jueves, 25 de agosto de 2011

¡Bronca de Tomo y Lomo para el Jefazo! (Más o menos).

Simplemente, sin comentarios. ¡Brrr...!






Pablito Listorro en el Más Acá.

Tras la trágica muerte en extrañas circunstancias del niño Pablito Listorro, cumplimos con su sepelio en condiciones: lo enterramos en plena medianoche de luna llena en el camposanto donde se entierra a los suicidas. Más no se puede pedir. Visitar Escritos de Pesadilla a hurtadillas, y acabar bajo tres metros de tierra bien apisonada. 
Aún así, el muy ladino terminaría fugándose de su tumba. ¡Será desagradecido el niñato! Menos mal que estaba mi mayordomo Dominique para meterle en cintura.




martes, 23 de agosto de 2011

¡Dejad que los niños se acerquen a Pechuga de Pollo Mutante!

¡Pechuga de Pollo Mutante está nervioso! La Policía Científica está a punto de llegar a Escritos para averiguar la presencia de una criatura, tierna y extrovertida, como Pablito Listorro, de tan sólo nueve añitos, hallado tirado de mala manera entre los cubos de la basura.
Lógicamente, ninguno de nosotros sabemos nada sobre tan espinoso asunto.


miércoles, 17 de agosto de 2011

La risa enfermiza. (Relato gráfico). Versión revisada.

Este relato ya fue publicado en el mes de Enero de 2010. Evidentemente, no pertenece a la Primera División en cuanto a popularidad dentro de Escritos. 
Como hijo de mi horrenda imaginación, le doy una segunda oportunidad. Como siempre, he revisado algunas de las frases y lo he adecuado de tal manera que encaje dentro de las ilustraciones.
Espero que os guste este lavado de cara, je je.


jueves, 11 de agosto de 2011

"Tío Robert, lo tuyo es lamentable". Palabras textuales de mi sobrino Gurmesindo al ver mi actuación estelar como zombi.

Ejem, ejem. Aquí están las primeras secuencias donde intervengo como zombi en el cortometraje de serie "- Z", titulado: "Pánico y escarnio múltiple en el año 7577 Después de Cristo".
El presupuesto con el que nos basamos es de siete euros con cincuenta y siete céntimos.
Como se apreciará, los efectos especiales son un poco caserillos, y el argumento, cogido por los pelos.
Así que mil perdones por el cutrerío...



La frase del día: "Moderación salarial" para los afortunados que aún puedan trabajar en España.

¿Somos todos los presentes tontos? Noooo. Lo malo es que los políticos tunantes de turno de este mundo mundial nos consideran seres mansos y obedientes cual rebaño de ovejas. Hoy nada más leer la prensa nacional y de visionar el horrible teletexto, no pude menos por volcar el café y arrojar la taza contra el suelo. Llega un momento que "ya no se tolera escuchar memeces de parte de los políticos". En este caso nuestra querida España. Señores y señoras, ustedes viven de putísima madre. Lo lógico sería partirles el rostro, o como mal menor envíarles al foso de los caimanes. Que el ministro de Fomento y portavoz del "Gobiernillo" diga en una emisora nacional que "es necesario moderar los salarios". ¡Que te den! Muchísima gente ya no es mileurista ni de milagro. Con más de cinco millones de parados. Los jóvenes jodidos para encontrar algo decente. Los mayores de cuarenta todavía más puteados para encontrar trabajo si acaso pierden el suyo. ¡Y encima pretenden que se pueda llegar hasta los 67 currando! ¡Ya os vale! ¡Por ese motivo, hoy la puñetera tira cómica marcha por esos derroteros! Y por cierto, en mi caso como me moderen más el salario (que llego a los 700 euros de churro, jornada completa de 8 horas de pie atendiendo a la clientela en un híper), lo mejor va a ser entonces que se incentive el suicidio, cabrones... Así se le quitan a uno las ganas de escribir historias de terror.






lunes, 8 de agosto de 2011

La técnica del "picahielos" del Doctor Freeman. (Lobotomía transorbital).

Este post es un poco especial, dada la temática en Escritos de apenas adjuntar material ajeno al creado por el administrador del mismo.
Curioseando por youtube y el resto de la red en busca de información para el posible argumento de un relato donde asomase la terrible técnica quirúrgica de la lobotomía, encontré videos de lo más estremecedores.
Estamos mencionando una época no tan lejana de la cirujía neuronal, que abarcó en los Estados Unidos entre 1936 y comienzos de los sesenta.
A continuación, dos breves documentales, uno acerca del doctor Freeman, y otro referido a uno de sus más jóvenes pacientes.
Todo complementado con dos ilustraciones "made in Escritos".







Las chorradas que escribe uno cuando está depre.

Revisando el muro de mi perfil de facebook, he rescatado algunos comentarios sueltos de lo más deprimentes. Si alguno está con dolor de muelas, o desilusionado por la economía mundial, mejor que se salte este post.


‎"Soy un ser solitario, y solitario he de morir. Lo mejor de todo es que con mi ida, el último eslabón de mi estirpe también perecerá."


‎"Quienes presumen de elegancia de conciencia son los primeros en desear el mal al prójimo."


‎"Es agradable la ley de la selva entre supuestos seres pensantes. Todo se reduce a la mera supervivencia: antes de que tú me jodas, te jodo yo."


"¡Ja, ja! Es risible. Pensar que somos la imagen y semejanza de supuestos dioses. La falta de humildad más patética que pueda uno jactarse..."

"Somos unos seres detestables. ¿De qué presumimos? Hasta corrompemos el lugar de la tumba donde se nos entierra..."


‎"Escoge un edificio con la altura más apropiada para que la caída sea efectiva del todo..."

"Afortunadamente, nuestra existencia en el universo es una puñetera mota de polvo. Somos insignificantes. ¡Sí! Da igual quienes posean propiedades y dinero a porrillo. En menos de cien años, cada uno al hoyo. Y luego al más discreto de los olvidos. ¡No nos merecemos más!"


"Vivimos en una burbuja. Mientras no nos afecte nada, todo es una maravilla. En cuanto nos sucede una chorrada, lloramos como unas magdalenas. ¡Qué egoísta es la raza humana! No sé de qué nos enorgullecemos."

jueves, 4 de agosto de 2011

Un último beso de despedida.

Separó los labios con delicadeza, arrimando la porción de tarta hacia el interior de la boca.
Antonella no tenía hambre para ese tramo final de la cena. La ensalada inicial había sido liviana, con atún y espárragos de lo más tiernos. En cambio, la pierna de cordero con pimientos rojos y patatas panaderas había sido para su gusto demasiado pesado. Su estómago de siempre había sido de lo más irritante con la carne y las especias. Pero no le quedaba otra que sacrificarse de vez en cuando para contentar a su marido y a sus dos hijos, a los cuales les encantaba consumir por lo menos dos veces por semana carne.
El remate consistió en un pastel hecho por ella misma. Un bizcocho esponjoso, untadas las dos partes separadas por la crema pastelera con un almíbar de lo más empalagoso, finalmente recubierto por una capa sugerente de nata montada mezclada con chocolate en polvo para conferirle el aspecto de la trufa.
Un manjar acompañado de un buen tazón de café para cada uno de los comensales.
Antonella, no, que le afectaba el sueño. Aunque en esa ocasión, pensar en poder dormir sin más era una tontería de lo más fútil.
Poquito a poquito, fue degustando el resto del trozo pequeño del pastel servido por ella misma entre risitas sin sentido. Su marido se contrarió al ver que era exageradamente insignificante, y más dada la talla esbelta de su bella mujer.
Su esposo y los dos chicos repitieron con ganas, reseñando el toque del licor dulce del almíbar que impregnaba el bizcocho.
Antonella suspiró, aliviada. La porción de su postre casero estaba en el fondo de su estómago.
Un instante después, se incorporó de la mesa, observando los cuerpos sin vida de su marido y sus dos hijos, echados de mala manera hacia delante, con los brazos y el rostro desparramados sobre el mantel, con dos de las tazas de sus cafés volcados mientras sufrían los últimos estertores producidos por la tarta envenenada.
Con amor, les envió desde la cercana distancia un último beso de despedida a cada uno de sus seres amados.
- ¡Maldita! ¡Qué has hecho! – bramó una voz maligna y terrible desde sus propios labios.
- Lo que me habías ordenado. Acabar con mi familia – susurró, conforme los efectos letales del veneno ya estaban haciéndole postrarse de rodillas sobre la alfombra del suelo del  comedor, a punto de quedar tumbada en una quietud suprema.
La entidad que la había poseído en las últimas semanas hizo un esfuerzo ímprobo por pronunciar unas últimas palabras antes de que Antonella decayese por completo como persona viva:
- ¡Desgraciada! ¡Tenías que matarles a ellos! ¡Pero no dije nada acerca de que los acompañases en la eternidad de la muerte!
Nada más decir esto, la mujer falleció con una sonrisa serena reflejada en su rostro…