sábado, 7 de mayo de 2011

Cosas de críos. (Kids things).

Cronología de los hechos:
Arboleda de robles conocida por “La Ratonera”, situada a milla y media de la población rural de Palo Largo (California – 3755 habitantes).
Los menores de edad, Jade Thomas, de 11 años, Pedro Ramírez, de 12 y Elsa Hamings, de 9, estaban disfrutando de un rato de ocio en el citado robledal. Hacia las 11:22 horas de la mañana, mientras jugaban al escondite, Jade Thomas alertó a sus compañeros de un hallazgo.
Oculto entre matorrales, encontraron una cabeza de un hombre joven en relativo buen estado aún a pesar de faltarle el resto del cuerpo.
Consternados en un principio por el significado del horrendo descubrimiento, los chiquillos, liderados por Pedro Ramírez, decidieron quedarse con la cabeza cercenada. Fueron a casa de Elsa Hamings por bolsas de plástico de basura, y con premura, para las doce y media decidieron guardar tan particular trofeo en un lugar seguro, conocido por ellos tres.
Se juramentaron por no decirle a nadie nada sobre el asunto.
Pedro había convencido a Jade y Elsa que podían presumir de ser piratas, y que esa cabeza, pasadas unas semanas, sería su calavera de la suerte.
Cosas de niños.

Cronología de los hechos:
Dentro de dos noches tocaba luna llena. Era la fecha indicada para la ofrenda.
Con cierta anticipación, desmembró el cuerpo de aquel joven de veinte pocos años, y cargándolo sobre la espalda dentro de un saco, se alejó de aquella arboleda, presto para conservar los restos dentro de la cámara frigorífica de la bajera de su casa hasta tanto llegara tan significativa fecha.
Al llegar a casa, fue cuando se dio de cuenta que había perdido la cabeza de aquel sacrificio humano. Se puso sumamente nervioso. Mordisqueó con fiereza sus propios nudillos hasta dejarlos despellejados y sangrantes. Cuando el dolor le hizo de entrar en razón, decidió retornar hasta el lugar de los hechos, donde la víctima fue abatida por la enorme fuerza de sus manos.
Al llegar a la arboleda, vio de lejos a dos niñas y un mocoso saliendo de la linde hacia la pradera, acarreando algo dentro de una bolsa de basura negra.
Cuando apreció el ligero reguero de sangre que iban dejando por la fina hierba, supo que la cabeza era el extraño bulto inmerso en el interior del plástico.
Se chupó los nudillos con fruición. Decidió seguir a los tres menores con la mayor discreción posible.

Cronología de los hechos:
El matrimonio Ramírez llegó a casa antes de anochecer. Estacionaron el coche en el garaje particular. Al instante, Lucinda Ramírez se fijó en el detalle de la ventana frontal de la cocina. Estaba destrozada, con las cortinas oscilando en un vaivén arbitrario por la corriente que discurría por el hueco del marco.
Arturo Ramírez accedió visiblemente alterado al interior por la entrada principal. Recorrieron las dependencias, encontrándose con los cuerpos de tres niños. Se hallaban diseminados por el linóleo del suelo de la cocina. Reconocieron a su propio hijo entre los restos.
Lucinda gritó aterrada. Perdió el conocimiento por la fuerte impresión.
Arturo Ramírez se arrojó de rodillas ante su Pedrito.
Entonces se fijó en el oscuro rincón cercano al horno.  Sentado sobre una silla, un extraño permanecía observándole en silencio.
Separó los labios, enfurecido por la presencia del asesino de los niños.
Se alzó, recorriendo el firme resbaladizo del suelo empapado de la fresca sangre emergida del interior de Pedrito, Elsa y Jade.
El intruso se incorporó a su vez, y con acertada precisión hincó un cuchillo de carnicero en el pecho de Arturo, matándole en el acto.
Rodeó el cadáver del hombre, acercándose hacia la figura desvanecida de la mujer. Se agachó, tiró de su cabeza por los largos cabellos y le abrió la garganta con una precisión definitivamente mortal.
Arrojó el cuchillo sin preocuparse por las huellas en él dejadas.
Recogió la bolsa de basura situada encima de la mesa y se alejó de la casa empleando amplias zancadas.

Cronología de los hechos:
La túnica de seda negra le llegaba hasta los tobillos. Sobre la cabeza llevaba subida la capucha.
Con paso resuelto, se dirigió hacia el pequeño altar dispuesto en el ático de su hogar.
Estaba satisfecho.
El cuerpo desmembrado de la ofrenda estaba esparcido en trozos sobre el mantel purpúreo.
En un sitio destacado, la cabeza recuperada.
Rodeándola, algunas partes adicionales de la familia Ramírez y de los chiquillos.
Cerró los ojos y relajó la respiración, entrando en trance, musitando una letanía pecaminosa…

10 comentarios:

  1. Te juro que nad amas leer la primer parte he pensado que era una historia real de unos niños que decidieron quedarse esa cabeza humana para jugar... luego ha venido lo del sacrificio, que aunque tambien puede ser, me ha hecho pensar en una historia inventada... ¿O no lo es? Sigo un poco con la duda...

    ResponderEliminar
  2. hola:
    cada vez me sorprendes con tus relatos, aqui estoy leyendolos aunque despues no pueda dormir.
    en mi blog de leyendas, mascotas y algo mas hay un premio para tu blog.
    recibe un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  3. Cuánta pasión por los escritos de pesadilla. El título del blog te sienta muy bien.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Perturbadoramente interesante. No encuentro unas palabras más intensas para tu relato. Creo que es algo así como indagar en la psicología obsesiva de un asesino y, a la vez, ver como unos niños, inocentes, indagan en el mundo de este, involuntariamente, jugando. Sí. perturbadoramente interesante. Un saludo! Me gusta mucho tu blog.

    ResponderEliminar
  5. Hola, Nerea. Nada, es un relato puro y duro, nacido de mi invención cerebral medio atrofiado por el excesivo consumo de agua del grifo, ja ja.

    ResponderEliminar
  6. Por desgracia, DDmx, hoy en día los críos occidentales lo tienen todo a su alcance. Pero los del tercer mundo...

    ResponderEliminar
  7. ¡Hola, Almalu! Gracias por tus incontables visitas y por los premios que das a Escritos. Recibe un montón de besotes de vampiro aristocrático venido a menos, ja ja.

    ResponderEliminar
  8. ¡Hola, Juanma! ¡Hombre, mejor me sentiría vivir del cuento en las Islas Hawai, ja ja!

    ResponderEliminar
  9. ¡Hola, Mark Fiend! Gracias por seguir la singladura de Escritos. La realidad, indagar en cada mente criminal debe de ser fascinante, pues cada uno difiere en detalles, aunque estén catalogados por sus comportamientos de caza cara a sus víctimas.
    Un saludo. :)

    ResponderEliminar