domingo, 28 de marzo de 2010

El manjar de los Dioses (o la digestión de una nave espacial orgánica)


- Soy Dominique. Estoy cerca de la ciénaga pútrida, esperando que Harry logre escaquearse de parte de sus malditos quehaceres diarios en el castillo donde reside nuestro insoportable amo. Ya son las once de la noche. El cielo está nublado y el escenario está completamente a oscuras. Traía unas velas de sebo de dromedario herniado, pero me olvidé el mechero en la biblioteca cuando estaba quitándole el polvo a los Libros Malditos.
Oigo pasos chapoteantes. Debe de ser...
- ¡Buuuuuuh! ¡Vengo a zamparte! ¡Tiembla, humano debilucho!
- Harry. Tu actuación es lamentable. No consigues asustar ni a un político corrupto, tan de boga estos días, por cierto.
- La verdad, contigo me entretengo menos que con una muñeca hinchable. ¿Para qué me has citado en este lugar tan apartado y pestilente?
- Verás. La última vez que incorporé un relato de ciencia ficción, el señor Robert casi me rebana el cuello. "Este es el rincón del terror infinito", me matizó. Para que no se entere, en esta ocasión leeré otro relato de ese género literario aquí, con tu presencia como oyente atento y cortés.
- No me lo puedo creer. Me haces dejar de limpiar los excrementos de las hienas, para pasar un frío del demonio en plena oscuridad y olfatenado los gases nocivos de la laguna. ¿Sabes lo que te digo?
- No.
- Que te escuche tu tía. Yo me vuelvo al castillo.





Una imagen recortadamente oscura y ampulosa...
Una luz pasajera.
Un estrépito, advenimiento de una posible calamidad igualmente estrepitosa.
Y después


después se restregó las comisuras de los ojos.
Mel Freeman jadeó convulsivamente, hinchándose como un sapo en periodo de celo, aspirando y soltando frenéticas bocanadas de aire. Su pecho saliente y corcovado subía y bajaba como una plancha de acero de una caldera vibrante cercana a estallar en su catártica explosión final. Volvió a frotarse con fuerza los ojos.
Afuera llovía con intensidad y la cortinilla de continuas gotas del tamaño de monedas de cinco centavos corría de izquierda a derecha en oblicuo sobre la luneta agrietada del parabrisas. El mecanismo del limpiaparabrisas continuaba conectado con las escobillas de goma negra puliendo la superficie del vidrio. La música del cantautor Joe Cocker fluía en oleadas de gran intensidad desde el radiocasete. También tenía encendida la luz interna del coche de quince vatios. Fue lo primero que hizo. Lo segundo permanecía en punto muerto. Lo tercero aún estaba por verse.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La desaparición de Robert Smith

Bueno, el siguiente relato va dedicado a tres compis que han premiado nuevamente este diminuto rincón de pesadillas inenarrables (sobre todo cuando a Harry le falla el megáfono). Son:

Anrafera, autor del blog "Diseño Gráfico con Photoshop".
Thundergirl, autora del blog "X-pressions".
Nikkita (y su gato), autora del blog "Holocausto en Español".

A los tres, mi gran agradecimiento. Ya no me quedan pañuelos de papel de tanto llorar a moco tendido, embargado por la lógica emoción.
- Exagerado.
Dominique, piérdete, ¿quieres?



Robert Smith es un nombre ordinario. Los hay a miles en el país. Enchufas la radio, y en cualquier emisora hay un Robert Smith, o bien de comentarista de partidos de voleibol, o bien en forma de oyente insoportable narrando su lucha contra la pérdida de peso en una anatomía gordinflona de ciento cincuenta kilos. Enciendes la tele, y si ves un partido de la NBA, verás a un Robert Smith machacando una canasta en doble giro y con los ojos cerrados, o si cambias de canal, allí tendrás a Robert Smith pronosticando la nevada del milenio en Buffallo, estado de New York, y si decides darle de nuevo al mando a distancia, en el canal 125 está la comedia de situación de un actor llamado Robert Smith intentando desplumar un pavo en la noche de navidad sin conseguirlo, claro está. Y están los Robert Smith en la situación de vecino de la tercera planta, del Robert Smith carnicero en el supermercado nada más cruzar al otro lado de la calle, el Robert Smith taxista que te llevará de vuelta al trabajo y el Robert Smith vagabundo que extiende su sucia palma de la mano para pedirte un dólar para la cerveza del desayuno. En fin, que lo dicho, Robert Smith a tutiplén... Pero seguro que no hay ninguno que se supiese por Youtube que quedara succionado por el conducto de ventilación y permaneciera atrapado ahí dentro de por vida. ¿A que no?

lunes, 22 de marzo de 2010

Miedo verdadero

Después de tanta ceremonia de entrega de premios, corresponde reeditar un relato de terror. Estoy con la voz descarriada, muy cascada, de trasegar tanta sidra en la cena celebrada con los premiados, así que la presentación se la dejo en esta ocasión al cocinero Bogus Bogus.
- ¡Es un cacho honor para mí, jefe!
Bueno, se breve y conciso, que se nos duermen los lectores.
- Este relato es súper incómodo de leer, sobre todo si no lo hace uno tumbado en la cama.
Bogus Bogus...
- Si... Que no se os ocurra echarle una ojeada en plena masticación de un bocado de un bocadillo de chorizo de Pamplona, que puede que se os atragante y luego haya que ir a urgencias a por un lavado de estómago.
Jesús, menudo prólogo para un cuento de terror.
- Por lo demás, es aconsejable haber hecho testamento antes de centrarse en su lectura. Más de uno se nos morirá de un tremendo patatús.
Vale.
- ¿A que lo he hecho bien?
Lo tuyo es la cocina, y no fomentar el gusto por la literatura entre mis invitados.
- Bueno. Ahora le preparo la cena. ¿Hace una cacatúa rellena con carne picada de Ñú?





Connor no era un niño, sino un adulto de edad mediana. Tenía cuarenta y dos años. Hasta aquella noche en el dormitorio de su piso solitario de soltero empedernido, nunca recordaba haber tenido el más ligero retazo de recuerdo de algún tipo de trauma infantil. Sus padres siempre se comportaron bien en su infancia, y en la escuela había sido uno de los críos más populares. A la hora de dormir nunca había tenido pesadillas de consideración, y sus miedos infantiles se remitían a las imágenes contempladas con anterioridad de alguna película de terror, relato o vídeo visto a escondidas cuando estaba algún rato a solas en su antigua casa familiar. Superado ese período de su fase de aprendizaje de la vida mundana, lo que menos podía esperarse es que algo fuera a intimidarle en la fecha actual. Un hombre talludito, maduro, que se reía de casi todo lo terrorífico que le pudieran echar por Internet y la televisión por cable, estaba ahora marcadamente aterrado, paralizado entre las sábanas de su cama. El cuarto estaba perfectamente a oscuras, con las tablillas de la persiana encajadas sin permitir que se filtrara hacia el interior de la habitación ningún atisbo de luz procedente del exterior nocturno, tanto del alumbrado público como del transcurrir del tráfico o el halo pálido y débil de la luna en fase creciente.
Hacía mucho frío. Temblaba de pies a cabeza. Estaba en pleno mes de julio, y en el exterior la temperatura era de casi treinta grados. Eso era incomprensible, de no ser por lo que había debajo del somier...

sábado, 20 de marzo de 2010

Nuevos premios recibidos por parte de X-pressions

Bueno, nuevamente acabamos de recibir un lote de premios geniales obsequiados por la compañera superchachi Thundergirl.
- ¡Nos los merecemos, señor!

Dirás que finalmente me los he ganado a pulso yo solito, Dominique.
- ¡No hay derecho! Su codicia es intolerable.
Cálmate un poquillo, Harry.
- ¡Cómo no los repartas entre todos nosotros, te vamos a dar de lo lindo!
¡Bogus Bogus! ¡Harry! ¡Dominique! ¡Esas cuerdas! ¡Y las tenazas al rojo vivo que estáis portando!
- ¡Y la mordaza! JA JA JA.
¡Os estáis amotinando! Esto no puede consentirse.
~~~~~~~~~~
- ¡Horror, chicos, el amo nos ataca con su visión de rayos térmicos!
- ¡Ay, cómo quema!
- ¡Y cómo duele!

Hum... Bueno. Ya los tengo controlados por el momento. A partir de mañana verán reducido su salario a diez euros mensuales.

Ahora toca mencionar los cuatro premios otorgados por X-pressions:







Cada premio tiene su propia condición a la hora de recibirlo.

Premio Espada: Menciona a tu heroína favorita: Sin duda para mi gusto, Selene (Kate Beckinsale) en la saga Underworld.

Premio Blog Irresistible: Nombra tres cosas a las que nunca te resistirías: En mi caso, a la repostería, ir de excursión con una mochila en plena naturaleza y recibir el beso de una chica, je je.

Premio Fortuna: Di algo que tenga un valor incalculable: Sin duda la amistad.

Premio Sweet Blogger: ¿Qué cosas te encantan en un blog?: Un atractivo diseño, con buenos temas y que sea activo en los posts.

Cumplidos los requisitos para recogerlos, ahora toca por mi parte premiar a los compañeros/as.

Son:
Los chistes del Viernes
El cuarto Oscuro
Nuevo Brevemente
freesiete
Blog Gil de Luna
Latinmixstereo
TjGeek


A todos ellos, que los disfruten con gusto y ningún sobresalto, ja ja.

jueves, 18 de marzo de 2010

La grabación

Sigo tumbado en mi diván. Dándole mil vueltas a lo futil que me resulta residir en este lóbrego castillo con la mera compañía de mi servidumbre. Tengo pocas ansias de hablar. Preciso de un psicoanálisis, pero por desgracia, el doctor Herr Pretengarmer bebió más de la cuenta la noche pasada y se nos cayó al foso de las hienas.
En fin, yo mismo conectaré la grabadora para musitar mis desdichas por lo bajinni...





"dormido
me encuentro dormido entre las sábanas revueltas de mi lecho. De vez en cuando mis labios secos y cuarteados se entreabren ligeramente, dejando salir la sutileza de un fugaz ronquido. Entonces, por alguna clase de instinto perceptivo, desconcertante y de índole desconocida, me despierto. Parpadeo varias veces, restregándome las molestas y pegajosas legañas adheridas a las pestañas. Hecho esto, yergo la espalda, desviando mi atención hacia un lado. Logro vislumbrar entre sombras pegadizas el espejo de cuerpo entero adosado al armario ropero de roble inglés.
observo
a la vez observo la disposición de las tibias manecillas fosforescentes del despertador.
De forma increíble, aún hallándose toda la estancia a oscuras, mis ojos logran ver al instante con absoluta claridad todo su interior, como si una capacidad mejorada de visión nocturna adaptara mi vista a sus contornos. Evidentemente, no dispongo de ninguna clase de equipo militar. Veo persianas bajadas, haciendo encajar las tablillas de bambú, impidiendo así que las luces emergentes de las farolas de la calle del edificio en donde resido pudieran filtrarse por grieta alguna.
Lámparas apagadas.
Candelabros de bronce con sus velas invidentes.
Del mobiliario consigo apreciar los trazos florales acentuados en el papel de las paredes, la escayola del techo falso, el harakiri de un noble japonés en la pintura decorada del biombo...
Lo percibo todo por la bondad de mi sexto sentido,
Mi BENDITO sexto sentido...



martes, 16 de marzo de 2010

No más sangre derramada

¡Ay, Dominique, mi aberrante mayordomo!
- ¿Qué le sucede al señor?
Estoy con la depre. No se si llegaré a mañana.
- Quiera la suerte que así sea.
Pasaré por alto tu comentario. Me recostaré sobre el sofá de piel de mamut a ver si se me pasa esta época de pensamientos negativos.
- Si no escribe tanto últimamente, será por algo.
Más o menos.
- Le aseguro que así se lo agradecerán los lectores. Porque ya casi no nos quedaban aspirinas.
Dominique, haz el favor de cerrar la puerta bajo llave cuando salgas. No respondo de mi segunda personalidad.
- Como usted mande...
Paz, necesito paz. Y cierto optimismo. Este mundo no me agrada nada...





(microrrelato)


- Dicen que dentro de esta cueva ha habido más de un suicidio - advirtió Greta.
Él lo tenía decidido.
- ¡No se te ocurra! - imploró Greta desesperada.
Se adentró en solitario hasta dar con una gruta sombría y estrecha. Había cierta humedad y la temperatura gélida se le calaba hasta los huesos.
Greta gritaba desde lejos.
Ella no se atrevía a entrar.
Se sentó sobre una piedra.
Pensó en cómo había sido toda su vida. Una infancia que no fue tal. Una juventud llevada por el irracional odio que anidaba en su interior.
Los ojos.
Dos cuencas sangrantes vacías de emociones.
No deseaba hacerlo de nuevo.
No con Greta.
Su pasado dedicado a cercenar vidas.
Al tormento de sus víctimas.
El sótano de su casa...
El HORROR.


Aquella cueva sería su panteón particular.
Acercó el filo de la navaja hacia su muñeca izquierda.
Correspondía derramar más sangre.
Pero esta vez no era sangre inocente.
Ni la sangre de Greta.
Sino la suya propia.


sábado, 13 de marzo de 2010

La niña perdida del bosque

Fin de semana. Mucho ajetreo en las dos últimas semanas debido a factores externos a mi querido castillo del horror. Hasta he desatendido el pago correspondiente de los emolumentos de mis queridos siervos. Esto no puede ser. Las musas siguen algo huidizas últimamente. En fin, de momento reparo mis errores con un breve relato. Espero que al menos provoque alguna mínima turbación... Queridos lectores, os deseo la mayor de las diversiones de cara al domingo. Un fuerte saludo, acompañado de risas agudas de lunático evadido del penal de Sing Sing.



Encontré a la niña andando sola por el bosque.
Deambulaba descalza y ataviada simplemente con un camisón deshilachado color crema, sin vida y gracia. Llovía con cierta intensidad, con rachas de viento fuerte. Las hojas otoñales zigzagueaban ingrávidas de aquí para allí, sin orden ni concierto.
La pequeña andaba errática, aterida de frío, empapada por el pertinaz aguacero. La contemplaba de espaldas, alejándose lentamente de mi refugio, una simple caseta prefabricada de obra destinada para vigilar el acceso a un camino que derivaba hacia las propiedades acotadas de una parcela embargada a su propietario por fraude fiscal. Como pude, me protegí de la lluvia con un chubasquero y salí tras ella, a su encuentro.
- ¡Niña! ¿Estás perdida? – le pregunté en voz alta conforme me aproximaba.
La niña continuaba ofreciéndome la espalda. Cada vez arreciaban gotas lluviosas con mayor fuerza. El viento ululaba al enredarse a su paso por las ramas desnudas de los árboles más cercanos.
Entonces me habló en un hilo de voz suave y casi inexistente:
- No estoy perdida. Ni estoy sola. Tengo a mis amigos. Me acompañan a todas partes. Y me protegen de los extraños.
La muchachita se volvió. Pude ver su rostro infantil, todo pétreo y carente de emociones. Y flanqueándola, ¡Dios, cómo no me di cuenta hasta entonces!, dos siluetas profundas en negritud como la misma noche, con leves retazos similares a facciones fantasmales en lo que parecían corresponder con sus rostros enjutos y malditos.
Por un breve momento dejaron de ofrecer protección a la niña, su compañera de juegos, rodeándome hasta sumirme en el olvido de su propia oscuridad infinita.

jueves, 11 de marzo de 2010

¡Qué alegria! Hemos matado a un hombre lobo.

Estoy superatareado. Y últimamente con pocas ganas de diezmar la población mundial del planeta a base de sustos literarios lo más monumentales posibles... Miro una de las vigas de la techumbre del ala oeste de mi castillo. Me imagino una soga, y de ella pendiendo mis musas...
- ¡Señor! ¡Señor!
¿Qué ocurre, Dominique?
- Tenemos una visita de las orondas.
Perdonen el elemental lenguaje de mi mayordomo...
¿De quién se trata en esta ocasión?
- De Bustarrazo, el licántropo súper gordo.
Y dále con tu ordinariez.
- Es que pesa doscientos kilos el tiparraco. A Bogus Bogus le han entrado las fiebres de malta al enterarse la cantidad de chuletones de gato que va a tener que asar a la parrilla para contentar su apetito desmesurado.
Bueno, siempre queda la solución de guiarle por el corredor con la trampilla secreta que da al foso de los tiburones.
- ¿Entonces echamos mano de Harry para eliminar visita tan pesada?
Eso mismo. Y después de que lo haya conseguido, le daré media hora de asueto. Seguro que me lo agradece.
- Yo opino que Harry mandará la generosidad supina de mi amo al vertedero de basura más cercano.
No te he pedido tu opinión, pazguato.
En fin, mejor dar a conocer un relato en honor a la memoria de Bustarrazo... Lástima, con lo bien que aúlla.






Ethaniel y Zachary estaban aterrados. A pesar de ser dos hombres de pelo en pecho, y de ser leñadores, con fácil manejo de la motosierra de cadena, aquella desagradable sorpresa les hizo de pasar el peor trago de sus vidas cuarentonas.
- Es terrible, Et - le dijo Zachary a su compañero, contemplando los dientes de la motosierra impregnados de sangre.
- Y que lo digas. ¡Quién iba a decir que por esta zona pudieran existir hombres lobos!
- Así es. Pero le hemos echado lo que había que echar, y ha acabado recibiendo su merecido. Ahora vayamos a avisar al ayudante del sheriff. Nosotros ya hemos hecho bastante. Que él se haga cargo del resto.
- Como tú digas, amigo.
Los dos montaron en su ranchera, abandonando el bosque de Ferrick, en dirección a la localidad de Tree Junction.

sábado, 6 de marzo de 2010

No es el momento

- ¡Por orden del señor jerifalte del castillo más infame de Transilvania, se procede hoy mismo a la publicación de un nuevo relato de horror y miedo más espantoso que pueda uno leer en una librería de quinta fila!
Dominique...
- ¿Sí, mi amo?
Lo tuyo no es la finura.
- Bueno, la realidad es que dejé la escuela en segundo de EGB.
Claro, a tan tierna edad, ni te aguantaban los profesores.
- Más o menos. Cuando desapareció la segunda maestra y el director, dedujeron que yo tuve algo que ver.
Hum... Interesante. Ya se qué hacer cuando me visite nuevamente el inspector de hacienda...




Todo lo que sabía es que el diminutivo de su nombre era Ted. Era un tipo de unos cuarenta años. Con avanzada calvicie y entrado en carnes. Llevaba una de esas tiendas franquicia de venta de artículos baratos y de baja calidad, la mayoría procedentes de Asia. La tienda estaba abierta de lunes a sábado. El tal Ted atendía al público en turno partido, ayudado por un chico de unos veinte años al que le pagaría un sueldo de risa. Normalmente, el empleado abandonaba la tienda a las siete y media de la tarde, mientras su jefe se quedaba una media hora más haciendo caja. Para las ocho abandonaba el sitio día tras día. Menos en una ocasión al mes. Solía suceder en la última semana del mismo. Un jueves o un viernes. Ted permanecía hasta casi la una de la mañana. Llegada tal hora, cerraba la puerta y se marchaba a su casa. Un hecho del todo inusual.
Algo se cocía ahí dentro cuando el dueño permanecía tanto rato. En su momento, barajó la posibilidad de que estuviera haciendo el inventario mensual. Esto quedó descartado cuando una tarde vio al ayudante en un bar que este frecuentaba. Le invitó a unas cervezas, y como tal cosa, se lo sonsacó. El muchacho le dijo sin malicia que los inventarios eran semanales, en cada sábado, por eso cerraban en dicho día una hora y media antes. Satisfecho por haber conseguido la información que le faltaba, llevó adelante sus planes.

jueves, 4 de marzo de 2010

Teaser

¿Está todo ya preparado, Dominique?
- Sí, mi amo. La cámara es del año catapúm, pero grabará las penurias del invitado.
Estupendo.
Vamos a ver, señor Anthony Vacquio. Es la tercera vez que intenta irse sin pagar. Las otras dos veces se lo perdonamos, porque tenemos cierta tendencia masoquista, pero en este caso...
- ¡Pagaré lo que haga falta! Pero por favor. Sáquenme de esta jaula tan diminuta. No puedo permanecer en cuclillas eternamente. Ya me duele el espinazo.
Eso es solamente el comienzo, señor Vacquio. Lo peor está por llegar.
Ja ja ja JA JA JA
¡Dominique!
- ¿Si, Maldad Infinita?
Es hora de traer el tarro de las pulgas. Me parece que nuestro invitado está ansioso por tener un ataque de picores...




Los gritos se expanden por los pasillos. Los ecos son ensordecedores.
Edward está fuera de si. No sabe qué hacer.
La situación está descontrolada.
Se mesa los cabellos y suelta una patada contra una pequeña mesilla que vuelca y desparrama unas cuantas hojas de papel en blanco sobre cuatro o cinco baldosas, las más cercanas a sus pies.
Mira las hojas. De repente la blancura va desapareciendo. Surgen rostros desconocidos. Dibujados al carboncillo. Semblantes asustados. Suplicantes. Endoloridos.
Se agacha y recoge los papeles. Los arruga y los arroja más a lo lejos.
- No. Basta de atormentarme de esta manera - solicita al borde del llanto.
Los chillidos siguen haciéndole de enloquecer.
Surgen de todas partes.
Su cabeza está a punto de estallar.

martes, 2 de marzo de 2010

Obediencia mortal

¡Vaya, vaya¡ A quién tenemos hoy de visita sorpresa.
- Te odio. Eres de lo peor jamás nacido en vientre materno. Ni siquiera en las profundidades más ardientes tienes cabida.
Me halagas. Por cierto, tus cuernos lucen que dan gusto. Se ve que los acabas de afilar en un sacapuntas gigante.
- Lo dicho. Siempre tienes que salir con alguna gracieta de las tuyas.
Pero díme a qué se debe el honor de tu visita, Lucifer, amigo mío de la infancia.
- No me lo recuerdes. Cuando jugábamos en el colegio a policías y ladrones, te tendría que haber volado los sesos con un bazooka. Vengo porque según me ha informado uno de mis demonios menores, a un huésped tuyo le ha llegado la hora de freírse en el fuego eterno del infierno.
Hum... Mala nueva me das. Al menos tendrás el detalle de dejarle que pague la cuenta por el período de estancia en mi castillo.
- Siempre y cuando prometas dejar de darme el coñazo en el próximo milenio...




Mortimer estaba exultante por el excesivo consumo de bebida. Llevaba ventiladas unas diez jarras de media pinta. Su panza estaba repleta y a la vez su vejiga. Precisaba ir a los servicios de caballeros del Pub.
- Ahora vuelvo, chaval - le dijo al barman, bajándose con dificultad del taburete situado frente a la barra.
- Yo creo que ya ha bebido usted demasiado. Además, es hora de cerrar - se quejó el chico con cara de sueño.
- Nada, nada. Que para algo soy el hermano del dueño, o sea de tu jefe. Si quieres seguir trabajando aquí, ni se te ocurra disgustarme - soltó Mortimer con un eructo.
No le estaba amenazando. Era una broma. Aunque qué narices, si quisiera, podría conseguir que lo despidieran. Se estaba en plena crisis mundial, con mucha gente desempleada. Cada vacante de empleo se cotizaba a precio de oro.
Encaminó sus torpes pasos de beodo hacia los baños. El Pub estaba vacío desde hacía media hora. Ya era bastante tarde y él era el único cliente disponible antes del cierre. Tenía pensado aliviarse un poco, trasegar un par de jarras más e irse a dormir la mona a su casa.