lunes, 14 de febrero de 2011

Vegetación viva.

Esta pequeña y humilde pieza bebe de las fuentes literarias de Lovecraft. También es un canto hacia el ecologismo, donde la naturaleza se rebela ante la nefasta influencia del ser humano en la destrucción de su propio entorno.



Todo salió mal desde el principio. Ninguno de los tres habíamos practicado el rafting más que en momentos ocasionales de ocio durante las vacaciones veraniegas y siempre bajo la supervisión de un monitor. Eso sí, estábamos correctamente equipados para el descenso por los rápidos de Sherring. Éramos jóvenes, osados, impetuosos y no reconocíamos el riesgo con relación a un peligro que fuera serio más allá de ciertas magulladuras corporales. El deporte extremo conllevaba ciertos hábitos peliagudos que se suponían podían superarse con cierta pericia y pizca de suerte eterna. Por algo se preveía que cada cual disponía de un ángel de la guarda.
Nuestra inconsciencia nos jugó una mala pasada.
Aquél descenso por un río embravecido por las recientes nevadas del pasado mes de febrero, conjuntado con diez días posteriores espléndidos de temperatura más propia de la primavera que se avecinaba, propició un escenario hermoso pero dantesco, donde a mitad de nuestro recorrido perdimos el control de nuestra embarcación y salimos despedidos de cabeza hacia el líquido espumoso del cauce del río Sherring. Así creo que se pronunciaba, pues estábamos de excursión en una zona remota de Eslovaquia, sin saber más palabra que nuestro propio idioma, el inglés. La corriente nos devoró sin piedad de ningún tipo. A pesar de la protección de nuestros cascos y nuestros chalecos salvavidas, Bob y Antoine fueron vapuleados por las rocas y las ramas recias que bajaban con el río. Yo mismo tuve infinidad de tropezones, siendo engullido por el fondo del río hasta que de modo improviso llegué arrastrado a la orilla más cercana. Estuve tendido un buen rato, sin fuerzas, jadeando, con algo de agua en los pulmones… Me dolía todo el cuerpo. Los árboles de la zona estaban apiñados, y a través de sus tupidos copos apenas se filtraban los rayos del sol. Perdí el conocimiento por intervalo de varios minutos.  Cuando me recuperé lo suficiente para primero sentarme y luego incorporarme de pie, pude apreciar que mis dos amigos estaban muertos…
Fue una imagen espantosa. Sus cadáveres no estaban en el río flotando, enganchados entre piedras y trozos de troncos flotantes. Se hallaban ensangrentados y casi desprovistos de toda ropa, colgando cabeza abajo desde sendos árboles ubicados a escasos cincuenta metros de donde yo me encontraba… La zona estaba muy sombría, pero entrecerrando los ojos se podía apreciar que los dos cuerpos estaban sujetados por los tobillos por innumerables ramas esqueléticas y retorcidas, transfiriendo una impresión blasfema de estandartes humanos decorando la entrada a una extraña fortaleza boscosa.
Entonces percibí un sonido de hojas agitándose, no mecidas por el aire, si no por un movimiento antinatural. Estaba sucediendo este hecho en cada uno de los ejemplares cercanos a mi persona. Las ramas parecían cobrar vida propia. Brazos deformes y desiguales, propios de criaturas de un mundo de pesadilla de Lovecraft. Sin saber qué hacer, me arrojé a las aguas revueltas del río y me dejé guiar curso abajo hacia donde este me quisiese llevar…


Recuperé mi conciencia cuarenta y ocho horas más tarde. Me desperté ingresado en la zona de reposo de un hospital rural de la zona. Un representante de las autoridades locales que entendía algo de inglés me comunicó la noticia que yo ya sabía de antemano. La pérdida definitiva de mis dos amigos Bob y Antoine. Oficialmente habían fallecido ahogados.
La imagen de sus cuerpos exhibidos en una postura tan denigrante, colgando de las alturas de los árboles me perseguirá toda la vida. Cuando pude abandonar el hospital, se me fue impuesta una multa por habernos internado en una zona acotada, donde no se permitía el acceso al público.
El agente me sermoneó en un inglés lamentable que era una reserva forestal protegida.
Por algún motivo,
los extraños nunca eran bienvenidos…


9 comentarios:

  1. La naturaleza revelada contra el hombre, no seria de extrañar, con lo mal que la tratamos....muy entretenido... un saludo.

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  2. Es como la película "The Ruins". Pero mas creible la verdad. Muy corto, pero muy bueno. Esta tematica vegetoterrorifica da jugo, un saludo.

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  3. Ya me gustaría que el Lozoya se portase así con todos los domingueros que se empeñan en contaminarlo.
    Un abrazo

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  4. Vegetacion que se rebela y cobra mas vida de la que tiene... eso da mucho juego, y lo has usado genial en tu relato. Y la frase... el mejor toque final posible.

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  5. ¡Hola, Ireth! Je, je, es un pequeño homenaje a los escritores de terror donde trataban ese tema, como Lovecraft y el cine donde el hombre recibe su justo castigo por su prepotencia y egoísmo. Un saludete asustadizo, je je. :)

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  6. Es un relato corto que en su día escribí con el pretexto de publicarlo en la prensa online. Los más cortos son procedentes de esa época, que no fue muy fructífera, porque sólo conseguí unos pocos céntimos como ganancia, ja ja.
    Un saludo. :)

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  7. Esta réplica corresponde al comentario de DDmx, perdona chico, pero se me olvidó personalizarlo, caramba... :)

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  8. ¡Hola, Jose Antonio! Seguimos por orden con las respuestas. En cuanto quieras, realizamos un sortilegio y convertimos a los domingueros en mermelada para tiburones, ja ja.
    Un saludete. :)

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  9. Hola, Nerea. La frase final es para dejarte de una pieza. Sobre todo si tienes en ese instante dolor de muelas, ja ja.
    Gracias por valorar bien el relato. Un besete. :)

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