sábado, 19 de febrero de 2011

El usurpador de mentes.

Una pequeña joyita de Escritos de Pesadilla en sus comienzos anónimos, allá por el 2009. Revisado y mejorado en sus imperfecciones primigenias, ja ja.


- Fuiste tú. Eres el asesino. El responsable de su muerte - me susurró una voz en el interior de mi cabeza.
Estaba paralizado. Quieto. De pie en la antesala de la entrada a aquel callejón angosto y estrecho sin salida final. Delante de mí estaba aquella persona. Vestía un amplio gabán marrón oscuro de aspecto pulcro y limpio. Parecía casi de estreno. La prenda le cubría hasta las pantorrillas de los pantalones. Sobre su cabeza, una especie de sombrero de ala ancha. Estaba lloviendo. Jarreando con fuerza. No me fijaba en los rasgos de su rostro. No podía fijarme en nada. Estaba inmóvil en cuerpo y espíritu. En palabra y pensamiento.
Aquella entidad me habló de nuevo.
- Sujeta esto. Lo necesitas para justificar tu participación en los hechos. Has matado a una muchacha. Le has abierto la garganta para verter su sangre. Una sangre que yo necesito. Y que me llevo. Ya no me verás más. Eso espero por tu bien. Ellos te juzgarán. Te culparán de mi hazaña. No te entenderán. Aborrecerán tu actitud. Te pudrirás en la cárcel por mí. Eso en el mejor de los casos. Eres mi escudo. Otro tanto de cientos que tengo por el mundo. Gracias a la cantidad, mi existencia sigue vigente.
La figura se apartó de mi campo de visión.
Desapareció de mi vista.
La lluvia me cegaba.
Al poco pude recuperar los sentidos de nuevo y aprecié lo que me había dejado entre los dedos de la mano. Un feroz estilete de acero. De aspecto ancestral. Perteneciente a una cultura de siglos atrás.
El filo estaba sucio de sangre fresca. Al igual que parte del mango. Las gotas de la lluvia diluían su contenido sobre la manga de mi chaqueta. Desesperado, lo dejé caer sobre el suelo encharcado. Alcé el rostro protegiéndolo con la palma de la otra mano para así entrever el final del callejón. Unas piernas desnudas surgían desde detrás de un contenedor de basura. Los pies relucían del brillo de la sangre recogida en un amplio charco. Se suponía que aquella persona estaba muerta.
Asesinada vilmente.
Su futuro quedó truncado por mi instinto homicida.
Yo era un criminal sin remordimientos.
Una brutal bestia que ansiaba la muerte ajena.
Todo esto lo comprendí en escasos segundos.
Mi mente me había jugado una mala pasada.
Dándome cuenta que corría un grave riesgo permaneciendo cerca de mi víctima, eché a correr.
Me di a la fuga sin un rumbo fijo. Simplemente corría todo cuanto mis piernas me permitían.
- ¡Dios Santo! El asesino del estilete ha matado a una chica - escuché detrás de mi conforme me alejaba de aquel callejón.
Quise ganar metros, pero fue inútil.
La gente se arremolinó en mis cercanías. Se me relacionó con los hechos por la manga de mi chaqueta impregnada en sangre. Se inició una persecución por las calles adyacentes. La calzada estaba compuesta de adoquines. El suelo estaba deslizante por la humedad. Me resbalé y caí de bruces. Cuando quise incorporarme, ya era demasiado tarde. Fui agarrado y zarandeado.
- ¡Criminal! ¡Pagarás todos tus abusos con tu propia vida!
Recibí golpes y escupitajos. Alguien facilitó una soga y fui atado con los brazos sobre los costados. Luego otra soga con su final en forma de lazo con un nudo corredizo fue lanzada por su extremo alrededor del soporte de la luz de una farola de hierro. Quise evitar que me pasaran el lazo por el cuello, pero fue imposible.
Yo era responsable de mis delitos.
Por ello se pusieron a tirar de la cuerda.
Mis pies perdieron contacto con el suelo.
El nudo se apretó contra mi nuez.
Me resistí como pude, pataleando en el vacío.
La turba reía y me vilipendiaba.
Estaba claro que deseaban mi muerte.
Tanto como yo deseaba la de los demás.


Los segundos finales pasaron con una lentitud exasperante.
En el fondo de mi ser estaba plenamente convencido de ser una alimaña sin escrúpulos.
Un asesino de mujeres jóvenes.
Hasta que, estando ya a punto de morir ahorcado, contemplé entre el grupo de justicieros a la figura conocida del gabán. Mi mente dejó de estar nublada.
"¡Soy del todo inocente!", quise proclamar sin demora, pero la cuerda estaba ya demasiada ceñida y de mis labios amoratados no surgió ni siquiera la primera sílaba de la frase.
Lo tenía claro en ese instante.
Yo era en verdad un ciudadano normal y honesto.
Sin embargo iba a morir ahorcado como un vulgar perro callejero, observando como últimos detalles de mi ingrata realidad al verdadero rostro de mis pesares.
¡Así se trata a los cerdos! - gritó una voz estridente sobre las del resto del grupo.
Era la entonación del auténtico asesino.
Este me sonrió con ironía.
Sería lo último que me quedaba por ver en vida.
El sucio regodeo del causante de dos muertes esa misma tarde.
La de la muchacha y la mía propia.


14 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, que te parecería si te añadiera en mi blogroll?
    Respondeme en:
    http://lavidaesinfinito.blogspot.com/

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  2. Usted me sigue mentalmente o algo... ayer vi "Truman Capote", y tambien ahorcaban a los asesinos. Que inquietante.

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  3. Guau, gran relato, uno de los mejores que he leido por aqui. Me ha gustado muchisimo, inquietante y terrible.

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  4. Hacia unos días que no pasaba, pero sigues genial, como siempre.Un saludo

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  5. Ha estado bien el relato, no es para asustarse, pero el pobre hombre que sera ahorcado, seguro que estará asustado y asombrado de lo que va a suceder con el. Pagar un crimen no realizado.
    Un saludo muy cordial.

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  6. Estupendo!!!
    Además, ese título, "El usurpador de mentes", me parece brillante.
    Te felicito. Saludos.

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  7. ¡Que envidia! volteas tu sombrero y sacas un super relato, destilas terror por todas partes.
    Un abrazo

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  8. ¡Hola, lifesinfinity! Bienvenido a Escritos. Me parecería estupendo compartir espacio en tu blogroll, y recíprocamente. Recibe un fuerte abrazo. :)

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  9. ¡Hola, DDmx! Desde luego que los asesinos de Truman Capote se ganaron con merecimiento ese final, pues está basado en hechos reales de la época. En cuanto al protagonista del relato, sin comerlo ni beberlo, nos lo ahorcan. No hay derecho, hombre.
    Un saludete. :)

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  10. ¡Hola, Nerea! Este es uno de los relatos que más aprecio. De hecho, conseguí publicarlo antes de darle caña al blog en una web de terror. Recibió bastantes comentarios positivos.
    Un besete. :)

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  11. ¡Hola, Luna! ¡Sigues siendo una chica estupenda por pasarte por Escritos! (cómo doro la píldora, eh).
    Espero que sigas llevándote unos sustazos de agárrate y no te menees, ja ja.
    Un saludo y besote vampírico de lo más pacífico. :)

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  12. ¡Hola, Maric! Gracias por el comentario. Igualmente reflejarte la satisfacción porque te haya gustado el relato. Posiblemente, sea más un escrito de misterio e intriga, que de terror puro. Pero debes de tener los nervios de acero, brrr. A ver si con otro relato consigo que las pases canutas, ja ja.
    Recibe un fuerte abrazo. :)

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  13. ¡Qué tal Juanma! Si, el título es muy cinéfilo, ja ja. Un clásico de entre clásicos. Dentro de doscientos años, el Poe de Pamplona (pasó penurias, no ganó ni para chufas y finalmente lo atropelló un elefante fugado del circo Popof).
    En serio, es uno de los títulos que más cariño le tengo. También es de los primeros relatos, cuando aún no tenía el estilo tan depurado como ahora, aunque esto no quiere decir que ahora sea un crack del estilazo literario, je.
    Recibe un fuerte abrazo, compañero. Y que no falte me maléfica sonrisa. :)

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  14. ¡Hola, Jose Antonio! Lo dicho, en este caso he jugado con ventaja, pues es un relato de hace dos años pero ligeramente mejorado, pues siempre se encuentran fallos en los escritos, tanto de estructura como incluso con alguna errata de las gordas (¡uff!). Enorme por haber disfrutado de su lectura. Te mereces un chocolate con churros. Un abrazo, ja ja. :)

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