sábado, 30 de enero de 2010

El pueblo maldito de Fuentefin

Hoy es un fin de semana un poco especial. Tiene el honor de visitar mis dependencias insanas un joven fascinante. Es una persona magníficamente malsana, y aunque no destaque por su inteligencia, es un gran contador de leyendas locales de la zona de donde procede. Un rinconcito de la España Negra y Profunda de épocas antañas. El salón está muy acogedor, con el fuego de la chimenea bien encendida. Sobre la mesa, unas copas con moscatel. Y de tapas, higos chumbos a la plancha con dulce de retina de ojos de víbora en almíbar. Procuremos no interrumpir al invitado en plena narración, pues podría perder el hilo de la misma, y quedarse en babia.
Aunque bien pensado, debería pedirle a Dominique que le afloje un poco la presión del cepo de la guillotina sobre su pescuezo. Necesita el suficiente resuello para poder hablar con claridad y que por consiguiente, los demás podamos entender cuanto diga...





Fuentefin es un asentamiento nada ordinario. En cierta manera, su pasmosa fama no proviene estigmatizada por hazañas ancestrales, ni adquiere vigencia a raíz de su participación activa, pasiva o meramente testimonial en incidencias de gran raigambre militar, religioso o políticas. Carece de hábitos adquiridos por el folklore regional, y la transcendencia de sus monumentos históricos brilla por su más que marcada ausencia. Ni siquiera se complace de haber amamantado a un deportista de mínimo relieve nacional. Simplemente su valor patrimonial es inexistente. Es una villa alejada de las márgenes convencionales de la razón humana. Y se nutre de la sinrazón con la misma ansiedad que un recién nacido absorbe en la plenitud de la lactancia la leche materna del pezón de su madre. Citar a Fuentefin, es componer una retahíla de versos huecos de contenido y sentimiento, recitado por lo bajini con la frialdad de un miserere desencantado de la vida. Regodearse de Fuentefin, es sacar a relucir faltas y carencias de la supuesta virtud mística litúrgica de una bendita Sagrada Forma. Ampararse en la necesidad primordial de visitarlo en el estraperlo de la madrugada, enfundado en un sudario de difunto redivivo, roído por el yantar de las ratas, un puro desatino. En pocas monsergas, si por algún motivo explícito resalta Fuentefin del resto de localidades terrenales es por su patente y probada "alegoría ilusoria", mantenida en la irrealidad más manifiesta si cabe. No hay camino conocido que conduzca a la localidad en cuestión, ni atracción ninguna que le impele al sujeto más común a realizarlo a pie, pues el concepto de Fuentefin es la MUERTE en sí. Y nadie, absolutamente nadie en sus cabales, se siente atraído en arrimarse al recodo final que liga el presente venturoso con la residencia espiritual en uno de los variados surcos de la tierra yerma de la espera imperecedera.
Bueno, sí que tuvo a mal nacer un fulano interesado en conocer personalmente las complejidades del pueblo apestado evitado por las demás mentes lúcidas de la comarca. Esa persona irreflexiva no era otro que "El Agarrado".

miércoles, 27 de enero de 2010

Jugando a ser Dios

Llegó el momento más dulce de la cena. La hora del postre. El genial repostero Bogus Bogus, refugiado apátrida en mi hacienda desde que discutiera con su anterior amo, el muy blasfemo Conde Testa Dello Infernos, y fuera por consiguiente despedido de forma injusta (afortunadamente para mis intereses golosos, um), nos presenta un pastel dulce, apetitoso, delicioso, y sabroso. Es su última creación. Pero no sean tímidos. Acerquen sus platos y deje que les sirva una porción. Saboreen su textura. Mmm...
¡ÑAM! ¡ÑAM! ¡GRONFA! ¡GRONFA!
Disculpen mi grosería al anticiparme en zamparme mi porción. No me pude contener.
Mientras Bogus Bogus finaliza con el reparto del pastel, les entretendré con mi última creación literaria. Que aproveche.





Los grillos emitían su peculiar sonido refugiados entre la verde y alta hierba que conformaba el inmenso prado que rodeaba a la casa de verano del adinerado Jim Delawere, alcanzando el paralelismo con una solitaria isla perdida en medio del océano. El astro rey empezaba a adquirir ya el característico tono anaranjado al declinar la tarde, y lentamente iba descendiendo del azulado firmamento para comenzar a ocultarse detrás de las montañas erosionadas del valle de Tenpain, dotadas de cumbres medio ovaladas por el efecto devastador del tiempo y sus condiciones meteorológicas.
En la lujosa mansión de Delawere, este mantenía una acalorada discusión con su amigo íntimo desde la infancia, Frederick Sotdhler. En la parte superior de la fachada frontal de la vivienda de estilo colonial holandés, a través del cristal de un ventanal de cuerpo entero adornado exteriormente por unas enredaderas que correspondía a la biblioteca, se podía vislumbrar la alargada figura de Frederick con una copa de brandy en una mano y un puro habano entre los dedos de la otra. Estando de pie, su vista estaba clavada en la parte derecha de la habitación, donde la pared exterior de piedra impedía ver a la persona de Jim Delawere, quien en ese instante le estaba dedicando un sermón con tono enérgico y quejoso. El rostro sonrosado de Frederick esbozó una sonrisa burlona, enarcó sus espesas cejas y abrió ligeramente la ventana por un lateral para arrojar a través del hueco la colilla de su puro. Este descendió verticalmente, y en poco más de un segundo impactó con el piso de cemento que rodeaba por completo a la hacienda, chisporroteando un poco, para finalmente dejar surgir unas volutas de humo negro que implicaba ya su fin.
De nuevo, visto a través del vidrio del enorme ventanal, Frederick se bebió de un único trago todo el licor que quedaba en su copa, y con una ligera indecisión inicial, echó a andar hasta hacer desaparecer su figura por el lado derecho de la fachada. Tras unos breves instantes, resurgiría con la copa llena hasta el mismísimo borde. El dedo índice de su mano zurda apuntaba hacia la zona de la pared que ocultaba la figura de Delawere. Al estar aún la hoja del ventanal ligeramente sin encajar en su marco, se alcanzaba a poder escuchar la voz profunda y descontenta del mencionado Delawere. Frederick se agachó, ofreciendo la espalda, y cuando se volvió a erguir portaba un teléfono antiguo de disco en una mano, con la copa en la otra, haciendo peligrar el contenido de la misma, derramando gota a gota el brandy por su redondeado pie hacia el suelo. Frederick hizo florituras en su maniobra para coger el auricular con la mano izquierda y sujetar el aparato telefónico contra su regazo, dedicándole una mirada displicente a la oculta personalidad de Delawere. Se situó el auricular entre el cuello y el hombro izquierdo para poder marcar un número con el dedo índice de la mano libre. El disco giró siete veces para otros tantos números. Una vez hecho, sujetó el auricular con la mano. Pasarían unos segundos hasta que pudo iniciar la conversación deseada con la persona a la que había llamado. Su diminuta boca se expandía y se cerraba con frenesí. De tanto en tanto miraba hacia su izquierda y entonces perfilaba una sonrisa complaciente hacia su anfitrión.
Estuvo charlando por espacio de cinco minutos. Una vez finalizada la conversación volvió a colocar el auricular en su sitio, suspirando de alivio. Guiñó un ojo a Delawere, quien continuaba lejos de ser visto desde el exterior de la casa.

martes, 26 de enero de 2010

Música trance

Desde la oscuridad húmeda y maloliente de mi ilustre guarida, dedico el siguiente relato a los fenomenales compañeros de Latinmixstereo, suecos chiflados por la música de su país (cosa lógica) y admiradores de los ritmos latinos bailones. Llevan la voz cantante en el control de una emisora de música combinando ambos idiomas, lo que tiene un mérito enorme. Además de todo esto, me han brindado un detalle muy bonito dedicándome un vídeo musical acompañado de una fotografía de los encierros de Pamplona. Motivo más que suficiente para que un trozo de Göteborg forme parte de este relato en la presencia del personaje principal, aunque luego el final está en la línea de mis pesadillas nocturnas, ja ja. ¡Va por vosotros, mis queridos amigos suecos!




El sonido era repetitivo y machacón para los sentidos. Incitaba al baile. Al desenfreno. Al consumo de bebidas alcohólicas. Incitaba al uso de las drogas denominadas blandas.
Convertía a la gente congregada en la sala de fiestas en personas desinhibidas. El frenesí era sinónimo de locura colectiva. El hedor de los sudores corporales embriagaba el ambiente cerrado del local.



Lutero era sueco. Estaba presente en el Reino Unido para un período de un año de una beca Erasmus en la universidad de Birmingham. Tenía veinte años. Era todo lo contrario del típico joven nórdico atlético. Le encantaba la comida basura y la cerveza. Tenía sobrepeso, pero disponía de cierto intelecto como para haberse hecho merecedor de la ayuda económica de la beca para costearse esa parte de la singladura de sus estudios en el extranjero.

lunes, 25 de enero de 2010

El ventanuco

Bueno, acabo de visitar la cocina. Estoy muy satisfecho. El ilustre repostero Bogus Bogus está ultimando los nuevos relatos que pondré a disposición de la atenta concurrencia de Escritos de pesadilla. Mientras terminan de estar a puntito, horneándose hasta quedar realmente asquerosamente incomestibles, recupero esta benevolente historieta en honor a la vuelta de los niños al colegio. Les aseguro que es la mar de estimulante...




Dick Tracy tenía solamente doce años y regresaba del colegio con una sonrisa en los labios. En uno de los bolsillos de la mochila escolar guardaba el boletín de las notas del primer trimestre y había sacado todos A+ menos en matemáticas donde había logrado una B. Su felicidad se notaba en la forma que botaba el balón de fútbol sobre el firme de la acera conforme se acercaba a casa. Sus padres se iban a poner supercontentos. Y seguro que sus logros en los estudios iban a ser recompensados de alguna manera. Su mayor ilusión sería asistir al partido del sábado en el Madison Square Garden donde los New York Rangers se las iban a tener tiesas con los Boston Bruins de la liga nacional de hockey sobre hielo. Había tanta rivalidad entre los dos equipos que las batallas campales estaban a la orden de cada encuentro. Dick estaba seguro de que sus padres iban a permitirle ese capricho. Continuó caminando a buena marcha sin dejar de botar el balón. Dejó atrás el Burger King con su aparcamiento y afrontó la vuelta de un edificio de dos plantas que llevaba unos cuantos años clausurado. En su mejor época debió de ser una especie de casa de citas. Ahora tenía todas las ventanas tapiadas con losas de hormigón y con la puerta de acceso claveteada con tablones y con un buen candado cerrado sobre el pasador para que nadie tuviera la intención de ocupar de forma gratuita el recinto. Dick pasó por delante de la fachada y justo al doblar la siguiente esquina perdió el control del balón.

sábado, 23 de enero de 2010

Asesinos ficticios: Maurice Unstable, el Ilusionista Sangriento

Hoy toca el segundo capítulo dentro de la exitosa saga de Asesinos Ficticios emitido en los años cuarenta por la cadena norteamericana XRZ TV Incorporation Of Vagos From Zululandia. Tan sólo quedan las grabaciones originales, las cuales pude adquirir en una puja reñida por la cadena online E-Vay al coste final de cinco céntimos de euro. Una vez restauradas por mi eficaz ayuda de cámara, Dominique, nos prestamos a visionar en la pantalla dispuesta en el saloncito de invitados inesperados el recordatorio gráfico de las penosas hazañas de Maurice Unstable. Espero que pasen un rato desagradable...




Asesinos ficticios.
Grandes pero desconocidos asesinos en serie norteamericanos.



Maurice Unstable nació en una fecha indeterminada del año 1889 en la granja familiar de los Appleville, en un rincón recóndito de la bendita California. Era una hacienda muy humilde, donde el cultivo de una determinada remolacha condujo a la familia a la ruina (un jardinero les vendió una gran partida de semillas procedentes de una variante de la lejana y exótica Mesopotamia, cosa que fue un timo a todas luces, valiéndose de los escasos conocimientos históricos y culturales del patriarca). Una vez embargadas las tierras y la casa, los Appleville se vieron en la obligación de ofrecer sus servicios al terrateniente Hutchinson, a cambio de cobijo y comida. Ello implicaba tener que trabajar de sol a sol en los campos de árboles frutales, sin descansos posibles ni para la merienda y mucho menos echarse una reconfortante siesta, hábitos arraigados en la familia. El joven Maurice, a pesar de su corta edad de tan sólo diez años, fue obligado a tener que cargar a sus espaldas con los capazos donde eran depositadas las manzanas y peras. Más o menos hasta casi veinte kilos cada vez, decenas de veces al día. Ello conllevaría a la larga, que aún a pesar de su estatura luego alcanzada en la edad adulta (metro ochenta y cinco), se le desarrollara una columna encorvada dándole el aspecto de un muelle encogido a punto del brinco. El muchacho nunca recibió educación escolar (ni siquiera la más elemental), y con el paso de los años, aparte del ingrato trabajo diario, en los escasos ratos libres de los que disfrutaba, fue aficionándose a las revistas por los dibujos en ellas reflejados de magos de las grandes ilusiones realizando números espectaculares que le dejaban siempre con la boca abierta. A veces algunos de sus amigos que sabían leer, se ofrecían a hacerle saber lo que venía escrito en los artículos que acompañaban a las imágenes. Y lo hacían exageradamente, enfatizando en que muchos de los trucos eran un puro fracaso, conociéndose casos en los cuales algún que otro mago se había equivocado al partir un voluntario por la mitad, dejándole trabajo extra al dueño de la funeraria más cercana.

viernes, 22 de enero de 2010

Saltando a la comba

Hola. Hoy dedico este corto relato perturbador a mis queridos lectores, seguidores de Escritos de pesadilla y a mis amigos de la comunidad bloguera de Cincolinks. Al igual que un brindis torero, "va por ustedes". Un saludo escalofriante, y mañana nos vemos con el siguiente capítulo de Asesinos Ficticios...





Rodolfo Contreras era conocido por gastar bromas pesadas y realizar ciertas gamberradas cuando le daba finamente al morapio en la tasca del pueblo de Grandeza la Mayor. Sobre todo le encantaba fastidiar a los críos del pueblo. Si los veía jugando al fútbol, se metía en medio y apartaba el balón de una brutal patada, enviándolo al quinto pino. Así era de simpático el hombre. A sus cuarenta y nueve años, ya era difícil que cambiara su actitud y menos su carácter.
Una tarde, ya a punto de anochecer, Rodolfo salió de la tasca a trancas y barrancas, enardecido por haber ingerido unas cuantas copas de vino tinto. La iluminación en el poblado era muy limitada, y las sombras solían adueñarse con prontitud de las callejuelas y los alrededores de Grandeza la Mayor en cuanto el sol terminaba de ponerse.

miércoles, 20 de enero de 2010

Arlequín

Pase a la salita de espera, mi querido invitado. Es la hora del té. Lo acompañaremos con unas galletitas de mantequilla exquisitas. Y de paso, nos amenizará la velada un artista de origen italiano. Sabe hacer reír a la gente con sus números cómicos. Ya lo verá usted. Ah, por cierto, ya veo que se ha fijado en el cubo y la fregona. Nada, es por si parte del escenario queda salpicado por la sangre...




Sujetaba cuidadosamente la aguja de hueso de paloma entre el pulgar y el índice de su mano derecha, mientras con la izquierda asía el traje formado por cuadros y rombos, remiendos de otras prendas usadas y deterioradas. Por ello tanto el pantalón como la chaqueta eran muy coloridos, de diversos tonos. El hilo trazaba costuras irregulares. De vez en cuando se pinchaba las yemas de los dedos con la afilada punta de la aguja. Cuando eso sucedía, gritaba irritado, sumamente enfadado, maldecía y soltaba imprecaciones a la soledad que le rodeaba en el sótano húmedo y frío de la casa que fuera de sus amos, ya fallecidos y enterrados. Ellos habían sido sastres, de cierta reputación entre la clase media de la localidad. Silecio y Dalmacia fueron quienes le enseñaron la manera en que podía confeccionarse su propia ropa. Lo único humanitario y destacable que habían hecho por él, pues en lo demás había sido despreciado y maltratado como si fuera un vulgar esclavo. Mal alimentando. Con un salario insignificante.
Continuó con la creación del traje. Lo hacía con más apremio del necesario. El anterior que había lucido hasta entonces estaba descosido por varias partes, desgarrado por la pechera e impregnado de sangre. La sangre de sus amos.

martes, 19 de enero de 2010

El peso de la conciencia

Hoy estoy feliz. En mi celda de castigo habilitado en las mazmorras tengo un prisonero que se merece los mayores tormentos. Hizo una cosa mala en el pasado. Me juramenta que toda la culpa procede de un conocido suyo, que por cierto, está purgando penas en el potro. Nunca dejaré de estar agradecido a Susan. Una chica maja, bondadosa e inocente. Pero que cuando tiene que salirse con la suya, lo consigue. Lástima que ya haya cumplido con su labor. La voy a echar de menos. Y no digamos nada, mi fiel lacayo Dominique, que estaba por ella hasta los huesos...
Ahora os narro su historia.




Martin estaba sentado en el borde de la cama de su dormitorio. Tenía la cabeza gacha, sostenida entre las manos, observando sus propios muslos. Vestía ropa interior de una semana. Estaba descalzo. Cansado. Desnutrido. Bebía pocos líquidos y se alimentaba precariamente de comida enlatada, sin desayunar ni cenar. Había adelgazado ocho kilos en diez días. Sus ilusiones estaban muertas.
- Martin. Comprendo que llevas una mala racha - le dijo la muchacha.
Era una chica de no más de veinte años. Muy linda. Larga cabellera castaña, de pelo alisado sobre los hombros. Esbelta y de tez ligeramente pálida. Sus ojos eran azules celestes. Muy grandes. Le observaban desde el quicio de la puerta. De pie. Luciendo un camisón largo hasta las rodillas. Estaba igualmente descalza.
Martin se volvió hacia ella.
Dios, que hermosa se le mostraba.
Y a la vez cuan incómoda resultaba su presencia allí.
- Déjame. No tengo ganas de verte - le dijo, tajante.
- Tienes que decidirte, Martin.
"Hace mes y medio fue tu padre.


domingo, 17 de enero de 2010

El destino de los perdedores

A veces el azar puede llegar a jugarnos malas pasadas. Más cuando tentamos la suerte jugando grandes cantidades de dinero en apuestas, pensando que un golpe de fortuna va a hacernos millonarios, concediéndonos la oportunidad de vivir una vida de lujo y desenfreno. Craso error. Lo peor llega cuando encima las cantidades que apostamos son fruto de un préstamo solicitado a un miembro del crimen organizado. Si no se gana, se pierde el dinero, y lo que es más probable, la vida.
Pero pasen y vean el siguiente capítulo de mi teleserie favorita. Acomódense en las butacas de huesos, y sirvánse ustedes mismos. Ahí están las palomitas y las cervezas.
Servilletas no tengo, así que tendrán que secarse las babas con las manos, ja ja.
Aquí tengo el mando a distancia. El programa empieza
ahora.




Eran tres. Cada uno vivía en zonas distintas de la ciudad. Conseguir reagruparlos le llevaría toda la mañana y gran parte de sus esfuerzos en el empeño. Afortunadamente conocía el momento apropiado para abordar a cada individuo. Fueron meses de seguimiento en la sombra, conociendo los hábitos de cada cual.
Su debilidad física lo compensaría con el inestimable uso de una porra eléctrica.
Así los fue asaltando uno a uno, para finalmente conducirlos al punto de reunión en un lugar bastante alejado y solitario, lo suficientemente distante del núcleo urbano donde los tres residían.


viernes, 15 de enero de 2010

Sombras

Esto es terrible. Todo está a oscuras en mi horrenda mansión de pesadillas. Ya les avisé que esta tempestad podría incordiarnos con algún rayo tremendo, y quedarnos a oscuras. No, en mi casa no dispongo de pararrayos. Esperen un poco, queridos e ilustres visitantes. Voy a llamar a mi mayordomo. Se llama Dominique. Le ordenaré que encienda las teas y las velas para iluminar mínimamente las dependencias. Aquí llega Dominique. Es muy servil y obediente. Eso si, tengo que comentarle que se cambie su nombre de pila por el de Igor. Es más rentable de cara a los royalties. Ja ja ja.
Ahora acomódense en mis sillones de tapicería de piel humana y escuchen la historia que tengo que contarles acerca de mi lacayo. Esto aconteció mucho antes de que entrara a formar parte de mi plantilla de eficientes sirvientes. Y una vez que me puso al corriente de sus dotes especiales, no dudé ni un instante en contratarle.



Dominique era una persona solitaria y muy aprensiva. Tenía cincuenta años y desconfiaba de todos los semejantes que le rodeaban. No tenía ocupación laboral conocida. Vivía en una pensión de mala muerte en la parte más deprimida de la ciudad. Barriada de malos hábitos y ladrones a partes iguales. Se podía decir que mientras uno apuñalaba por la espalda a su mejor amigo, otro hacia lo propio con su padre, o su mujer o amante ocasional. Como era de suponer, residir en semejante zona marginal de la metrópoli era nacer en el anonimato de la pobreza o la delincuencia y morir del mismo modo unas cuantas décadas después, y eso quien tuviera la grata fortuna de poder sobrevivir más allá de los cuarenta.
Dominique Lapierre no gozaba de amistades, ni casi gente conocida. Sus familiares le ignoraban por recelo a su extraño comportamiento social. Su mirada penetrante y su rostro hosco causaban cierta perturbación ante cualquier interlocutor con el que tuviera que mantener la más mínima relación. Nunca frecuentaba los bares, ni las timbas clandestinas y qué decir de los burdeles baratos. Permanecía recluido la mayor parte del tiempo en su miserable cuarto. La puerta disponía de su cerradura original. Dominique le incorporó una segunda y por la parte que daba al interior fijó dos cerrojos con sendos pestillos de buen tamaño. Cuando abandonaba su hogar, estaba claro que no se fiaba del resto de los inquilinos. Y cuando se encerraba dentro, la protección de los pestillos daba a entender que sin ellos pudiera ser asaltado mientras dormía o descansaba.
En resumidas cuentas, Dominique terminaría por llamar la atención al ser tan precavido.

miércoles, 13 de enero de 2010

Asesinos ficticios: Edward Tellis Jr, el joven dependiente envenenador de clientes.

Incorporo al archivo de funestas pesadillas la biografía de un tunante poco conocido como asesino serial norteamericano. El chavalito se llamaba Edward. Como buen adolescente, su ardoroso deseo de poder demostrarle a su progenitor que era un chico con iniciativa en los negocios familiares, y no un simple zoquete que se limitara a silbarle a las muchachitas de su edad cuando pasaban por delante de la iglesia, le ocasionaría una breve vida entre sus semejantes. Aunque mejor visto, era lo deseable. Si no, al paso que iba, se nos cargaba hasta al apuntador.



Estamos refiriéndonos a Edward Tellis Junior. Nacido el 12 de junio de 1901 en un pueblo minúsculo de Dakota del Norte, justo cuando este estado apenas llevaba dos años formando parte de la Unión.
Sus padres eran el empleado de pompas fúnebres, Richard Tellis Blacksoul y la abnegada ama de casa Sarah Scream. Esta última ejercía en sus escasos ratos libre como maquilladora de los cuerpos presentes antes de su preparación estética para el velatorio y los restantes ritos religiosos finales. El hijo fue bautizado Edward, y aún a pesar de no llevar el mismo nombre de su padre, este se obstinó en adjudicarle la coletilla de Junior, asegurando que eso iba a traerles buena suerte en el negocio. De hecho, tuvieron que abandonar la ciudad de Redish por la puerta de atrás ante la ira popular por sus intentos de vender los cadáveres a unos forasteros de una caravana ambulante que buscaba unos cuerpos embalsamados de tal manera que pudieran formar parte de su caseta del terror. Al ser descubierto uno de los ataúdes antes del entierro, y hallar un cerdo muerto de triquinosis en vez del delicado cuerpecillo de una damisela de dieciocho años fallecida por la sífilis, el engaño se fue al garete.

martes, 12 de enero de 2010

Escritos de pesadilla se hace "grande".


Hola, mis queridos lectores. Gracias al blog de nuestro compañero Quiero crear un Blog, he seguido sus consejos para adquirir un dominio. Y aquí lo tengo.
A partir de ahora, el enlace a mi blog será http://www.escritosdepesadilla.com
Durante tres días, aún funcionará mi antiguo enlace de blogspot, para luego redireccionarse a mi dominio. El problema que hay es quien quiera hacerse seguidor de mi blog, dicha disponibilidad sólo se ofrece en mi nuevo enlace, pues esta opción no aparece ya en el de blogger.
En fin, un lío que espero quede subsanado pasado el plazo de los tres días.
A todos os deseo una "ingrata" e "incómoda" estancia en mi nueva mansión demoníaca, ja ja.

FREAK (un fenómeno de circo) Escena primera

Hoy publico un relato de dos capítulos. Tengo que reconocerlo. FREAK es un escrito al que como propietario de este pequeño rincón de sobresaltos traicioneros, je, je, le tengo un cariño muy especial. Lo escribí en su momento tomándolo como si pudiera ser la base de un capítulo de una serie de terror americana. Espero que degusten su lectura, y se posicionen a favor o en contra de las desventuras del cariñoso protagonista de
FREAK.




FREAK
(un fenómeno de circo)
(I)


Escena primera


La feria es de cuarta categoría. Bueno. Eso es lo que pensaba yo. Me encontraba en un estado lamentable, la ciudad estaba en fiestas y andaba vagando de aquí por allá como un transportista extranjero sin GPS. Este año los señores del ayuntamiento habían recortado gastos en el presupuesto de actividades, y se habían conformado con concederle la licencia a un empresario de un país del este de Europa. Se encargaba de aportar su circo propio, amén de unas cuantas atracciones de feria. Yo siempre había detestado el circo. Más que nada por el olor que desprendían las bestias. Nunca he sido un fervor seguidor de las piruetas simpaticonas de los animales adiestrados a golpe de látigo y zanahoria. Soy así de raro. En cambio las casetas de los fenómenos y las atracciones de espejos y de terror sí que concitaban mi atención. Me divertía atrapado entre laberintos de espejos donde se reflejaba mi perversa personalidad en varios clones sonrientes. Y atravesar montado en una vagoneta por los vericuetos aterradores del castillo fantasma del doctor Dolor era ya el no va más para mi sentido gusto del morbo.

FREAK (un fenómeno de circo) Escena segunda

Escena segunda de tan magna representación teatral. Subamos el telón y continuemos con las desventuras de nuestro entrañable protagonista. Vivamos sus peripecias en el circo más demoníaco que pueda existir en el mundo del espectáculo. Es tiempo de pasarlo mal, mis estimados lectores. Y por favor, eviten atragantarse con los cacahuetes salados. El presupuesto no nos llega para disponer de un equipo mínimamente necesario de primeros auxilios, JA JA JA.
Y ahora... silencio.







FREAK
(un fenómeno de circo)



Escena segunda

No tengo más el don de la palabra. Tan solo puedo soltar gruñidos abyectos por la falta de mi lengua. Mi rostro es una pura máscara de horror chinesca. Sin orejas. Sin nariz. Con la cabeza afeitada. Al principio me maquillaban como si fuera un payaso esquizofrénico surgido de una pesadilla de gin tonic con barbitúricos. Con el tiempo ya me fui acostumbrando a hacérmelo yo solito delante del espejo de mi camerino. Mi camerino estaba dentro mismo de mi prisión rodante. Y mi espejo era un pequeño trozo roto perteneciente a uno mayor que seguro que le habría traído no siete, sino un millón de años de mala suerte al dueño del mismo. Ojala que ese dueño fuese Basilio. Así se llama el gran maestro de ceremonias de la TROPA CELESTE. Y así se hace llamar su circo majestuoso y las atracciones que lleva a cuestas por buena parte de Europa y del continente americano. Las atracciones eran insufriblemente infantiles. ¿Para qué iban a resultar interesantes para los adultos, si la verdadera atracción era el propio circo? Un circo maquiavélico, donde los protagonistas eran seres deformes y caricaturescos saltando de trapecio en trapecio, fustigando a leones famélicos y carentes de toda cola, lanzando cuchillos afilados a la bella Marta, lo único agradable de ver en toda la "trouppe", y rematando faena, el número de los payasos poseídos por Satanás persiguiendo sin parar al Monstruo de la Cabeza Lisa con el fin de masacrarle a porrazos con auténticos bates de béisbol.

lunes, 11 de enero de 2010

El sueño de Dandy

Rebuscando en el baúl de los recuerdos, he dado con una fotografía descolorida y que data de unos cuantos años. Simplemente poneros al corriente, mis estimados lectores de Escritos de Pesadillas, que me hallo en el ático de la casa de Dandy. Esta vivienda tiene su leyenda negra, que no viene al caso. Pero echadle un vistazo a la instantánea. En ella aparece el orgullo de la familia. Un niñito de ricitos rubios y sonrisa adorable. Qué ternura de querubin. Lo malo es que con el paso de los años, estas criaturas crecen y adquieren malos hábitos. Y muy en especial el caso que nos contempla.



- No te comas las uñas. Vas a morir de todas formas - siseó la voz cavernosa cerca de la puerta del armario ropero.
Dandy estaba temblando de pies a cabeza. Quería sollozar entre hipidos de tristeza y desesperación. Era un niño de sólo siete años, y aquel extraño que había llamado al timbre de casa acababa de asesinar a su padre y a su madre con un bate de béisbol con la punta rematada por clavos de dos centímetros. Su locura fue irrefrenable, convirtiendo el vestíbulo y parte del salón en una especie de matadero, salpicando las paredes y el mobiliario con la sangre de sus queridos padres.
- Sal, cachorrito. Satanás te reclama. Eres su piñata. Y como tal, se te ha de sacudir de lo lindo hasta que revientes...- continuaba la voz, justo ya al otro lado de la puerta.
Dandy notó la humedad deslizándose por los muslos. Se había hecho pis por el miedo que le embargaba.
De repente la puerta quedó abierta del todo.

domingo, 10 de enero de 2010

La risa enfermiza

Bueno, tengo una admiradora que tiene una risa espontánea cuando le da. Es por ello que este minirelato va dedicado a Nikkita. Desde luego, no creo que logre conseguir carcajadas con el terrible argumento que en él expongo. El personaje principal del relato es un pelín controvertido cuando le da por reírse. Y el caso es que no le importa causar extrañeza en los demás cuando se troncha a mandíbula batiente. Desde luego, el empatizar con el vecindario no va con Edgar.


La risa no mitiga el dolor. Su presencia en todo tipo de comportamiento altamente inestable es síntoma de locura e irracionalidad.
Es un concepto que lo llevo claro desde hace meses.
Me presento. Soy Edgar Nails, y llevo medio mes fuera de la institución mental de Gillmore, en la cual estuve internado cinco años. Aparentemente estoy más sano. Pero me sigue perdiendo la risa.

sábado, 9 de enero de 2010

La redención de Donovan

En los tiempos actuales, quedarse sin empleo es motivo de frustración, de pérdida de autoestima, desencadenante de rupturas familiares, y más si esto sucede a ciertas edades donde cualquier lumbrera de recursos humanos considera demasiado mayor para el puesto a cualquier candidato a partir de determinada edad cercana a los cincuenta. Donovan vivirá el ingrato sabor del paro, la autodestrucción y el deseo de mandarlo todo al quinto demonio, aunque siempre quedan segundas oportunidades inesperadas que el destino depara de vez en cuando. Y cuando te toca el premio, no queda más remedio que ir a cobrarlo.




Relato dedicado a la memoria de Miguel Angel Larrainzar Eugui


1.
Donovan Sadley sabía que había malas personas en el mundo. De hecho, de no haberlas, las grandes calamidades en forma de guerras y demás actitudes violentas nunca hubieran existido en los anales de la historia. Ni las depravaciones más abyectas.
Donovan era una persona normal. Algo cabezota y renegón, defectillos que nunca le habían acarreado problemas de ningún tipo, ni en su matrimonio, sus relaciones sociales y mucho menos en el trabajo. De hecho llevaba quince años ejerciendo de jefe de mantenimiento de las oficinas Sarronds, en Búfalo, la capital del estado de Nueva York. Su trabajo era lo debidamente valorado por los administradores del edificio, y él mismo se sentía realizado en cierta manera. Era una forma de superar su anodino matrimonio. Elsa, su mujer, nunca quiso tener hijos. Siempre había utilizado el método anticonceptivo en el útero, conocido como DIU . Llegó a utilizar dos de ellos en su vida fértil. Ahora ya no lo precisaba. Ella tenía casi los cincuenta. Cinco años menos que Donovan. Con el tiempo, la rutina se había asentado en su relación, y si se mantenían juntos, era más que nada por el egoísmo del dinero. Elsa era la secretaria personal de un alto ejecutivo del First Manhattan Bank. Con ambos salarios, vivían para afrontar los gastos de la casa de doble planta, jardín trasero y piscina cubierta privada situada en una urbanización de nivel alto de la capital.
La vida de Donovan se repetía día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año.
Hasta que aconteció un cambio importante en la gerencia del edificio Sarronds.

viernes, 8 de enero de 2010

Una historia irracional

Este relato es una apuesta que tuve con un compañero del trabajo. Conocía mi afición de escritor aficionado de terror, y me convino a escribirle un relato corto en mi descanso. Evidentemente, compaginándolo con mi merecido bocadillo de chorizo. Si conseguía escribir el relato, me invitaba a un café con un bollo suizo. No se creía que entre mordisco y mordisco, iba a conseguir hilvanar una historia que consiguiera petrificarle de horror. Y vaya si gané la apuesta. No es que mi colega llegara al paroxismo del miedo más profundo vivido por los dos agentes del relato, pero poco le faltó, sobre todo cuando tuvo que pagar la cuenta en la cafetería del híper, ja ja. Se podría decir que su cara era todo un poema.

El agente Simms estaba degustando su donut glaseado con sumo deleite acompañado de su café con leche servido en el vaso de plástico de una máquina expendedora de bebidas cuando todo su contenido quedó vertido sobre sus rodillas al sobresaltarle un movimiento brusco de su compañero situado al volante del coche patrulla.
- Demonios, Red. Me has puesto perdido- se quejó enfadado.
- He visto algo.
- Cómo.
- Una silueta corriendo pegada a las fachadas de los edificios de la calle. Creo que se ha metido en el callejón sin salida.
- Pues vamos a echar un vistazo.

jueves, 7 de enero de 2010

Lucas, el tonto

Bueno, se acabaron las navidades con el paso del día de Reyes. Ha habido un montón de regalos para los niños buenos y bondadosos. Je, je. En el caso del pequeño Lucas(o grande, según se piense la edad actual del mismo), con unas cartulinas y unos cuantos lápices de colores es más dichoso que un gorila con su rácimo de plátanos. Podéis pensar que el símil es muy exagerado y grotesco, pero la verdad es que la criatura, este Lucas de mis amores, se las trae.





Todos me consideran tonto. Mis papás siempre dicen, "Este hijo nuestro, de listo no tiene un pelo". Yo no les odio. Por algo son mis papás.
Cuando iba al colegio, todos se reían de mí. Me tenían aparte como si oliera mal. Siempre cantaban: "Lucas es tonto. Tonto de Lucas. No sabe escribir ni leer. Tonto de Lucas. ¿Para qué vienes al cole, si eres tan tonto?" Siempre lo mismo.
Era verdad. Yo nunca supe escribir como Dios manda. Ni recitar en voz alta.
Pero el dibujo sí que se me daba bien.
A veces, cuando un compañero de clase me llamaba tonto, yo por dentro, pero que muy dentro de mí, le odiaba. Si este compañero tenía un cachorrito que le habían regalado sus papás por su cumpleaños, y como yo le odiaba tanto, cogía un folio en blanco y con un rotulador de punta gorda dibujaba al cachorrito. Lo dibujaba muerto bajo las ruedas de un coche.

miércoles, 6 de enero de 2010

Cansado de la vida

Bueno, este relato lo sitúo en cabecera por lo cansado que me he quedado en estas fechas navideñas. Si quieren saber lo que es estrés laboral, no hay nada como trabajar cara al público en un centro comercial. Un cliente que te pregunta por el pasillo de los garbanzos. Otro que ha visto a un tío raro en el parking subterráneo. Una damisela que se extraña que le tienes que embolsar al vacío su colonia de Cacharel, porque se vende también dentro del híper. Dos jovenzuelos que salen con dos MP4 sin enseñar el ticket de compra. En fin. Que decididamente, el título de este escrito hace honor a mi estado físico y mental. Que lo disfruten mientras me zampo una porción de roscón de Reyes para reponerme. Si gustan.


Estaba cansado de la vida.
Su mente le daba vueltas a lo innecesario de tanta rutina. Sus manos callosas estaban curtidas de tantos años de ejercer siempre lo mismo.
- Venga, Phil. ¿A qué esperas? - le llegó la voz de Dumond desde lo alto.
Oteó el oscuro horizonte. Hilachos de nubes tenues ocultaban el haz lechoso de la luna en cuarto creciente. El viento agitaba las hojas de las ramas de los olmos.
A medio metro de él se perfilaba la silueta encogida y tensa de su compañero.
Apartó su mirada y se concentró en la tierra apisonada. Sujetó con fuerza el mango de la pala.
- ¡Date prisa! Cava, por Dios. El guarda puede dar la ronda en cualquier momento - le urgió Dumond.
Dio unas cuantas paladas, echando la tierra sobre su espalda, profundizando en la tumba.
Profanadores de tumbas.
Esa era su profesión.
Aún en pleno año 2009.

martes, 5 de enero de 2010

Agua contaminada

En estos inicios de año nuevo, tengo pensado intercalar entre mis relatos de nuevo cuño, alguno de los que tengo semiolvidados ya en el fondo de Escritos de pesadilla. En este caso, se trata de un mini relato de ciencia ficción que da que pensar sobre los efectos de la radiación. Como dice el refrán, de este agua no beberé, será mejor llevarlo a cabo en el caso de estas charcas de agua estancada, y no me vale la excusa de los que se pierden en los desiertos y se mueren de sed.




Era un simple charco oscuro arraigado en el asfalto del parking. Su diámetro sería de metro y medio. Agua estancada producto de infinitas gotas de lluvia caídas en los últimos días. Pasaban las horas y el charco continuaba existiendo. El cielo gris quedaba reflejado en su superficie pulida y brillante, reflejando las nubes tormentosas. De noche, la palidez de la luna reflejaba su silueta en el espejo acuoso. De día algún que otro mosquito se acercaba a su superficie. Alargaba su trompa y se ponía a beber. Y a su vez el charco bebía del mosquito. Y el insecto desaparecía para siempre. Volvía a pasar la tarde y al anochecer una nueva tromba de agua se encargaba de amamantar el contenido del charco, haciéndolo aumentar en tamaño hasta el alcance de los dos metros de diámetro. Al día siguiente un pajarillo curioso se acercó para paliar su sed. Brincando sobre sus dos patitas frágiles, se arrimó al borde de la charca y se dispuso a beber de la misma. La intención con respecto al pajarillo por parte del charco fue recíproca y del pajarillo no se supo más.

domingo, 3 de enero de 2010

Mensajero de la muerte

Hoy les invito a subirse en uno de los vagones de mi tren del horror. En este caso, nuestra ruta nos encamina por distintas paradas. En cada una de ellas, ha de bajarse nuestro protagonista anónimo para llevar a cabo su misión. Es retorcida. Enloquecedora. Ingrata. Pero ha de cumplir con lo que le ha marcado y deparado el destino. Él nunca pidió atesorar un don tan especial como el que dispone. Ni creo que ninguno de ustedes, mis queridos lectores, ambicionen semejante posibilidad de poder tenerlo. Al menos eso espero...





I


Era un día desapacible, lluvioso y bastante frío. Mes de enero del nuevo año en curso.
Tim Blueberry estaba al lado del semáforo de peatones, esperando a que el del lado contrario de la calle se pusiera verde para así poder cruzar el paso de cebra. Había escaso tráfico a eso de las siete de la mañana, aunque al ser un barrio de los suburbios de la urbe no era de las zonas más transitadas a lo largo del día. Tim tenía desplegado el paraguas. Era un modelo plegable de bolsillo, de los que suelen regalarse en los supermercados de vez en cuando con la publicidad de la marca en la lona impermeabilizante de la misma. Faltaban quince segundos escasos para el cambio de luz, cuando un extraño se situó a su lado. Era bastante alto, delgado y vestía un largo impermeable azul marino que le llegaba hasta las pantorrillas. Sobre la cabeza un sombrero a juego para la lluvia. Sus facciones eran chupadas. Extrañamente, llevaba puestas unas gafas de sol estilo a las que utilizara en vida John Lennon, de lentes pequeñas y circulares.
La luz se puso verde.
Era hora de cruzar la calle.

viernes, 1 de enero de 2010

Un vampiro contemporáneo

Acabamos de estrenar el año nuevo. Demosle la bienvenida al 2010. Dadas las fechas, he decidido publicar este relato de vampiros que discurre en pleno mes de enero. Lo escribí justo el 5 de enero del año 2009. Con el riego sanguíneo de mi cerebro adulterado por los efectos nocivos del cava, se me ocurrió la gracia de pergeñar un relato vampírico, donde se manifestase mi álter ego. Como verán, un setenta por ciento está basado en el lamentable estado mental en que me encontraba frente al ordenador. El resto es pura ficción. Por dios. Que soy muy tímido y jamás tramaría ninguna acción innoble contra la vecinita guapa del piso superior. Vecinita, que por supuesto, tan solo existe en mi imaginación, porque el que vive encima es más feo que un primate en vías de extinción.


Es de noche. Me encuentro con la mente embotada. Estamos a cinco de enero. Mientras la mayoría de la ciudadanía está en el centro de la ciudad asistiendo con los hijos al desfile de la cabalgata de reyes, yo estoy aquí sentado frente a la pantalla plana de mi ordenador, con una botella de cava al lado de mi silla giratoria. Ya me he bebido tres cuartas partes de su contenido. Estoy razonablemente ebrio. Y me enorgullezco de ello. Estoy solo. Nadie me acompaña en mi encierro virtual. El piso está frío y abandonado. No tengo la calefacción encendida. ¿Para qué la necesito, si mi organismo está igual de frío que la cámara del congelador del frigorífico? Continuó mirando a la pantalla del monitor. Estoy navegando por Internet. Buscando alguna amistad cercana en un portal de contactos en la cual estoy debidamente registrado como lord Fortuna. Da igual que sea de Pamplona. Mi alias tiene que ser anglosajón en homenaje a Bram Stoker, el autor de Drácula. Aunque bien visto, de haberme conocido hubiera tenido que cambiar el nombre del título de la novela.

El vampiro de Astreza

El presente es también un relato de vampiros. Es muy breve, y el primero que escribí acerca de esta temática. Le tengo un cariño muy especial y por eso he decidido rescatarlo del fondo de mi blog, je je. Ya estaba cogiendo telarañas. Espero que a los lectores que aún no lo habían leído, les guste. Eso si, al final del relato, les pido un minuto de silencio para el infortunado Davide Casanni.





Estaba anocheciendo. Davide Casanni estaba observando el declinar del sol en la lejanía de la línea marcada por el horizonte apostado de pie al lado del hueco de la ventana de la torre de la mansión de la familia Tadesco Fratinni. Le quedaba una única solución. La de arrojarse al vacío. La puerta de la habitación estaba cerrada bajo llave y muy pronto iban a acudir en su búsqueda los integrantes del clan familiar. Estaban dispuestos a clavarle una estaca en el corazón, a meterle dientes de ajos en la boca y a cortarle la cabeza con una hoz.