lunes, 6 de diciembre de 2010

Sigo llamando a la puerta y tú no me abres. (I keep knocking on the door and you don´t open me).

                        Después de las imágenes de casas abandonadas, qué mejor que un breve relato de terror al respecto, je je.


                        Se percibió el golpeteo de los nudillos contra la puerta de madera. Ese hecho le extrañó mucho. El timbre de la casa funcionaba perfectamente. Estaba solo, así que tuvo que acudir él mismo a la entrada.
                Hubo una repetición en la sucesión de breves impactos contra el otro lado. Miró la hora en el reloj de pulsera.
                21: 05.
                Atisbó a través de la mirilla. La lente estaba defectuosa y no pudo ver nada. Igualmente no había luz que alumbrara el dintel.
                - ¿Diga? – preguntó con cierto nerviosismo.
                Nadie le contestó.
                Pensó que sería algún crío del vecindario que estaba haciendo una broma pesada. Recorrió el rellano hacia la cocina, donde estaba levantando una tabla del suelo de madera para depositar en el hueco una grabadora introducida dentro de una bolsita de cierre hermético. Llevaba toda la tarde y comienzo de la noche ubicando varias de ellas en sitios escogidos por su interés y posible transcendencia dentro de los muros de aquella casa abandonada y en evidente estado de deterioro.
                Un fuerte porrazo sobre la puerta de la entrada principal le hizo detenerse.
                Su vista se asentó en principio sobre la ventana de la cocina. Al igual que el resto de aberturas, estaba tapada por tablones claveteados. Incluso dos ventanas más estaban tapiadas. Eso le tranquilizaba. Saber que nadie podía colarse por ahí para cogerle desprevenido.  Por sorpresa.
                Sonó un segundo golpe fuerte y rotundo, que hizo crujir la madera pútrida de la puerta. Esta resistió el embate sin problemas, pero los efectos del sonido se trasladaron por el resto del pasillo y de la casa con el odio de un eco devastador, propiciando la sensación de la rotura de la misma.
                Dejó caer la grabadora dentro del hueco y se incorporó de pie.
                Una gota de sudor frío, casi lechosa, fluyó desde su entrecejo, recorriéndole el perfil de la nariz, deteniéndose en la punta de la misma.
                El silencio se mantuvo durante menos de dos minutos, interrumpido por otro golpetazo más potente que el anterior.
                Abandonó la cocina, manteniéndose quieto en la mitad del camino hacia la puerta principal de la casa. Sujetó el teléfono móvil con el firme deseo de comunicarse con alguno de los dos miembros del equipo de investigación que habían salido en busca de algo de comida y de café para pasar la noche en vela dentro de aquel lugar nada agradable. Primero marcó un número y seguido el otro. Con tardanza, se fijó en la pantalla que le indicaba que no había cobertura. A los pocos segundos, se quedó sin batería.
                Tiró el móvil al suelo.
                ¡POOOOM!
                Miró con fijeza más allá del recibidor, donde se acumulaba la dejadez y la suciedad de años sin que nadie mediase para impedir el decaimiento de la vivienda.
                ¡POOOM! ¡POOM! ¡POOM!
                La severidad de los golpes retumbó  por la estrechez del pasillo central de la planta baja. El estruendo de la violencia empleada sobre la puerta estaba consiguiendo finalmente que diera la sensación que fuera a desencajarse de los goznes, derrumbándose hacia adentro, alzando una cortina de polvo y llevándose en la caída jirones de seda del arte decorativo y hacendoso de las arañas tejida en el travesaño superior.
                Los poros de la piel en la espalda se dilataron, consiguiendo que transpirara un sudor gélido y repulsivo al humedecer su camiseta, haciendo que se adhiriese a la zona lumbar como si fuera una piel muerta en plena fase de muda de la misma.
                ¡POOM!
                Finalmente una voz surgió desde la parte de fuera, donde la puerta era maltratada con tamaña vileza.
                - Sigo llamando, y tú no me abres.
                ¡Era la voz de Lorena!
                Precipitó sus pasos por el recibidor hasta situarse ante la puerta. Descorrió el enorme cerrojo que se mantenía oxidado pero cuya utilidad seguía siendo de lo más eficiente para el cierre eficaz de la entrada.
                - Jolines, Lorena y María. Os habéis pasado con los golpecitos. Espero que al menos la comida y el café sean digeribles.
                Quiso añadir otra frase, pero la puerta fue golpeada nuevamente con fuerza, dándole de lleno en pleno rostro, destrozándole el tabique nasal, precipitándole de espaldas contra el suelo mugriento.
                Su visión quedó oscurecida por la brutalidad del impacto. Agitó la cabeza, tratando de enfocar con cierta claridad hacia el hueco de la puerta abierta. Percibió un sonido característico detrás de donde estaba sentado. Eran los clavos de las tablas de la tarima que estaban siendo arrancados. Las mismas tablas eran apartadas, estrellándose contra las paredes. Cuando volvió la vista, aquello invisible que estaba delante de sus ojos lo empujó hacia el fondo del suelo, hincándole con precisión en la base con los propios clavos extraídos a la madera, atravesándole los miembros y la garganta, hasta inmovilizarlo dentro de aquella especie de tumba. Quiso gritar, pero tenía la tráquea aplastada. Sus pupilas se dilataron y los ojos se le salieron casi de las órbitas al ver el arco que describió una de las tablas de la tarima antes de empotrarse contra su propio cráneo.




                Lorena se desplazó por la cocina. Encontró la grabadora en el hueco de la parte del suelo levantado por su compañero. Se dio de cuenta que no estaba en funcionamiento, y le dio a la tecla de grabación. Abandonó la estancia y recorrió la parte del pasillo que llevaba a la sala de estar. Justo en ese momento María descendía las escaleras, llegando procedente de la planta superior donde estaban los antiguos dormitorios de quienes habían residido por última vez en aquella casa abandonada.
                - Nada. Javier tampoco está arriba – dijo disgustada.
                - No es propio de él querer gastar bromas de mal gusto. Me refiero a lo de dejar la puerta de la entrada medio abierta a nuestro regreso – aclaró Lorena.
                - Ya. Y tampoco lo es marcharse sin venir a cuento. Más si fue él quien más empeño puso en lo de pasar una noche en este sitio para intentar registrar alguna psicofonía – replicó María, enfurruñada.
                Recorrieron la parte del recibidor que llevaba hacia la puerta. María reparó en los tablones de la tarima del suelo que estaban flojos.
                - Mira. Aseguraría que esta parte del suelo no estaba tan mal cuando llegamos. Las tablas están medio sueltas. Les faltan los clavos. Ha tenido que ser el entretenimiento principal de Javier mientras hemos estado de compras, porque la grabadora que dejó en la cocina estaba sin poner en marcha.
                Se le ocurrió agacharse para mirar mejor una de las tablas. Vio que era fácil de quitar, y eso hizo. Su respiración se cortó brevemente al descubrir parte del semblante destrozado de su amigo a través del hueco.
                Lorena la miró preocupada.
                - ¿Qué sucede, María?
                - ¡Dios mío! ¡Es Javier! ¡Está…! ¡Su cuerpo está enterrado bajo las tablas del suelo!
                En ese instante comenzó a sonar un suave golpeteo de nudillos contra la puerta principal.
                - ¿Oyes eso? – preguntó Lorena a María.
                Esta se incorporó muy alterada. Miró a su amiga.
                Luego lo hizo con la puerta. Estaba cerrada pero sin correr el cerrojo enorme y herrumbroso que la mantendría en su sitio.
                Los golpeteos sobre la madera cobraron nueva insistencia.
                - ¿Qué hacéis? Sigo llamando, y nunca se me abre – les llegó una voz desde el exterior.
                Lorena y María se quedaron rígidas por el tono del mismo.
                Aquella voz era la de Javier…
                Pilladas de improviso, la puerta fue abierta de golpe.
                Una ráfaga intensa de aire fétido enredó los largos cabellos de Lorena y María. Se sintieron sujetadas por el pelo por una agresiva fuerza invisible. La puerta se cerró con estrépito y el cerrojo quedó corrido. María luchaba desesperada por desasirse de los dedos imperceptibles que tironeaban de sus cabellos. Vio que Lorena estaba siendo arrastrada por el suelo, alejándose hacia la cocina.
                - ¡Lorena!
                - ¡Ayúdame, María!
                María no pudo ayudarla. Miró hacia atrás, pero no encontró nada físico y palpable que la estuviese sujetando. Con brusquedad, se sintió alzada sobre el suelo, dirigida hacia el techo, donde pendía una vieja lámpara araña. La lámpara fue arrojada con fuerza y estrépito hacia el suelo. Aquello que la mantenía a la altura del techo, fue enredándole los cabellos contra el gancho de sujeción de la lámpara. María pataleaba. Oía de lejos los gritos doloridos de Lorena. Ella quiso hacer lo propio, pero algunos de los cristales de la lámpara fueron arrancadas de la misma e introducidas en su boca hasta ahogarla. Finalmente su cuerpo  quedó colgando por su larga melena enredada al gancho del techo, conforme su vida se apagaba con el vidrio incrustado en su garganta, consiguiendo que muriese en una lenta y larga agonía por asfixia.
                En la casa vacía y abandonada prosiguieron por unos minutos más los lamentos desgarradores de Lorena. Una vez sumida esta en el descanso eterno, el lugar permaneció el resto de la noche en completo silencio, sin que volviera a percibirse más golpes de nudillos contra la puerta principal. Pues ahora no había motivo para que percutiesen, al no haber ya nadie que pudiera responder a la llamada de los mismos.

22 comentarios:

  1. Por Diossss... Menudo relato terrorífico!!!

    A mi no se me ocurre entrar en una casa así ni loco.

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  2. Joderrr, esta vez te has salido. Esto da un miedito de padre y muy señor mio xD

    Felicidades:D

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  3. Terrorífico y cruel... me ha gustado, al igual que su papa Noel sangriento.

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  4. Me encanta como narras amigo mío, eres extraordinariamente descriptivo y eso es esencial parar realizar un buen cuento de horror, me gusta cómo te involucras en los personajes, pones una pasión que es contagiosa.

    De otra parte tu relato me ha recordado el mundo gótico de Darío argento, hablo por ejemplo de “Suspiria” (lo digo por la parte de los cristales que atraviesan a la chica).

    Me gusta como escribes, de verdad.

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  5. Querido Robert, sólo pasé a dejarte un saludo como recuerdo. Volveré. Te aprecio y te recuerdo mi querido amigo bloggero.

    Muchos besos.

    Andri

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  6. Vaya rebote cogió el colega porque no le abrían a la primera, un poco quisquilloso ¿no?

    Magnífico relato Robert, me ha encantado.

    Saludos

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  7. Guau, podria ser el comienzo de una buena peli de terror adolescente. Me ha gustado, Robert. ¡¡Un besito!!

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  8. Haces muy bien, Miguel YonacienelsigloXX, de no adentrarte en ninguna casa encantada de tamaña maldad impregnando su atmósfera. Hombre, si lo haces acompañado de un equipo de demolición y un bulldozer, eso ya es otra cosa, ja ja.
    Un saludo pesadillesco desde Escritos. :P

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  9. ¡Hola, GreyMan! Gracias por el comentario. Se está mejor en un pisito con hipoteca y todo que residir en una casa tan chunga, je je.
    Un montonazo de "thanks" por la felicitación. El ego ya me llega hasta la Luna, para envidia del astronauta Neil Armstrong. :)
    Un saludo desde el lado oscuro del terror, con la sonrisa aberrante de vampiro zangolotino que es uno. :P

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  10. Atención, llega el muy ilustre Sr. Nocivo.
    Desde la administración malsana de Escritos de Pesadilla, consideramos de grato alcance sendos calificativos dados al relato en cuestión últimamente publicado. Igualmente nos enorgullece su favoritismo hacia la ilustración poco tradicional del Santa Claus Sangriento.
    Atentamente,
    Robert, "El Maléfico, III de Nueva York y XV de Navarra".
    Ja, ja ja. :P

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  11. ¡Hola, Flamingo! Me dejas casi sin poder de reacción, amigo. Qué quieres que te diga. Pues que estoy super contento que te haya gustado el relato. Con respecto a Darío Argento, es una leyenda dentro del terror. Por desgracia, Suspiria no la he visto. Su título sí me suena por pertenecer a su filmografía.
    En cuanto al estilo gótico, bueno, digamos que soy muy perverso, y casi el noventa y nueve por ciento de mis relatos tienen malos finales. Como muchas veces he señalado en anteriores comentarios, en Escritos de Pesadilla no hay lugar a los finales felices, y eso incluye hasta al humor gráfico del mismo.
    Recibe un fuerte abrazo y la terrible sonrisa vampírica del dueño y señor de este sitio tan ponzoñoso, ja ja. :P

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  12. ¡Hola, Andri! Gustosamente recibo tu visita y la multitud de los besos, aunque eso signifique que vas a acabar erosionando la superficie de mis mejillas paliduchas, ja ja.
    Un besote y nos leemos, chica. :P

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  13. ¡Hola, Costampla! Bueno, el colega era algo que ni se sabe lo que era. Podía ser un fantasma, un espíritu, un demonio, una entidad...
    Lo que está claro, es que no deseaba la presencia de los jóvenes en aquel lugar, y se lo demostró a Lorena, María y Javier de la manera más agresiva y mortal.
    Recibe un fuerte abrazo, un montón de gracias por la visita, la lectura y el comentario.
    :P

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  14. ¡Hola, Nerea! ¡No, peli de terror juvenil, no, por favor! ¡Que si sucediera tal cosa, se iba a exigir la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta parte, como Scream, Viernes XIII, etc.!
    Ja, ja. Es broma. Ya me conformaría yo. Al menos podría así salir del curro en el hipermercado, que en esta época del año, uno termina con taquicardias gracias a la gentil clientela...
    Un abrazo y un besote, con sonrisa vampírica incluída en el lote. :P

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  15. Que bueno que eres jodío, ya tienes otro seguidor más.
    Un abrazo.

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  16. ¡Hola, José Antonio! Como corresponde, primero te doy la bienvenida más halgüeña a Escritos. Y sobre los epitetos que dedicas al autor, pues, gracias por triplicado.
    No, si cuando voy al curro, la gente me confunde ya con un tomate, de lo rojo que voy con tanto adjetivo clasificativo positivo, ja ja.
    Tu "Cofre del chirri" también está muy chulo. Lo recomiendo a mis lectores y seguidores.
    Recibe un fuerte abrazo. Tienes las puertas abiertas de par en par.
    :P

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  17. Juer, como para abrir.Vamos que llaman ahora a la peurta y me meto debajo de la cama.
    Besos
    nela

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  18. Esta vez me has dejado sin respiración. Terrorífico y lento desenlace.

    Saludos a Bogus Bogus y a Croqueta Mutante, que hace tiempo que no sé de ella. Y para tí un beso

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  19. Eso no vale, Nela. Aunque de poco te iba a servir esconderte debajo de la cama. La entidad te agarraría de los pies y te sacaría de un tirón, ja ja.
    Un saludete y el besete. :P

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  20. ¡Hola, Meg! Encantado de haber crear un ligero desasosiego en tu mente lectora, ja ja.
    En cuanto a Bogus Bogus, está de capa caída. A ver si lo repesco pronto, tanto como al resto. Y por cierto, Croqueta Andarina, no mutante, que eso es la Pechuga de Pollo, jo.
    Un saludo y un besote. :P

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  21. Hasta ahora el que más miedo me ha dado.

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  22. Pues desde Escritos, Javi, la mar de contenticos que hayas pasado un mal rato con la lectura del mismo, je je. :)

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