viernes, 8 de octubre de 2010

Todo por una botella de buen vino. (All for a good bottle of wine).

Este relato va dedicado a la compañera Camomila, y a su blog "El Rinconcito de Camomila"



Antoine De le Pierre, como buen descendiente de familia francesa asentada en los Estados Unidos, era un devoto consumidor de vino. Eso sí, nada relacionado con el BUEN vino. Se conformaba con el distribuido en los supermercados envasados en cajas de Tetra Brik. Vamos, lo más barato del mercado. Que sus bolsillos estaban casi llenos de telarañas. El pobre hombre era joven, cierto. No superaba la treintena. Había hecho carrera universitaria. Su tesis de final de curso sobre la escasez de víveres en el Peloponeso del año mil ciento dos antes de Jesucristo obtuvo un Cum Laude a secas. Estaba soltero a pesar de ser un personaje ligeramente atractivo (al menos así se lo parecía a la casera que le doblaba en edad, en peso y era originaria de Azerbaiyán). Y no estaba desempleado. Trabajaba como escritor de artículos online. Escribía mucho. La mayoría escritos sin ton ni son, pero a base de un promedio de quince micro relatos diarios, generaba unas visitas mensuales que le suponían setecientos dólares mensuales limpios de polvo y paja, cantidad no muy elevada como salario, pero que le servía para vivir al día hasta que llegara el momento que el sol saliera en todo lo alto para iluminar su suerte de lleno. Así que el único vicio confesable de Antoine era el vino de un litro envasado. Bebía todos los días dicha cantidad repartida entre el desayuno, la comida y la cena. Y entre cada acto gastronómico, con los ánimos renovados por los grados etílicos ingeridos, redactaba sus trabajos como escritor de medio pelo. Así era su vida.
         Hasta que una mañana la casera tocó a la puerta de su humilde piso. Escrutó con el ojo derecho a través de la mirilla.
         - Monsieur Antoine. Soy yo. Alisana. Abra. No sea tímido. Le traigo un regalo que seguro le entusiasmará - le dijo la mujer con voz ronca.
         Antoine ya estaba medio achispado pues acababa de comer, por tanto de ingerir medio litro de vino de un dólar el litro. De manera inconsciente abrió la puerta.
         La señora era terriblemente horrenda, y más vestida con un gran camisón de algodón sintético color rosa pálido. Estaba claro que venía con intenciones innobles. Casi carnales. Decidida a hincarle de una vez por todas el diente en la fisonomía de su guapo inquilino.
         - Dios mío - gimió Antoine.
         La mujer sonreía con lascivia mostrándole una horrible dentadura donde sólo le quedaban cuatro dientes excesivamente puntiagudos: un par en cada mandíbula.
         Entonces le mostró algo que sostenía en la mano derecha.
         Un Cabernet Sauvignon cosecha del 79. De un valor incalculable.
         - Mire lo que he adquirido por Internet, señor Antoine.
         El escritor estaba absorto en los contornos de la botella.
         - Es un caldo propio de los Dioses del Olimpo - musitó, ensimismado.
         La casera esbozó una figura delirantemente pornográfica.
         - Es todo suyo por una sesión loca de amor a la francesa - le chantajeó Alisana.
         Antoine se mesó los cabellos llevado por un ataque de locura de artista.
         NO PODÍA RECHAZAR AQUELLA OFERTA.
         El vino merecía ser saboreado por su paladar.
         Sin más, la invitó a pasar a su dormitorio.
         Instantes después, los muelles de su lecho chirriaban cosa mala.
         Era una hora de sacrificio. Nunca mejor dicho, porque la horripilante amante no hacía otra cosa que buscarle insistentemente el cuello, aplastándole con sus excesivos kilos, sin permitirle cambiar de postura. Así estuvo hasta la extenuación física bajo la enorme y poderosa fisonomía de Alisana, consiguiendo perder la conciencia producto del cansancio ante tanta impetuosidad sexual.
         Consumado el placer aberrante, la casera abandonó a su inquilino, saliendo del piso, cubriéndose el cuerpo abrillantado por la sangre con una sábana.
         Antoine se despertó con mucha debilidad a la hora de la cena, deseoso de recuperar fuerzas, donde consumiría una copa de ese néctar delicioso procedente de las viñas del país de sus orígenes.
         Aunque mejor dicho, una copa le sucedería a la otra.
         Embriagado por los efectos del alcohol, nunca reconocería haber conocido a su casera en la intimidad de su hogar. Era una fantasía más de sus pésimos escritos, sin duda. Así mismo como su blanca palidez en la piel y los cuatro orificios surgidos en un lado del cuello cuando más tarde se observó reflejado en el espejo del baño.


9 comentarios:

  1. Hay "amores" que matan.
    Terrorífica lectoingesta!!!

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  2. ¡Hola, José Antonio! Gracias por la visita a Escritos, ante todo. Te damos la bienvenida a este mundo del horror entre comillas, porque como ves, también el humor, aunque negro, corre por los corredores angostos de mi castillo.
    Decididamente, el tal Antoine estaba tan cegado por degustar el vino de una cosecha tan renombrada, que ni se daba de cuenta que su casera era una vampiresa de las gordas, ja ja.
    Un fuerte abrazo. :)

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  3. Hola Robert!! me ha gustado mucho el relato jeje gracias por dedicarmelo, un besito muy fuerte.

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  4. pobre ! sacrificios sacrificios jajajajajajaja
    saludos Robert
    buen fin de semana

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  5. La verdad es que yo no le habría hecho el amor ni loca a la casera por ese copa de vino (muy fea jajajaaja. Bueno, lo que se puede interpretar es que me gusten las mujeres, pero no, lo que pasa es que me pongo en lugar del sacrificio que tuvo que hacer protagonista de la historia para tomar un poco de vino bueno), pero un vicio es un vicio y...y...y bueno, hay gente que no le para bolas a nada y se mete jondo y luego le pasa lo que le pasa.


    Un besote,

    Andri

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  6. ¡Hola, Camomila! ¡No hay de qué! Bastante me halagas con decir que te ha gustado.
    Recibe un fuerte abrazo, compañera. :P

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  7. ¡Hola, despe! El hombre se sacrificó por una buena causa: pillar la cogorza padre con un vino selecto.
    Lo malo es que aparte de casi morir aplastado, casi se nos queda anémico perdidod. Y luego su futuro como vampiro...
    Aunque no soy quién para hablar mal de mi estirpe, je je. Que mis largos colmillos me traicionan al sonreír, ja ja.
    Un fuerte abrazo.

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  8. ¡Hola, Andri! Ja, ja, ja. Mejor meterte en el papel del protagonista, porque si te metes en el de la casera, sales perdiendo (lo digo por tu figura) :).
    Muchas gracias por pasarte y ambientar el interior del castillo con tu perfume de lo más fragante.

    - ¡Cursi!

    Ese ha sido Pechuga de Pollo Mutante, que está algo resentido desde la visita ñoña de Bob Esponja con su fular rosa, je.

    Un besote desde Pamplona, España, guapa. :P

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  9. WOW. GRACIAS POR LO DEL PERFUME. Y PECHUGA DE POLLO MUTANTE SIEMPRE TAN SIMPATICO.

    DE VERDAD, TENGO QUE DARLE UN BESITO.

    No, mejor te lo doy a ti, que está bueno y no pechuga.

    Besote,

    Andri

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