jueves, 16 de septiembre de 2010

El monstruo con rostro de niño y patas de perro. (The monster with the face of a child and dog legs).

                      Estaba atardeciendo, cuando el joven Nick, acompañado de su perro labrador “Flecha”, regresaban al pueblo tras una tarde de holganza en el campo. Era pleno verano, en los últimos días de vacaciones antes de tener que retornar a la escuela secundaria de Breendeer para el inicio del nuevo curso escolar. Ambos, dueño y perro, estuvieron jugando y durmiendo la siesta al amparo de la sombra agradable y fresca que proporcionaba una arboleda. Tras merendar, decidieron volver a casa. “Flecha” se quedaría en la parte trasera del jardín de casa y Nick vería si podía ayudar en algo que hiciese falta a sus padres.
                A medio camino fue cuando escucharon un inmenso estruendo procedente de la arboleda recién abandonada. Nick se volvió para contemplar extasiado una estela trazada en el cielo por el humo con dirección al pequeño bosque. “Flecha” se puso a ladrar frenéticamente, dando vueltas alrededor de las piernas del muchacho. Nick se agachó para calmarlo, tocándole suavemente las orejas.
                - Shsss. Quieto, “Flecha”.
                Se quedó mirando la estela que aún permanecía visible en las alturas. De parte de la arboleda emergía una humareda oscura. No era negra, sino más bien de tonos marrones.
                Dio la casualidad que Nick portaba una cámara digital, y le embargó la emoción de poder ser la primera persona que descubriera el tipo de objeto caído del cielo que había terminado por estrellarse entre el conjunto de árboles y maleza agreste ubicado en el campo a las afueras de la localidad de Mulligan Town.
                Sin pensárselo, instó al perro a que le siguiese hasta el bosque.
                “Flecha” remoloneaba, pero finalmente obedeció, confiando por desgracia en la inconsciencia de su amo.
                No tardaron ni cinco minutos en aproximarse al inicio del límite del campo con los primeros árboles. Se internaron por una senda, sorteando piedras, troncos y arbustos de medio tamaño, hasta que la densidad del humo procedente del lugar del impacto del desconocido objeto celestial les hizo de toser y respirar con cierta dificultad. La visibilidad era muy mala, aún contando con la ayuda de una fuerte brisa que iba despejando poco a poco la zona.
                Nick se llevó un pañuelo a la boca, y con la cámara sujetada por la mano derecha, pudo hallar el socavón. La fuerza de la caída del objeto había tronchando un árbol por la mitad, haciendo situar su tronco y su ramaje en sentido horizontal a ras del suelo como si fuese una valla protectora. El aire incrementó su intensidad, despejando gran parte de la zona de impacto, facilitando una mejor visión del lugar.
                El cráter tendría dos metros de diámetro y metro y medio de profundidad en la parte más central, que era donde había ido a caer el supuesto meteorito.  Nick continuó tosiendo por los vapores emergentes del agujero practicado en el suelo del bosque, llevándose la lente del visor de la cámara al ojo derecho. Aplicó un zoom y pudo ver que el suelo estaba ennegrecido, tanto en la parte hundida como en la periferia del impacto, con parte de la hierba amarillenta, aplastada  o chamuscada.
                “Flecha” ladró con insistencia, preocupado por algo.
                Repentinamente, cuando Nick estaba empeñado en sacar una buena foto del diminuto cráter, surgieron vapores del centro del mismo, envolviéndoles hasta sumirles en una espesa niebla que les hizo perder toda orientación y visibilidad posible.
                “Flecha” dejó de ladrar, para empezar a quejarse lastimosamente.
                Nick dejó caer la cámara al suelo.
                Su respiración se aceleró, al igual que las pulsaciones del corazón.
                Transpiraba copiosamente.
                La ropa que llevaba se fue derritiendo materialmente encima de su cuerpo.
                La sensación era del todo desagradable y amenazadora.
                Se sintió debilitado, quedando postrado sobre sus rodillas desnudas y las palmas de las manos.
        En un momento dado quiso gritar, pero fue demasiado tarde.
                Tenía sus labios adheridos al lomo de “Flecha”.
                La grasa se le resbalaba por las mejillas a chorretadas.
                La sauna infernal estaba formando un nuevo cuerpo con las dos unidades de Nick y del perro.
                Nick gemía de dolor.
                “Flecha” soltaba gañidos estridentes.
                Los huesos se dilataban y entrelazaban.
                Maldita sea, era como si Dios mismo estuviera jugando con ellos, utilizando los dedos para modelarlos en algo relativamente monstruoso.
                Estuvieron así durante media hora a merced de los efectos de la niebla hedionda.
                Llegado el momento, Nick y su perro pudieron abandonar el bosque caminando sobre sus ocho patas…



                El sheriff Lenkins estaba sentado a la mesa jugando una partida con su ayudante en el bar del viejo Taylor, cuando la puerta de la entrada fue abierta de malas formas, haciéndose los cristales añicos.
                - ¡Joder! ¿QUÉ ES ESO QUE ESTÁ ENTRANDO POR AHÍ? – vociferó el ayudante del sheriff, aterrado.
                Lenkins se dio la vuelta, descubriendo una criatura infernal arrastrándose a ocho patas, con rasgos humanos y un hocico de perro. Estaba gruñendo y escupiendo, con las babas impregnando el suelo que pisaba.
                - ¡La Virgen, Rick! ¡Desenfunda, joder! ¡Desenfunda!  -ordenó el sheriff.
                Se incorporaron de pie y desde su posición acribillaron a la horrenda deformidad hasta haber vaciado los tambores de los revólveres. Al instante se vieron respaldados desde la barra del bar por Taylor con su escopeta de caza. La criatura era resistente, y necesitó una segunda tanda de disparos efectuados por los agentes hasta caer por fin abatida en un enorme charco de sangre.
                Cuando los tres hombres se aproximaron a verlo más de cerca, se vieron forzados a santiguarse, pues no tardaron en reconocer los rasgos característicos del joven Nick formando parte de la ignominiosa anatomía del monstruo.

4 comentarios:

  1. totalmente horroroso hasta me pude imaginar al niño y al perro uf Robert!
    saludos

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  2. Madre mia la que se ha armado aqui, peor que en "La Mosca"... cosa tan horrenda, oyes.

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  3. Hola, despe. Pues si te has imaginado al niño y al perro, ya te queda menos para soportar ver al presidente del gobierno en pijama, ja ja.
    Un saludo.

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  4. Eso es, Nerea. Un sucedáneo actualizado y remasterizado de la Mosca elevado al cubo.
    Aunque el pobre bicho tuvo la mala suerte de caerles muy antipáticos al sherrif y a su ayudante.

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