viernes, 30 de abril de 2010

El hermano

Días melancólicos, relatos de tal guisa...



La bruma densa y húmeda se arremolinaba entre las lápidas verticales, cubriendo las que estaban entre la alta hierba descuidada del cementerio del pueblo.
En una de estas el sonido repetitivo sesgado de las paladas sacando tierra de una tumba en concreto y acumulándola en las cercanías llevaba produciéndose en la última media hora. Su esfuerzo era ímprobo pero necesario. Cuando dio con la tapa del ataúd, se detuvo, aliviado. Pasó la manga sucia de la camisa por la frente, enjugándose el sudor que perlaba la misma. Su respiración era acelerada por la impaciencia. Dejó la pala y buscó con la linterna el mazo y el punzón depositados cerca de la cruz de mármol negro de la tumba. Estuvo muy impreciso en la separación de la tapa, tardando cinco minutos en abrir el ataúd. Cuando lo hizo, arrojó las herramientas y rebuscó en el interior enfocando el cadáver embalsamado con el haz de la linterna. El funeral y su posterior entierro tuvieron lugar ese mismo día al mediodía, por tanto, el finado estaba bastante fresco y bien conservado mediante la eficiente labor profesional de los empleados de la funeraria.
Estuvo contemplando el rostro relajado y sereno del hombre de temprana edad. Lucía su traje de las grandes ocasiones.
Una lágrima surgió de la comisura del ojo izquierdo.
Respiró hondo y pausado. Tenía que relajarse.

jueves, 29 de abril de 2010

La balada del asesino inútil

Cuando a veces una tarea no está bien rematada, sucede algo parecido a lo que viene a continuación...



- Déme un refresco - susurré con debilidad.
- Usted no está para beber nada. Se muere, sabe. Confórmese con eso - me contestó con inmensa frialdad el hombre de la guerrera verde oscura.
Yo ya lo veía todo borroso. Sin matices que me aclararan su ubicación.
- No... No me moriré - le dije en un hilo de voz casi inaudible para mí mismo.
Noté sus pisadas al lado de mi cuerpo caído.
- ¿Cómo dice, amigo? No le entiendo nada.
"Hable más alto. Esfuércese, anda.
No podía ya ni alzar la cabeza. Todo mi cuerpo reposaba en horizontal sobre el frío suelo del desierto de Sonora. Notaba la superficie granulosa debajo de la tela desgarrada de mi camisa de seda negra. La humedad de mi propia sangre la dejaba empapada. Al menos no había charco. La arena se encargaba de absorber el líquido que emanaba de mis duras heridas infligidas por la katana japonesa.
Era noche cerrada y a aquel idiota no se le ocurrió otra cosa que querer matarme con la típica arma de samurai.
Escupí grumos de sangre sobre mi lado derecho. Se me cerraban los párpados.
- Bueno. Está claro que lo suyo es ya historia. Esta madrugada alimentará a los putos coyotes - se mofó ese asesino de pacotilla.
Se me oscureció la vista y con ello la vida que yo conocía quedó apagada para siempre.

domingo, 25 de abril de 2010

La propuesta

Iniciamos una semana nueva desde Escritos con un relato ligeramente perturbador. El protagonista es un amigo del colegio de mi sobrino Gurmesindo, quien por cierto está aquí al lado. ¡Niño! ¡Ven! Que deseo que hagas la introducción del nuevo texto pergeñado por quien estornuda y tose cuando se acatarra.
- ¡Oye, viejo! ¡Préstame tu mechero! ¡Y tabaco de liar! Que llevo una hora sin fumar, y ya tengo el mono.
Será posible, Gurmesindo. ¿Acaso en este fin de semana pasada tus padres no te han dado una suculenta asignación semanal?
- ¿Dices que cincuenta céntimos dan para mucho? ¡Qué te den! Y a tu cuento, también. Que narre el relato el loro disecado de Dominique.
¡BLAAAAAM!
Vaya portazo. Y qué modales. Sus padres lo están malcríando.
No me queda más remedio que aclararme la voz con zumo de papaya si acaso deseo dar a conocer el relato...




Anatoly nunca se lo mencionaba a sus padres. Ni a sus propios amigos. Era un hecho que le intrigaba de la manera más profunda. Ocurría entre las dos y las tres de la madrugada. No todas las noches. Ni siquiera cada semana. Por ello siempre ponía el despertador de su teléfono móvil a las dos menos diez, abandonaba la comodidad del sueño y el abrigo que le proporcionaba la manta de su cama para aproximarse a la ventana de su dormitorio y tiraba de la correa de la persiana, alzándola lo suficiente como para poder atisbar el exterior de la calle sin que fuera descubierto desde fuera. En infinidad de ocasiones no sucedía nada. La calle completamente nevada por la temporada invernal rusa mostraba un estado desolador de soledad ahí mismo como en las cercanías del lugar.
En cambio, cuando debía suceder, las pisadas dejadas por el errante nocturno conducían hasta el contenedor ubicado frente al edificio vetusto de siete plantas donde vivía Anatoly.
Aquel hombre surgía de la nada, escondido en el anonimato de sus ropajes invernales, caminando siempre dificultosamente sobre la nieve, acarreando un saco pesado sobre el hombro derecho. Se percibía el hálito de su respiración por los dieciséis grados bajo cero. Al acercarse al contenedor de la basura, depositaba el saco sobre el suelo, alzaba la tapa y recogiendo la carga de nuevo, con esfuerzo ímprobo lo lanzaba al interior, bajando la tapa y marchándose lentamente del lugar.

jueves, 22 de abril de 2010

El luto de toda una ciudad

Aquí está la sala repleta de lectores expectantes ante el próximo relato. Mientras Harry y Dominique van repartiendo las fotocopias del mismo para cada asistente, salgo al jardín trasero para acariciar los hocicos de mis adorables mascotas...
Enseguida vuelvo. No se extrañen que me haya puesto la armadura de un noble caballero medieval. Es que los animalitos son un poco impulsivos en la demostración de su cariño hacia un servidor...



Kid Number One era el súper héroe de Ciudad Brillante. El lustre del nombre de la localidad no quitaba para que aun así existiera una tasa de delincuencia lo suficientemente llamativa como para sobrepasar en ocasiones la pericia de la policía local. Era en estas situaciones cuando surgía la figura anónima de Kid Number One. Vistiendo un llamativo disfraz consistente en chaleco antibalas negro de kevlar, mallas a juego con protección en las rodillas y las espinilleras, amén de una máscara de nylon azul marino con los contornos del rostro de un niño, aunque los ojos, la nariz y los dientes que surgían tras los orificios faciales intuían la presencia de una persona completamente adulta resguardada detrás del anonimato de la figura reseñada. Kid Number One no se vanagloriaba de poseer súper poderes que inmovilizaban al más ruin de los infractores de la ley con un simple chasquido de dedos. Disponía de una estupenda preparación física, con conocimiento de ciertas artes marciales y de defensa personal, y se servía de un simple taser de impulsos eléctricos, un bote de gas pimienta y unas simples esposas para la detención del criminal de turno. Por tanto, aun conociendo la ciudadanía y las fuerzas públicas del origen sencillo y natural de su súper héroe, Ciudad Brillante estaba completamente orgullosa de estar bajo el amparo de su peculiar protección.

Premio Mordiscazo Sangriento, de Escritos, para algunos colegas guay

¡Tachin-tachán! En respuesta a la multitud de premios recibidos en los dos meses pasados, Escritos de Pesadilla quiere corresponder, empezando a premiar a webs y blogs de nivel number one a nivel mundial. En este caso, los trofeos han sido diseñados por el nene, así que son originales cien por cien.
Nos estrenamos con el Premio Mordiscazo Sangriento.

Considero que entre lectores y blogs, los TRECE compañeros/as que reseño a continuación se lo tienen bien merecido.

Una vez recibido, la única condición que debe cumplir el premiado es comentar la escena de terror, tanto en película o leído en novela, que más ha podido impactarles, hasta hacerles atragantarse con las palomitas de maíz o trasegando cerveza, ja ja.

Mi felicitación para los galardonados.



Premiados:
X-pressions
Esculture
Historias de nuestra historia
Ven y tómate un café con cafeína
La escribiente mariposa
El mirador de la Red
La portería de Nela
Sal o Pimienta
Holocausto en Español
Crítica de cine y literatura: Charles Anthony
Serendipity. Viajes y lugares del mundo.
El coleccionista de momentos
Compartiendo Virtuales

Premio Kawai para Escritos

Bueno, bueno. Una nueva mención honorífica por parte de dos compañeros megachachis. En este caso, de parte de Thundergirl y Esculture.
Ya veis que la rosquilla está diciendo cómeme cómeme.
- ¡Eh! ¡Comida dulce! ¡ÑAM! ¡GRONFA! ¡ÑAM-ÑAM!
Vaya, se la acaba de zampar Bogus Bogus en un visto y no visto. Será glotón mi cocinero.

Ante todo, agradecer a estos dos estupendos compañeros por el premio. ¡Os mereceis una estancia de una semana con todos los gastos pagados en el saloncito de torturas medievales!

domingo, 18 de abril de 2010

El silencio del pintor

Las hebras del pincel trazaban sus deseos sobre el lienzo, creando una composición artística a su gusto íntimo y personal. Su sonrisa era amplia y placentera. Se sentía feliz y emocionado cada vez que bosquejaba una nueva obra, que a su término formaría parte de su colección particular. Él era el autor, y a la vez el dueño de los cuadros. Jamás serían expuestos en público, y por tanto, jamás saldrían a la venta…


Doris estaba aterida de frío. Se sorbía los mocos con fuerza, secándose la nariz con la manga del vestido. Hacia un rato que había dejado de llorar, pero estaba a punto de reanudar el llanto. Su hermano Richard estaba preocupado por ella. Doris tenía simplemente seis años. El al menos acababa de cumplir los once, y se consideraba un chico valiente. Razón suficiente para tornarse en paladín de la niña.
- No dejes de sujetar mi mano – le indicó.
- No. No lo haré. No quiero quedarme atrás y perderme para siempre – gimoteó Doris.


miércoles, 14 de abril de 2010

La secta

Con el siguiente relato, llegamos a la tesitura de: ¿y si hubiera un mundo alternativo? ¿Si en vez de que las aves volaran, reptaran? ¿Que el hombre se alimentara por el olfato y no por la boca? ¿Que lo negro fuera blanco? ¿Y lo malo..., bueno?



- Esa es la casa.
- Bien. Llevo el táser. Inmovilizaremos al centinela de la puerta. Luego entraremos en dos grupos. Uno será el de la búsqueda, mientras el otro será el de apoyo en la retaguardia. Esperamos una fuerte resistencia por los miembros de la secta.
- Entremos sin contemplaciones.
- Tan sólo se recurrirá a la fuerza por necesidad. Lo primordial es rescatar al chico.
“ Colocaros los visores de visión nocturna.


Eran las dos de la madrugada. La casa era de dos plantas con tejado de teja de pizarra. Había un porche que lo rodeaba por la parte frontal, y un jardín descuidado en la parte trasera. Las inmediaciones de la vivienda estaban rodeadas por una cerca de madera con la pintura reseca y levantada. Al parecer aquella gente creía estar pasando desapercibida, viviendo sin levantar sospechas de ningún tipo en el vecindario.
Sin embargo, desde hace unas semanas se detectó su realidad como secta destructiva. Entre sus miembros, un menor de dieciséis años captado hace mes y medio. Sus padres denunciaron su ausencia, y tras las oportunas pesquisas, se averiguó su paradero, integrado en aquella sociedad enfermiza, que idolatraba a un dios falso.

lunes, 12 de abril de 2010

La webcam de Peter

Bueno, con mucho retraso, tengo que agradecer a las compañeras y compañeros que han tenido a bien considerar mi rinconcito como merecedor de más premios blogueriles.
Para ellos va dedicado este relato tremebundo.
- Si no se peina usted bien, ni se ducha desde las pasadas navidades, los invitados huirán en desbandada antes de querer escuchar el puñetero relato dedicado.
Este Dominique. En fin, para tu desilusión, acabo de bañarme a fondo esta misma medianoche, y me he echado dos litros de colonia cabeza abajo antes de secarme, así que vete a otra parte del castillo. Que seguro que tienes un montón de tareas indispensables que ejecutar.
- Qué borde de jefe tenemos, bof.

A continuación cito los premios y las personas que me los han otorgado.



PREMIO PRINCESA.


"Ven y tómate un café con cafeína", de la asustadiza compi, Cafeína
"Lo nuestro es puro teatro", del compañero Rodrigo.






PREMIO "VALE LA PENA".

"La escribiente mariposa", de la compañera de fatigas literaria, Andri Alba.
"Sal o Pimienta", de la amiga bloguera, Meg.
"El Mirador de la Red", del compañero Oskar.



A todos ellos mi agradecimiento. Espero que se deleiten con el relato que viene de seguido, je je.




Natalia llevaba un cuarto de hora conectada al Messenger, cuando surgió en la parte inferior de la derecha de la barra de tareas el recuadro de conexión de la cuenta de Peter.

Tardó diez segundos en desaparecer de la pantalla. Lo agradeció. Estaba harta de las impertinencias de su amigo. Sobre todo desde que ella rechazase su petición de salir juntos como novios. De eso hacía ya quince días.
Peter era un chico algo extraño. En ella le fascinaba su estilo gótico y el espíritu pesimista que emanaba de su personalidad. Lo conoció a principios del nuevo curso en el Instituto. Quedaban en los descansos para reunirse en la cafetería. Y alguna vez habían acudido juntos a algún concierto de grupos góticos locales. Jamás lo había invitado a su propia casa, e igualmente tal propuesta nunca había surgido de Peter con respecto a la suya. Aunque tuvieron una temporada que chateaban por el Messenger. Hasta que le llegó la propuesta del chico que solicitaba una relación más seria que la casual y más allá de la mera amistad. Desde el rechazo de Natalia, no habían vuelto a comunicarse por el ordenador. Últimamente Peter no se conectaba desde la ruptura de su amistad, facilitando con ello el descuido de Natalia al dejar de borrarle en su lista de contactos.

sábado, 10 de abril de 2010

Hechizado

Interesante este relato que paso a narrar con voz firme y decidida...
- ¡Goool del Barcelona!
Será posible. Este Dominique. Su pasión futbolística es uno de sus principales defectos. Si no fuera por lo barato que me resultan sus servicios, hace tiempo que hubiera cambiado de mayordomo.
- ¡Chínchate, Dominique! ¡Acaba de empatar el Real Madrid! ¡Golazo del Cristiano Ronaldo!
Harry. Otro que tal baila. Menuda pareja. A ver si dejan concentrarme en la lectura de este escrito.
- ¡Viva el cuerpo depilado de un orangután! El árbitro se ha tragado un penalti como el castillo de nuestro infame amo, y un espectador le ha lanzado un cochinillo a la cabeza, dándole de lleno.
Bogus Bogus. Su deleite por la gastronomía abarca los sitios más insospechados donde pudiera haber comida disponible con la cual llenar nuestros insaciables estómagos.
Voy a coger carrerilla para leer el cuento de un tirón, que si no va a ser imposible mientras se esté disputando el partido del año, brrr....





Era un cuerpo bello. Perfecto. ¿Sería un ángel? Su tez y la piel de las extremidades eran demasiadas pálidas para albergar vida. ¿Entonces algún tipo de presentación fantasmal?
Su silueta era perturbadora. Sensual. Con insinuantes curvas remarcadas bajo un camisón de seda gris. Estaba descalza. Sus cabellos eran largos y ensortijados, sueltos, cayendo en sendas cascadas sobre los hombros. Era joven. Entre veinte y veinticinco años.
Permanecía callada pero siempre atenta a su presencia. Era como si lo conociera de siempre.
Él la miraba hechizado. Su inquietud le aconsejaba marchar de la vera de la muchacha. Alejarse de la proyección de la sombra de la figura, plasmada sobre la tierra del camino por la tenue luz lunar que se filtraba por las ramas vacías de hojas de la arboleda.
El silencio era absoluto. No se percibía ningún sonido de animales de hábitos nocturnos, ni de objetos que interactuaran con la ligera brisa que hacía agitarse levemente los pliegues de la tela que cubría el cuerpo maravilloso de la presencia femenina.
El tiempo discurría minuto a minuto sin que él reparase en ello.
Su mirada estaba obsesionada por ella.
Entonces…

viernes, 9 de abril de 2010

El gusano

Viernes noche. Corresponde un relato de terror, de quitar el hipo a ser posible.
- Si usted quita el hipo con sólo verle su atroz presencia pesadillesca, maestro.
Harry. Estoy escuchando los quejidos del tiranosauros Rex. Da la sensación de estar hambriento.
- Jolines, si acaba de merendarse a tres "boy-scouts".
Entonces preséntale al instructor, que tiene más chicha.
- Como usted diga, jefe.
Ajá. De maravilla. La soledad gratifica la intensidad de la lectura. Empecemos por la primera línea que dice así...




Era un impulso desconocido que le asaltaba cuando menos se lo esperaba. Repentinamente su mente se ponía en blanco. Su cuerpo se paralizaba, hasta recostarse en el suelo. Seguidamente juntaba los brazos contra los costados. Otro tanto las piernas. Y con un esfuerzo ímprobo se desplazaba reptando, causando estupor en quienes le rodeaban…



- Me llamo Patricia Limms.
- Tu nombre familiar. Con el que sientes confianza entre los tuyos.
- Patty.
- Bien, Patty. Tienes treinta años. Trabajas de administrativa en una empresa de seguridad.
- Si.
- ¿Estás satisfecha con tu lugar de trabajo?
- Si.
- ¿Te llevas bien con tus superiores?
- Si.
- ¿Cómo dirías que es tu relación con el resto de tus compañeros?
- Neutro.
- No tienes mucha afinidad con ellos.
- Me limito a mi trabajo. No me pagan por hacerme amiga de los demás empleados.

jueves, 8 de abril de 2010

Justicia para Emilia

Dejo el siguiente relato para la propia reflexión de mis lectores...



Diez años pueden ser un largo intervalo en el período vital del ser humano. Tanto en un sentido u otro. Una persona encerrada puede considerarlo eterno, con una sexta o séptima parte de su vida postergada al olvido detrás de unos barrotes en la estrechez de su celda.
A la víctima, o familiares de ésta, se le puede antojar el tiempo del condenado como relativamente corto con respecto al daño por este infligido, a su vez prolongando de manera infinita el sufrimiento y el dolor del duelo.
Llegada la fecha y la hora del final de la pena, con la puesta en libertad del sujeto, surge la impotencia y la controversia. Resurge la rabia contenida. Las lágrimas. El odio hacia la justicia. Se considera que cualquiera puede cometer una tropelía, y por muy bárbara que esta resulte, jamás el castigo será proporcionado con el daño ocasionado.
En este país no hay pena capital.
Y no existe la cadena perpetua como tal debiera entenderse.
Entonces…

martes, 6 de abril de 2010

Locura urbana

Bueno. A veces no siempre el terror tiene que proceder de sitios oscuros, remotos y tenebrosos. En una ciudad cualquiera, a plena luz del día, quien padece una persecución puede verse sumergido en el mayor de los horrores. Y más viendo que nadie le presta atención, peligrando con ello su seguridad física, o inclusive... la vida.


Todo comenzó de la forma más absurda. Aston Nash estaba realizando footing por las calles de la ciudad donde residía. Era en pleno verano. La hora, las once de la mañana. La temperatura era llevadera. El día laboral, así que había mucha gente andando por las aceras y un tráfico destacado por las vías públicas. Enfundado en su camiseta de manga corta y su pantalón corto, se esforzaba por mantener su buen ritmo. Tenía treinta años y se cuidaba. Con frecuencia participaba en carreras de fondo urbanas. En ese instante estaba mediado su recorrido. Todo transcurría con normalidad. Fue abordando el centro de la ciudad, hasta detenerse en un paso de cebra con semáforo para el cruce de los peatones. Estaba en plena avenida. El tráfico fue pasando, hasta que les llegó la hora de tener que detenerse ante la luz roja. Cuando estaba seguro para cruzar por las rayas pintadas sobre el asfalto, un vehículo de segunda mano, de carrocería gris y carente del distintivo de la marca del fabricante del mismo, se pasó el semáforo, invadió el paso de peatones, estando a punto de llevárselo por delante. A los pocos metros, se tuvo que detener en la curva de la siguiente intersección. Aston, enfadado por la brusca maniobra del conductor del coche, se acercó a la parte trasera del mismo y con fuerza golpeó la luna trasera con la palma de la mano abierta, para acto seguido reanudar su marcha, cruzando la calle, antes de que se le pusiera rojo el semáforo de peatones.
Por instinto, al alcanzar la acera, giró la cabeza, queriendo observar el coche. Cuál fue su sorpresa al ver que el conductor había maniobrado con presteza, dando la vuelta en la rotonda de la intersección, deteniéndose a cinco metros escasos de donde él se encontraba. Lo vio abrir la puerta para salir. Llevaba gafas de sol.
- ¡Eh! ¡Tú! ¡Hijo de puta! ¡La llevas clara! – le gritó en tono amenazante.

domingo, 4 de abril de 2010

Minerva (la decadencia que llega)

Estamos en las vacaciones de Semana Santa, y cómo no, era evidente que no podía faltar la visita de mi sobrino Gurmesindo. Un chaval súper agradable.
- Oye, introduce la contraseña en el ordenador, que quiero navegar por páginas guarras.
Ay, que niño más majo. Tóma, sobrinete. Una galleta de chocolate y un vaso con un tercio de leche descremada. Con eso vas que chutas.
- Ojalá se te incendie el castillo. Roñica.
Si, mucho quejarse, y ya se ha zampado la merienda. Hay que ver cómo come.
- ¡ÑAM! ¡GRONFA! ¡ÑAM! ¡BUUUURRPPPP...!
En fin. ¡Dominique!
- Diga, señor.
El nene ha soltado un eructo de lo más apestoso. Trae un ambientador, por lo que más quieras.
- ¿Le parece a usted bien el de aroma a queso fermentado?
Lo que sea con tal de anular los gases de Gurmesindo.
- Vale, jefe. ¡FLU! ¡FLU! Ya está. Ahora la salita huele a otra cosa.
En efecto. La mitad de la audiencia está anestesiada. A ver cómo consigo ahora que me escuchen en la lectura del relato que viene a continuación.
- Tengo la solución. Los espabilamos echándoles aceite hirviendo encima.
Dominique, hoy estás sumamente inspirado.
- Bueno, tan tonto no soy.





Minerva, espera. No es hora aún de abandonar el refugio.
No me escucha. Es una persona muy testaruda. E imprudente.
Afuera la lluvia cae con fuerza. Llevamos dos días húmedos y fríos. Mis pulmones están debilitados por este clima tan desapacible. En mi fuero interno odio profundamente esta ciudad. No debería ser así. Los muchos días nublados anuales son el mayor de nuestros aliados.
- ¡Duarte! – me llama Minerva.
Su voz llega suave y tamizada por la distancia. También percibo el taconeo de sus zapatos sobre el empedrado de la vía.
Querida mía. Vuelve al regazo de la oscuridad más absoluta. Afuera estamos desprotegidos.
Respiro con dificultad. Mi visión adaptada a las penumbras permite observar las venas resaltadas en el revés de ambas manos. La uñas largas y puntiagudas, semicurvadas hacia adentro. La piel reseca recubriendo las falanges.
- ¡Ven! Tenemos que recorrer las calles. Dar con uno de ellos.
Minerva. A pesar de tu longevidad, cuán infantil me resultas.

viernes, 2 de abril de 2010

La caja de carne

Viernes Santo. Es hora de prestigiar ligeramente a uno de mis empleados. Para ello les dejo este novedoso relato pergeñado esta misma mañana en poco más de media hora. Que lo disfruten, y ya saben, hoy es día de vigilia, de abstinencia de carne...





Stud Olesson tenía cuarenta años. Estaba soltero. Su vida era muy solitaria. Sus padres estaban muertos. Su hermano mayor, casado y con dos hijos, vivía en la otra punta del país, y sólo se felicitaban los cumpleaños por teléfono. Su trabajo era precario. Turno de noche en una fábrica de etiquetas de marcas de conservas, haciendo rondas y cuidando del funcionamiento de las calderas. Mil miserables dólares.
Vivía en un apartamento de alquiler. Una única habitación, más baño y cocina. Por no existir, no tenía ni pasillo. Quinientos dólares que todos los meses iban a un agujero sin fondo.
Stud no era de aspecto desagradable. Es más, con buena ropa, tenía cierto estilo. Pero su nula confianza en sí mismo hacía que descuidara su apariencia. Esto sumado a su bajo sueldo, tampoco le hacía poder permitirse un armario repleto de indumentarias de cierto realce en el diseño y la confección.
En una de tantas noches, en pleno turno nocturno, sobre las tres de la mañana, empezó a sentir hambre. Normalmente traía preparada la cena, consistente en emparedados de sardinas en lata, algo de fruta y un zumo de un cuarto de litro. Pero en esta ocasión le había sabido todo a muy poco, y para la reseñada hora, las ganas de comer le estaban venciendo el ánimo. Obviamente, era una franja horaria donde incluso la comida a domicilio estaba cerrada. Aún así se animó a hojear en el periódico en la sección de anuncios. Todos los locales trabajaban como mucho hasta la una de la noche. Frustrado, iba a arrugar las hojas de la prensa, cuando un anuncio ubicado en la penúltima página llamó su atención.

“Envío de pedidos de comida a cualquier hora de la madrugada. Ideal para los vigilantes, empleados de limpieza y cualquier trabajador del turno nocturno. Nosotros pensamos en ustedes. Jamás pasarán hambre. NIGHT MEAL FOREVER!
Y siempre a precios económicos. NIGHT MEAL FOREVER!
Llámenos, y se sorprenderán de nuestra calidad. NIGHT MEAL FOREVER!”


El anuncio venía seguido de un número de teléfono móvil.