al estado y la evolución de su dolencia, una vez hecha la descripción de sus síntomas, se llegaba a una clara conclusión. El diagnóstico era la Nueva Lepra Norteamericana.
(Continuará...)


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