viernes, 16 de julio de 2010

Asesinos ficticios: Amadeus Stormhill, el Asesino de Carteros Rurales. (Fictional murderers: Amadeus Stormhill, Murderer of Rural Letter Carriers).

En Escritos de Pesadilla retomamos nuestras biografías de Asesinos Ficticios dentro de la amplia leyenda rural norteamericana.

En esta ocasión toca exponer un breve pero aterrador glosario de las acciones funestas de Amadeus Stormhill, “El Asesino de Carteros Rurales”, en el estado de Idaho.
Amadeus Stormhill nació en Chewaka City, en realidad un pueblecito de apenas quinientas almas caritativas y de devoción católica sumamente conservadora, donde el único habitante pecaminoso era el propio sheriff, Obdulio Reeves, propenso al sexo desenfrenado con las feligresas adolescentes, hasta que un padre enfurecido tuvo a bien practicarle la vasectomía más primitiva con la intervención de un machete.
En medio de un paraje tan idílico nació nuestro protagonista, Amadeus, en la fecha concreta del 27 de agosto de 1880 cerca de la medianoche, emergiendo del vientre de Úrsula Stormhill entre espasmos dolorosos de esta última, quien perjuró que jamás volvería a alumbrar ningún hijo más, cumpliendo a medias con la promesa para desespero de su marido, Mathias Stormhill, pues tuvieron una descendencia adicional de cinco chiquillas, siendo el único varón el mencionado Amadeus.
Desde muy jovencito, Amadeus demostró su complejo de inferioridad al estar dominado por la destacable y numerosa presencia femenina bajo el hogar de los Stormhill. Bajo sus propias palabras, “estaba sometido a la tiranía de mis hermanas, quienes se empeñaban en disfrazarme con vestidos ridículos, maquillándome el rostro y adornándome la cabeza con alguna de las innumerables y terribles pelucas de mi madre”.
A pesar de ser la burla constante de su madre y sus hermanas, Amadeus jamás desarrolló una misoginia exagerada contra el sexo opuesto. Es más, se creía un hombre ciertamente atractivo para las adolescentes más coquetas de Chewaka City, obteniendo alguna que otra cita romántica exitosa a escondidas de los padres de las chicas y de los suyos propios por seguridad personal, conocedor del incidente sufrido años atrás por el sheriff Reeves, quien a duras penas cumplía su obligación apoyado sobre dos muletas.
Con la cabeza pensando en naderías, no fue de extrañar su temprano abandono de los estudios a la edad de los quince años. Fue cuando su padre, Mathias, le obligó a buscarse un trabajo que contribuyera al sostén de la economía familiar.
Tras unos cuantos fracasos en ocupaciones como el de frutero, jardinero y limpiacristales, encontró su profesión ideal, el de cartero rural para el condado de Kootenai, donde estaba emplazado Chewaka City. Tendría que recorrer los pueblos y ciudades, montado en un caballo alazán, llamado “Teethless” por su carencia de dentado fruto de una broma pesada de unos críos que le metieron un petardo entre la alfalfa de una de sus comidas hacía cosa de unos años, cuando en principio iba para caballo de carreras.
Amadeus se convirtió en pocas semanas en un cartero de lo más eficiente, y en meses demostró el lema bajo el cual ni el clima más extremo ni las condiciones meteorológicas más adversas le impedirían hacer la entrega del correo.
Su empeño era de lo más notable, si se obviaba las muchas veces que se equivocaba con las direcciones del remite exacto. Con el tiempo, las quejas de los vecinos se fueron acumulando en la mesa de su jefe, Sampson Breeds. En más de una ocasión este había pensado que lo más correcto era aconsejarle un cambio de perspectiva en su carrera profesional, pero el señor Sampson era de los que creía que un árbol torcido podía enderezarse con la fuerza de un tornado. Con lo que no contaba, era con el posterior carácter bromista del muchacho.
Sin ningún motivo aparente, Amadeus Stormhill empezó a gestar gracias con la entrega del correo en los buzones de la comunidad. Le dio por introducir ratones muertos con la correspondencia, amontonar barro fresco dentro de los buzones, amén de depositar cardos borriqueros y boñigas de vaca resecados previamente al sol del mediodía.
Con las lógicas reclamaciones, el futuro de Amadeus como repartidor del correo llevaba el camino del despido fulminante, y así se lo notificó el señor Sampson un doce de junio del año 1901.
Amadeus se llevó un fuerte disgusto. No quiso decírselo a ningún miembro de la familia, mucho menos a su progenitor, porque sabía que recibiría una buena paliza con el látigo de azuzar a los bueyes.
Hizo como si fuera a repartir el correo. Se despedía de sus maquiavélicas hermanas con un hasta luego. Cuando enfilaba el camino que llevaba al pueblo de Chewaka City, empezó a maquinar su terrible venganza contra la empresa de Correos del Condado de Kootenai.
Como uno de los primeros precursores de los asesinos de compañeros de trabajo bajo la motivación de la represalia por un despido supuestamente injustificado, Amadeus Stormhill ocasionó la muerte de cuatro carteros rurales en menos de una semana.
La coincidencia quiso que un circo ambulante estuviera presente en esos días en Chewaka City. Amadeus estuvo presente en una de las exhibiciones y quedó prendado por las propiedades venenosas de ciertos ejemplares que se mostraron al público. Una noche, se baraja el 15 de junio de 1901, Amadeus invadió las propiedades de los residentes del circo haciéndose  con reptiles e insectos nocivos para la salud por las características del veneno que podían inyectar en caso de ser incitados a la defensa ante un supuesto atacante.
Así fue como falleció Jesper Todd, cartero veterano de 77 años, firme defensor de morir trabajando hasta el final de los días. El 16 de junio abrió la tapa del buzón de la familia Creek, y al depositar dos sobres conteniendo facturas, una serpiente exótica se le enrolló alrededor del brazo derecho y le mordió en la punta de la nariz, falleciendo de una parada cardiorespiratoria por los efectos letales del veneno del ofidio.
Al día siguiente, se sucedieron las muertes de dos carteros más. Uno fue Byron Lemar, de 43 años. Odiaba su profesión, y más a los perros sin atar que trataban de morderle mientras se defendía con un revólver. Sobre las once de la mañana iba a entregar un pequeño paquete a la familia Macturrah. Con confianza, abrió el buzón. Pillado de improviso, tres enormes tarántulas brincaron desde el interior del buzón hasta su rostro, precipitándole hacia una muerte lenta y dolorosa.
Al mismo tiempo, Robert Terry, de 31 años, estaba acercándose a la casa de los Twister. Su propósito era depositar tres cartas para así tomarse un descanso en la cafetería de Peter Cuffin. Lo que menos esperaba era recibir el ataque funesto de una víbora emergiendo del interior del buzón. Con el veneno corroyendo su ilusión por seguir viviendo, acompañado de Edgar Twister, testigo que pudo presenciar los últimos estertores del cartero, profirió unas últimas palabras que simplificaban su devoción hacia el trabajo que ejercía: “Díganle al miserable de mi jefe que se pudra en el infierno… Morir de esta manera por unos miserables dólares que nos paga al mes es de lo más puñetero…”
El último cartero rural del condado de Kootenai fue Alfred Pimenti, de 49 años. Sucedió al día siguiente de las dos muertes anteriores. El 18 de junio, dicho probo y eficiente repartidor de correo se aproximaba a la residencia del maestro del pueblo, cuando tres dardos untados con una mezcla de venenos de los ofidios y las tarántulas le alcanzaron en la parte donde la espalda pierde su nombre. Su muerte fue instantánea. Y también fue inmediata la detención de Amadeus Stormhill, pillado in fraganti por los monaguillos de la iglesia del Cristo Redentor de todos los Mártires. En cuanto fue señalado por ellos como el autor material del asesinato de Alfred Pimenti, la muchedumbre lo acorraló cerca de un olmo. Amadeus trepó hasta la copa, y no se bajó de ahí hasta que llegó el sheriff Reeves con sus tres ayudantes, quienes hubieron de disparar varias ráfagas al aire para dispersar a la multitud, evitando su linchamiento público.
Encarcelado en la comisaría de Chewaka City, Amadeus Stormhill fue trasladado a la prisión más segura de Idaho County, donde en apenas una semana, fue juzgado siendo considerado autor material de la muerte de los cuatro carteros rurales.
Fue condenado a la muerte por fusilamiento.
El 12 de julio de 1901, a la edad de veinte años, Amadeus Stormhill culminó su existencia entre los vivos bajo los disparos de las balas de los rifles ejecutados por un pelotón de cinco voluntarios.
Cada uno de ellos recibió una recompensa de medio dólar de plata.


9 comentarios:

  1. Bueneo casi que lo entiendo y lo comprendo,yo también mataría a mi cartero a veces.
    Besos
    Nela

    ResponderEliminar
  2. ...hay que ver el efecto que le produjo el estar rodeado de mujeres...¿es para tanto? Muy bueno, Robert, y curioso detalle de que el único pecador era el sherif. Buena semana y cordial saludo.

    ResponderEliminar
  3. De acuerdo con Ramon: el personaje del sheriff es conmovedor, sobre todo sabiendo la vasectomía que debieron aplicar.

    Muy buen relato, Robert. Hacía tiempo que no pasaba por aquí y al fin me he puesto al día.

    ¿Cómo está Bogus Bogus?. ¿Ha aprendido alguna receta nuea?.

    Un beso y feliz semana.

    ResponderEliminar
  4. la verdad es que si allí todos los carteros tienen la misma pinta que el que has puesto en la foto.... no me extraña je je besos genial como siempre.

    ResponderEliminar
  5. No te pases con ellos, pobrecitos. Aunque los actuales no se pueden quejar. Los pioneros sí que las pasaban canutas. Y el chiste del perro que sale a morderles sucedía de verdad. Bueno, de hecho, en los Estados Unidos van equipados con ahuyentadores de perros. E incluso con algún táser, je je.
    Un fuerte abrazo, compañera. :)

    ResponderEliminar
  6. Esta contestación era para ti, Nela, que se me olvidó personalizar la respuesta, a ja ja.

    ResponderEliminar
  7. Hola, Anrafera. Bueno, en este caso se ve que no nació en la familia más adecuada y sana del país. El que fueran todas hermanas no tendría que haber influído en su conducta. El que fueran malvadas, pues sí. Y sus padres, buf. Y luego el grado de extremo conservadurismo religioso de la región. En cuanto al sheriff, era un sátiro, ja ja. Y encima las elegía jovencitas. No se cómo las convencería. Seguramente recitando pasajes de la Biblia, je je. Aunque también recibió su merecido. Lo curioso es que nunca le costara el puesto y continuara trabajando de agente de la ley en Chewaka City.
    Un fuerte abrazo, Ramón. :P

    ResponderEliminar
  8. ¡Hola, Meg! De nuevo estás por aquí con tu radiante mecha rojiza remarcada en el pelo de tu avatar pensativo, je je.
    Lo del sheriff fue de traca. Y encima luego ejercía apoyado en muletas. Pero la economía debía de ser muy pujante por la época en ese condado, pues le pusieron tres ayudantes que seguramente eran torpes e inútiles, ja ja.
    En cuanto a Bogus Bogus, ahí le tienes, formando con toda la tropa protagonismo en las tiras cómicas de Escritos. Ahora anda cabreado, como todos los currelas del país, con los tejemanejes de la Reforma Laboral.
    Recibe un caluroso abrazo y un besote. :)

    ResponderEliminar
  9. ¡Hola, Cafeína! Bueno, este cartero está un poco pasado de peso, je je. Aunque si le miras el careto, desde luego que tiene pinta de cepillarse a algunos de sus compañeros en caso de ser despedido.
    Recibe un abrazote. Y la sonrisa de rigor. ;P

    ResponderEliminar